Una universidad cristiana: Un desafío a la educación cristiana en Escuelas, Universidades o Seminarios Teológicos


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

La pregunta que sirve de título a este escrito ha sido tema de mi “rumiar” en los últimos años. Como mis lectores conocen soy profesor de una universidad con cosmovisión cristiana, y por cuatro (4) años dirigí su escuela posgrado. Así que mis reflexiones provienen de la experiencia que con satisfacción y humildad tuve durante estos años.

No creo que estos pensamientos sean concluyentes, todavía necesito seguir reflexionando en lo que he escrito, y dada la ventaja de que este es un blog, la revisión de dicho escrito la realizaré periódicamente. Te invito a embarcarte conmigo en esta experiencia reflexiva reconociendo posiblemente en el escrito pensamientos prestados, y que no son de mi total autoría, y aunque no identifique las fuentes, representan lo que creo.

Es necesario que la educación cristiana exprese en el campo curricular, la diferencia radical que hay entre las dos (2) clases de seres humanos que comparten en este mundo, a saber, la persona en proceso de regeneración y la que no ha iniciado dicho proceso (Efesios 4: 22-24). El pecado ha tenido un efecto masivo y adverso, no solo en la naturaleza espiritual y moral de la persona, pero también en sus emociones, voluntad e intelecto. El apóstol Pablo bajo la inspiración del Espíritu Santo nos expresa en el siguiente texto el daño que el pecado ha hecho al intelecto del ser humano:

 Es cierto, ellos conocieron a Dios, pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión. Afirmaban ser sabios, pero se convirtieron en completos necios.” (Romanos 1:21, 22 NTV)

El pecado, entonces, ha oscurecido la mente humana y ha hecho a las personas insensatas, por mucho que puedan profesar ser sabios. Solo a través del milagro de la regeneración o nuevo nacimiento nuestro intelecto dañado comienza a recuperarse (Tito 3: 4-7).

DESARROLLO

Antes de definir lo que es la educación cristiana permíteme caracterizar lo que no es Educación Cristiana.

La educación cristiana no se limita al campo de la religión.

La idea de que la educación cristiana esta limitada al campo de la religión es sostenida por muchas personas, pero es una idea demasiado estrecha para esta disciplina. Tales personas parecen pensar que Dios está conectado solo con la salvación de las almas de las personas, y no tiene nada que ver con el mundo y la vida como un todo. Cuando limitamos la educación cristiana al campo de la religión, fallamos en glorificar a Dios en todas las dimensiones de la vida y el conocimiento. Es importante que tengamos una visión cristiana de la historia, las ciencias, la economía, la política y la sociedad, así como una visión cristiana de la salvación y la vida religiosa. Dios es Dios en todas partes, o no lo es en ninguna parte!

Tampoco la educación cristiana significa educación secular con algunas características religiosas agregadas externamente.

Este es un concepto erróneo muy común de la educación cristiana, incluso entre cristianos fervientes. La idea común de una universidad cristiana, por ejemplo, es que una universidad cristiana es como cualquier otra universidad en lo que respecta al estudio de las matemáticas, la química o la literatura, pero que además del plan de estudios regular, la universidad cristiana tendrá cursos de Biblia y teología, servicios diarios de la capilla, experiencias de evangelismo, una semana de avivamiento religioso, grupos de oración, organizaciones de servicios cristianos, etc.

Estas características específicamente religiosas son sin duda de valor e importancia, pero tenerlas no constituye a una institución educacional en cristiana, como tampoco el asistir a la iglesia o llevar una Biblia debajo del brazo nos hace cristianos.

Por educación cristiana no nos referimos a una educación secular con ciertas prácticas cristianas añadidas externamente; la educación cristiana significa educación que es cristiana en su esencia o carácter interno, no solo en la capilla o en los cursos de la Biblia, sino en cada aula, cada laboratorio y en cada proceso administrativo, así como en la vida y el pensamiento de cada docente o administrador.

Definición de la educación cristiana

La educación cristiana necesita ser definida tomando en consideración el concepto más amplio de la educación, ya que ésta, no solo asume los principios y fines de la educación general, sino que afirma nuevos referenciales para el ideal de transformación humana más allá de lo que secularmente este concepto propone. Procedamos primero a presentar una definición general de la educación como una actividad social y humana.

Según Lawrence Cremin podemos definir la educación como:

…los esfuerzos deliberados, sistemáticos y sostenidos para transmitir, evocar o adquirir conocimientos, actitudes, valores, destrezas o sensibilidad, tanto como cualquier otro producto de tal esfuerzo (Cremin, 1977).

A la luz de esta definición la educación es un proceso y una interacción de personas con contenidos, destrezas y actitudes en un espacio dado a través del tiempo. Esta interacción incluye tres (3) elementos básicos: (a) un contenido, (b) unas personas, (c) un contexto.

En forma resumida cuando hablamos de contenidos, nos referimos a los temas y puntos de vista, destrezas y competencias que se incluyen o se excluyen del programa educacional.

Las personas como elemento básico, incluyen las relaciones de los maestros, alumnos, administradores, familiares, personal de apoyo, participantes diversos, anfitriones, que tienen interacción en el encuentro educacional. Es importante mantener la visión de equilibrio en las relaciones de los personajes de cada evento educativo de tal forma que se fomenten patrones sanos de convivencia y participación de los alumnos en los ambientes de donde provienen.

Finalmente, el contexto se refiere al lugar o instalaciones, la situación geográfica, la población servida, la cultura, el nivel económico, el carácter del centro, los recursos disponibles, el nivel de aprendizaje o la diversidad del estudiantado y todos los factores externos e internos que propician u obstaculizan el proceso instruccional en un momento dado. Es de vital importancia que consideremos siempre los contextos en los que se ofrece el servicio educativo, la realidad social del alumno y las corrientes pedagógicas y filosóficas que informan el proceso educativo.

Ahora bien cuando definimos la educación cristiana dentro del marco amplio de la educación como una disciplina social y humana, utilizamos la definición del educador católico romano, Thomas Groome:

Son los esfuerzos deliberados, sistemáticos, continuos y sostenidos de una comunidad de fe para adquirir e incorporar los principios del Evangelio del Reino de Dios predicado por Jesucristo en nuestra vida diaria, de tal forma que la vida se transforme y enriquezca tanto en lo personal, relacional y profesional (Groome, 1980). 

El fin de la educación cristiana es transformar la totalidad de la vida del alumno. Cuando hablamos de transformar nos referimos al proceso de ir más allá de lo existente o de las formas dominantes actuales hacia una nueva realidad, tanto personal como comunitaria, basada en los principios del Reino de Dios.

¿Cuál es el principal estándar de la Educación Cristiana?

Un estándar es un patrón o modelo reconocido que sirve de aspiración, regulación o dirección al proceso educacional. La filosofía secular encuentra sus estándares en la sociedad donde se ejecuta el proceso educacional. Es por eso que el estándard habla de las necesidades, presiones y demandas de la sociedad, y cómo por medio de este el carácter y el contenido de la educación debe ser determinado.

Sin embargo, el estándar de la educación cristiana lo encontramos en la persona, vida y obra de Jesucristo, tal como es revelado en su relación trinitaria (Padre, Hijo y Espíritu Santo) en las Sagradas Escrituras. Este es el estándar reconocido por la filosofía cristiana para la formación del ser humano. Hay que afirmar que el verdadero estándar de la educación es Jesucristo, quien es la imagen del Dios Triuno, y con su ministerio revela la voluntad de Dios para la humanidad. Pero lo que lo hace significativo es que este estándar es relevante para cada disciplina de estudio. Jesucristo que es el Señor y Soberano, tiene una relación con todos los saberes y conocimientos de la vida, solo porque Él es la verdadera fuente de todo conocimiento (Colosenses 1: 15-20).

El estándar de la educación cristiana

Los hechos de la ciencia nunca deben ser tratados como si existieran por sí mismos en forma espontánea; ellos siempre deben ser considerados como hechos creados, existiendo solo por la acción y la providencia del Dios Trinitario. Las leyes de la naturaleza nunca deben considerarse con existencia propia e independiente; deben ser siempre consideradas como leyes creadas, que existen por la acción del Dios Creador, y funcionan por la providencia de Este (Hechos 17: 28). La mente humana nunca debe ser considerada con absoluta y autónoma competencia para ser la intérprete de los hechos últimos; debe reconocerse que al final es Dios quién establece el significado de los hechos y cómo estos se relacionan entre sí.

Dios, en su manifestación Trinitaria, debe ser la principal premisa de cada libro de texto. Dios debe ser la gran suposición en cada aula. Dios debe ser considerado en toda investigación en y fuera de cada laboratorio. “En el principio Dios” debe ser la consigna de toda educación verdaderamente cristiana. En los libros de texto, el aula y el laboratorio, el alumno aprenderá a reconocer los pensamientos de Dios antes que los de él. Diferente al estudiante en una institución no cristiana, aprenderá que el pensamiento humano nunca es realmente autónomo en el sentido estricto, pero siempre derivado del pensamiento previo de Dios. Ese aparente pensamiento humano “creativo” es realmente el despliegue en el intelecto humano de la gracia eterna del Dios creador. Lo que es novel para la mente humana es tan antiguo como la eternidad para la mente de Dios.

Esta función del Dios Triuno como el estándar para la educación verdaderamente cristiana establece dos (2) corolarios:

1) La educación es más que solo entrenamiento; es esencialmente una cuestión de permitir al estudiante obtener una comprensión del verdadero significado de Dios, la persona y el universo.

2) La educación verdaderamente no será un surtido variado o “mezcolanza” de diversos principios y puntos de vista, como generalmente lo es la educación secular, sino que tendrá un principio unificador, a saber, que el Dios de la Biblia es el Señor soberano y activo, y esta sobre toda realidad.

El propósito de la Educación Cristiana

El propósito medular de la educación cristiana es la glorificación de Dios y la búsqueda del verdadero bienestar de la humanidad en relación con el Dios Triuno. Por lo tanto, su propósito trasciende a la sociedad humana; es algo por encima y más allá de la raza humana. Solo cuando se hace la «gloria de Dios» el gran objetivo de la educación cristiana es que se puede alcanzar el verdadero bienestar y la felicidad de la persona y su entorno. Cuando los objetivos meramente humanos como el “bienestar social y económico” o “el crecimiento personal y la autorrealización” se independizan de la “gloria de Dios”, el beneficio y la felicidad humana son metas ilusorias.

Este propósito trascendente de “glorificar a Dios” significa que las demandas utilitarias de la sociedad para capacitación en habilidades para ganarse la vida [que son importantes] nunca se le permitirá monopolizar el carácter y contenido del plan de estudios de una universidad verdaderamente cristiana. El énfasis siempre estará en dar al estudiante una visión de la vida válida y centrada en el Dios Triuno como un todo.

Los cursos de carácter utilitario deben ser incluido adecuadamente en los currículos de las instituciones cristianas, sin embargo, una universidad o colegio de cosmovisión cristiana no permitirá que estos determinen sus currículos. En otras palabras, el énfasis principal debe estar siempre en la educación integral y no meramente en la capacitación utilitarista. El logro de una visión unificada de la vida acompañará a toda adquisición de habilidades prácticas dentro de una institución educacional cristiana.

El propósito de la educación cristiana consiste así en el mandato de “glorificar a Dios” en cada esfera de la vida; cada pensamiento debe ser llevado cautivo a Jesucristo (2 Corintios 10: 5). Tenemos que apuntar a la glorificación de Dios en la educación, como en todos los demás asuntos. Esto significa que el Dios Triuno debe ser franca y explícitamente reconocido como la principal premisa y fin de cada función educacional.

CONCLUSIONES

A manera de resumen podemos identificar ciertos aspectos vitales para una educación cristiana efectiva:

(a) Las características religiosas deben estar integradas

En una educación verdaderamente cristiana, las características religiosas estarán relacionadas con el resto del plan de estudios y la vida de la institución, no de una manera externa, sino orgánica. Es decir, no serán simplemente algo añadida, pero será la expresión culminante de todo el currículo y la vida de la institución. En la clase de historia y en el laboratorio de ciencias, el alumno aprenderá a reconocer la acción de Dios antes que la de él. Esos pensamientos de Dios que han constituido la historia y las ciencias no pueden ser invisibilizados, sino integrados.

En los cursos de Biblia y teología, los alumnos aprenderán a conocer a Dios, y por lo tanto, a conocerse con relación a Dios y a como el testimonio de las Sagradas Escrituras lo revelan. Aquí aprenderá la relevancia del Dios Triuno para su propia vida personal, así como para la humanidad y la naturaleza. En los servicios de la capilla, el estudiante adorará al mismo Dios cuyos pensamientos se le han desplegado en el aula y el laboratorio. ¡Cuán importante son las horas de capilla en una Universidad Cristiana!

(b) Las Características Religiosas deben ser ortodoxas

Los contenidos religiosos de la educación verdaderamente cristiana deben ser siempre ortodoxos. Es decir, deben estar en armonía con la verdad aceptada por la comunidad de fe sobre Dios. En muchos colegios y seminarios tradicionalmente cristianos hoy en día la enseñanza de la Biblia se ha alejado tanto de la ortodoxia que en realidad nos asusta. Pienso que en ocasiones es mejor no enseñar a los estudiantes la Biblia en absoluto, que enseñarles que la Biblia está llena de contradicciones, falsificaciones y errores, y que constituye una colección de antiguos mitos y leyendas, etc.

La genuina educación cristiana universitaria no rechaza la aportación de las ciencias bíblicas y los métodos históricos-críticos para analizar la Biblia. Ahora bien , es necesario establecer un equilibrio que fomente una exégesis que utilice tanto el análisis diacrónico como el sincrónico en el estudio formal de las Sagradas Escrituras, teniendo como criterio unificador de dicho estudio la ortodoxia cristiana formada a través de los siglos.

Esta declaración anterior implica, por supuesto, la existencia de un estándar de ortodoxia cristiana. Esto no necesariamente implica que todos los miembros de la facultad o administración deben ser parte de una tradición cristiana específica, pero implica que los estándares confesionales de la institución auspiciadora deben ser considerados como normativos en el funcionamiento (docencia y administración) de la misma. Este aspecto tiene que ser supervisado con mucha tenacidad por parte de aquellos a quien Dios le ha encargado el liderazgo de la institución educacional.

¿Debe el liderazgo, la administración y la facultad ser cristianos activos?

Este aspecto es el más crítico, y debe ser profundamente reflexionado por mis lectores. Todo lo escrito en este artículo podría ser grandemente afectado por este aspecto final. Para que la educación sea verdaderamente cristiana, estas ideas deben incorporarse en las personalidades vivientes de los líderes, profesores, administradores y estudiantes. Los docentes, especialmente, deberían ser ejemplos concretos de lo que significa la verdadera educación cristiana. Ninguna corriente se eleva más allá de su fuente, y no debe ser esperado que una institución educativa se eleve más que la vida y la lealtad manifestada por sus líderes.

Cada líder, maestro y funcionario administrativo de una universidad cristiana o colegio debe ser, no solo un cristiano profesante o un miembro de la iglesia, sino un discípulo activo, una persona para quién Cristo sea el objeto de su fe y reverencia. Ser un discípulo de Jesús compromete toda toma de decisiones, sean administrativas o docentes con la misión de Dios para la humanidad (Juan 3: 16). Meditemos.

Muchas bendiciones.

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