El retorno de los talibanes … ¿Qué podemos aprender?


Entrada de los Talibanes a Kabul, capital de Afganistán- 15 de agosto de 2021.

Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El pasado domingo 15 de agosto de 2021 despertamos con la increíble noticia que los talibanes afganos habían tomado el palacio de Kabul, provocando la huida del presidente Ashraf Ghani, y derrotado las fuerzas gubernamentales formadas y adiestradas por los Estados Unidos y la OTAN.  Aunque se anticipaba este avance talibán no se esperaba una victoria tan contundente e inmediata.  ¿Qué factores y condiciones propiciaron esta victoria épica de los talibanes?  

Afganistán es un país multilingüe y multiétnico, con dos idiomas dominantes (pastún y el dari), y con cerca de 40 idiomas secundarios y al menos 200 dialectos diferentes. Tenía en el 2019 una población aproximada de 36 millones de habitantes en un territorio de 655,000 kms. cuadrados. Está ubicado en Asia, en la región de Oriente Central, en lo que los cristianos han llamado la ventana 10/40. El 95% de las personas viven en la ventana 10/40, (y el caso de Afganistán es más dramático),  nunca han oído del evangelio del reino de Dios, como fue predicado por Jesucristo.  Lo lamentable en el caso de Afganistán es que su encuentro con occidente y los países cristianos ha sido a través de conflictos bélicos, y en la últimas dos (2) décadas por una ocupación militar.

Una breve historia de la República Islámica de Afganistán demuestra la tenacidad de este pueblo enfrentando a muchos imperios y saliendo la mayoría de las veces victorioso. Solo para mencionarlos, se enfrentaron en sus etapas tribales al Imperio Persa de Ciro el grande (siglo VI a. C), Imperio de Alejandro Magno (siglo IV a. C), Imperio Mongol (siglo XIII); como estado a partir del siglo XVIII (1747), se enfrentaron al Imperio británico en tres (3) ocasiones (1839-1842; 1878-1880, y 1919), al Imperio soviético (1978-1992), y al Imperio Norteamericano y la OTAN (2001-2021).

Las más notables victorias de la República Afgana se dan contra los tres (3) principales imperios de la modernidad; el británico, soviético y norteamericano.  El movimiento talibán surge en el 1994, a partir de la derrota de la Unión Soviética (hoy Rusia), luego de 10 años de cruenta lucha, y que, para muchos propició la debacle económica y disolución de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), en 1992.

DESARROLLO

  • Nuestra conciencia de los “talibanes”

El mundo comenzó a conocer mejor a los “talibanes”, luego de los ataques a las Torres Gemelas del Word Trade Center en Nueva York y dañar la sede del Pentágono en Washington con miles de personas asesinadas, el 11 de septiembre del 2001. La investigación de la inteligencia norteamericana determinó que el atentado terrorista fue planificado y ejecutado por la organización Al Qaeda, y su líder máximo Osama Bin Laden.  Esta investigación ubicó a Bin Laden y su grupo terrorista en territorio afgano, y avalados por el gobierno talibán.  El Presidente George W. Bush con el aval del pueblo norteamericano, inicio una ofensiva llamada “Operación Libertad Duradera” contra la organización terrorista, que llevó al ejército norteamericano y la OTAN a invadir el territorio afgano.

Presidente George Bush anunciando al mundo la Operación LIbertad Duradera en Afganistán

Esto trajo la intervención militar de occidente, que en tres (3) meses logran conquistar el país y derrocar el gobierno talibán. Sin embargo, luego de ser expulsados del gobierno el 7 de octubre de 2001, ahora resurgen con mayor vitalidad, y al parecer sin vínculos con Al Qaeda.  Esta realidad nos obliga a hacernos algunas preguntas estratégicas, que nos ayuden a entender este revivir de la fuerza del talibán, que creíamos estaba extinta.

Es importante conocer que es el “Movimiento Islámico Talibán”, mejor conocido como los “talibanes” y cuál ha sido su trayectoria que los ha llevado a gobernar nuevamente a Afganistán.  Según el diccionario de la Real Academia Española (2001), “talibán” es un adjetivo perteneciente a o relacionado con cierta milicia integrista musulmana [1].  De hecho, uno de los movimientos más difamados y “bulliados” en la historia por occidente han sido los “talibanes”. Cuando queremos ofender a algún sector o persona de creencias fundamentales, le llamamos “talibán”.  Cuando queremos hablar de una persona maltratante de las mujeres lo llamamos “talibán”. Ignorantemente, yo también he caído en ese pecado, y hoy reconozco mi error.

Los primeros documentos que acreditan la presencia de combatientes que se hacen llamar “talibanes” datan de los primeros años de la década de los ‘90.  Su líder principal fue el Mullah  Mohammad Omar, que dirigido por un sueño (muy común en el mundo islámico) inicia una campaña para limpiar a Afganistán de la corrupción y la depravación de los “lores” de la Guerra. Aunque el Mullah Omar no era un líder esencialmente carismático, era muy respetado por su piedad por los líderes máximos del movimiento.  Se le asignó el título de ‘Emir de los fieles’, por lo que los talibanes renombraron al país ‘Emirato Islámico de Afganistán. Lamentablemente, al Mullah Omar se le vinculó con las grupos terroristas de Al Qaeda y Bin Laden.

Para esos años, Afganistán era un estado con una economía fallida y deteriorado por años de guerra contra la Unión Soviética (1978-1992) y conflictos internos en los que varios “lores” de la guerra [2] se enriquecían a costa de enfrentamientos tribales y étnicos.

La Unión Soviética había tratado desde 1980 de establecer un gobierno socialista que respondiera a las doctrinas lanzadas desde Moscú. Por esto, la URSS invadió militarmente el país con la certeza de poder establecer rápidamente su influencia debido a que para entonces Afganistán era una nación eminentemente rural y extremadamente pobre. Pero fracasaron, “dando coces contra el aguijón”.

Es en este contexto en el que antiguos soldados “muyahidines” [3] que lucharon contra la invasión soviética establecen las bases de lo que posteriormente serían los talibanes. Este nombre se traduce del “pastún”, uno de los idiomas dominantes de Afganistán, como “estudiante del Corán”, y que siguen una doctrina islamista modernista combinada con una profunda ortodoxia en la que se condena la “anarquía” reinante en el país durante esos años, el “libertinaje” y la “influencia occidental”.

Los Talibanes pertenecen a la facción Sunita o Sunníes de la fe islámica, que es la más ortodoxa, y mayoritaria en contraposición con otras facciones. El nombre sunitas o sunníes procede del hecho de que, además del Corán, son devotos de la Sunna, colección de dichos y hechos atribuidos al profeta Mahoma.

muyahidines afganos

Esta doctrina es básicamente seguida por las tribus de los pastunes, que es mayoritaria en Afganistán, y tiene su presencia en el sur y centro del país. Sin embargo, otras minorías étnicas de Afganistán, especialmente del norte, se muestran mucho más reacias al ascenso al poder de los “talibanes”. Con el apoyo de Arabia Saudita y Pakistán, su poder fue creciendo exponencialmente entre 1994 al 1996, y comenzaron a enfrentarse a los “lores” de la guerra dominantes en diferentes regiones. Su primer gran éxito se dio en 1994 precisamente con la toma de la ciudad de Kandahar, al sur del país. Esta ciudad tiene un importante valor histórico desde entonces para los “talibanes”.

Luego de años de intensas luchas, los talibanes entraron en Kabul en el 1996, y expulsaron a las tropas del “lord” de la guerra Ahmed Shah Massoud, uno de sus principales enemigos, instaurando el Emirato Islámico de Afganistán a las órdenes del Mullah Mohammed Omar. Durante esos años tan solo la Alianza del Norte, una coalición de mercenarios y “lores” de guerra, que se hicieron fuertes en las montañas más septentrionales del país, consiguieron ofrecer cierta resistencia al Gobierno talibán del Mullah Omar.  Los “talibanes” lograron, en gran medida establecer el orden, y una relativa unidad en el país.

Pero la atención internacional se centró en ellos cuando se acusó al Gobierno talibán de acoger a los terroristas de Al Qaeda y a Osama Bin Laden, y servirle de base de operaciones para sus actos terroristas. El régimen “taliban” fue aislado casi en su totalidad del mundo exterior – solo Pakistán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos les dieron su reconocimiento.

Las relaciones con Occidente empeoraron tras el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, donde Estados Unidos lanzó un ultimátum a los talibanes para que entregaran a Osama Bin Laden y a miembros de Al Qaeda, algo que no pasó y derivó en una invasión internacional el 7 de octubre de 2001 bajo la “Operación Libertad Duradera”, con los resultados que ya conocemos.

  • Afganistán luego de la derrota de los talibanes en el 2001 

En apenas tres (3) meses todo el gobierno talibán fue depuesto por los Estados Unidos y la OTAN en coalición con la Alianza del Norte.  Los talibanes se vieron obligados a capitular y abandonar el país. Pero la caída del Gobierno talibán no supuso su destrucción como algunos esperaban. Aunque durante los primeros años tras el colapso del Emirato Islámico de Afganistán el grupo Talibán estuvo profundamente dividido entre distintas facciones, su poder fue progresivamente aumentando, primero desde fuera de la frontera, especialmente en Pakistán, y después en regiones periféricas del estado.

El modelo de gobierno pro-Occidental impuesto en Afganistán, que pretendía transformar la sociedad afgana, no pudo consolidarse como una democracia.  La meta propuesta por los Estados Unidos y la OTAN de crear instituciones democráticas, abrir el país a la observancia de los derechos civiles y al fomento de un sistema de libertad familiar, donde la mujer fuese vista como en occidente, fracasó.  Lo que realmente se creo fue una especie de burbuja económica y política en torno a Kabul que no consideró la realidad de la masiva pobreza y el descontento que reinaba en el área rural mayoritaria del estado.  La corrupción y la formación de una clase privilegiada en torno al gobierno apoyado por Occidente impulso el descontento popular que precedió y precipitó la caída.

Tanto la corrupción gubernamental como las promesas incumplidas, unido a la constante presencia de fuerzas extranjeras que fomentaron un “paternalismo militar” en las fuerzas gubernamentales afganas, propiciaron la derrota.  Aunque se adiestró una fuerza militar de cerca de 300,000 personas, que incluía soldados de infantería, fuerza aérea, personal técnico y de apoyo, personal de espionaje y seguridad (NDS) [4], cuya dependencia del ejército norteamericano era total. 

El grave error fue intentar crear un ejército que fuese un “clon” del ejército norteamericano, dependiendo del espionaje militar y el apoyo aéreo, en un contexto donde esto era imposible.  Es por eso por lo que al sentirse sin el apoyo norteamericano colapsaron frente a la ofensiva de los talibanes, que, a pesar de tener menor tecnología y adiestramiento, eran más feroces, dedicados y estaban religiosamente motivados.

Aunque al principio de la invasión norteamericana el poder de los talibanes se limitó a actos terroristas y su poder en la zona rural era realmente pequeño y fragmentado, a partir del 2011, su presencia comenzó a aumentar en diferentes zonas. Para ese entonces el presidente estadounidense Barack Obama aumentó a cifras históricas el número de soldados estadounidenses en Afganistán, algo que no sirvió de mucho.

Los Estados Unidos y sus aliados se convencieron de que la acción militar no resolvería el conflicto en Afganistán y se empezó a planificar una solución pactada. Con la progresiva reducción de efectivos militares internacionales a partir del 2013, el poder talibán fue aumentando poco a poco y finalmente esta tendencia se consumó tras el acuerdo del Presidente Trump para la salida de sus tropas en febrero del 2020, y que fue refrendado por el Presidente Joe Biden.  Lo interesante del acuerdo de Trump fue que ni siquiera el Presidente Afgano, Ashraf Ghani y su gobierno, fueron incluido en las conversaciones de paz con los talibanes y mucho menos fueron consideradas sus posturas en la confección de dicho Tratado.

Los Estados Unidos y la OTAN gastaron miles de millones de dólares durante dos décadas en un país que no pudo adquirir una “estructura” estatal fuerte y capaz de enfrentar la amenaza talibán.  Las estrategias utilizadas pueden ser útiles en occidente, pero no en el contexto afgano. Esto quedó demostrado en la ofensiva de los talibanes en que apenas en unas semanas todas las capitales de provincias, y Kabul, capital estatal, fueron conquistadas, sin que las fuerzas armadas afganas presentaran resistencia alguna, y en muchos casos desertaron o se negaron a combatir.

Afganistán afronta desde este 15 de agosto del 2021, el final de un periodo en el que se intentó a “la trágala” imponer una democracia importada en un país asiático.  Lo cierto es que Afganistán ha vuelto al Islamismo más ortodoxo a pesar de los «esfuerzos» concertados durante dos décadas por transformar dicho país.  

¿Qué hemos aprendido?

El retorno al poder de los Talibanes en Afganistán nos obliga a reconocer ciertas virtudes en esta lucha.  Primero, hay que admirar el liderazgo y persistencia de estos grupos religiosos. La historia de Afganistán ha estado plagada por luchas e intrigas que han consumido en ocasiones la vitalidad del país. Lo que sí debemos tener claro es que la lucha consistente de este pueblo por mantener su identidad ha sido efectiva. 

No fue su poder militar lo que le dio la victoria, de hecho, pienso que lo militar es el porciento menor en su sorpresiva victoria.  Hay que reconocer su lucha en el campo de la diplomacia internacional, sus negociaciones de paz; y a nivel local (Kabul y las ciudades grandes) el uso de las redes sociales para persuadir a los ciudadanos, junto a su persistencia por formar a las nuevas generaciones con sus ideologías religiosas.

Hay que reconocer a los cuatro (4) los principales líderes actuales del movimiento talibán, y que son considerados héroes nacionales en Afganistán, a mencionar:

El Mullah Abdul Ghani Baradar, que es el jefe militar y presidente actual de Afganistán.  Fue un feroz combatiente islámico (muyahidín), que estuvo preso en Pakistan desde el 2010-2018.  Dirigió las negociaciones con el Presidente Donald Trump que condujeron a la retirada de las fuerzas extranjeras del territorio Afgano.

El Mullah Haibatullah Akhundzada, que es el Emir (líder supremo) del movimiento Talibán, teólogo y jurista islámico. Es el autor intelectual de todo el proceso formativo religioso de la nación.

Sirajuddin Hagganif, que dirige la red combatiente Haqqani. Es el director de la propaganda talibán (Incluye el área tecnológica), dentro y fuera de Afganistán.

El Mullah Mohammad Yaqoob- Es hijo del fundador del movimiento talibán, el Mullah Mohammad Omar, muerto en combate por fuego norteamericano en el 2013.  Es el jefe de la comisión militar de los Talibanes, y dirige toda la estrategia militar en Afganistán.   Solo tiene 30 años.

madrasas o escuelas de enseñanza del Corán.

Es importante reconocer la importancia del liderato, las creencias y convicciones para el logro de las metas propuestas. A pesar de las derrotas sufridas eso no fue disuasivo para detener la lucha de los «talibanes».  Sus enseñanzas en la “madrasa” (pl. madaris) [5], se intensificó, muy especialmente en aquellas regiones a las que tuvieron que escapar.  La “madrasa”, institución educacional del mundo islámico mantuvo la llama de la esperanza encendida, y proveyó el relevo generacional requerido, luego de la muerte de más de 200,000 talibanes afganos durante los 20 años de intervención militar occidental.

La enseñanza es clara el poder imperial, tanto militar, propagandista y tecnológico puede obtener triunfo inmediatos y temporeros, pero solo la educación, el liderato eficaz y la persistencia producen triunfos permanentes, aún entre aquellos con los que no compartimos sus creencias.  Es hora de aprender.  ¡Paz!

Notas:

            [1] Vea un excelente análisis del término “talibán”, en José Luis Blas Arroyo, “¿Era Bin Laden un líder Talibán? ¿O de los Talibanes?: presiones externas e internas en un fenómeno reciente de variación morfológica en español”, Revista de Investigación Lingüística, (No. 1, vol. V, 2002): pags. 63-103.              

           [2] El “lord” o “lores” de la guerra [en español “Señor de la guerra”] es un término, traducido literalmente del inglés (warlord), que sirve para hacer referencia a una persona con poder que tiene el control militar y político de un área o región dentro de una nación, debido a las fuerzas militares que le son leales, y que actúa independiente a la autoridad central del país. ​

          [3] Muyahidín (pl. muyahidines) ​ es una palabra que designa, en el contexto del Islam a la “persona que hace la yihad”, es decir, “alguien que lucha por su fe”.

[4] El NDS (Dirección Nacional de Seguridad) es el equivalente de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) en Afganistán. Esta organización tomó una gran importancia durante los 20 años de ocupación en el país. Se dice que los comandos de la NDS están todavía luchando contra los talibanes en algunas provincias, y también apoyan a los soldados norteamericanos en el aeropuerto de Kabul, y están entre los grupos a ser evacuados.

         [5] En árabe madrasa [مَدْرَسة] significa escuela. En idioma árabe, la palabra مدرسة tiene el mismo significado que escuela en español, aplicándose indistintamente a instituciones públicas, privadas, primarias, secundarias, musulmanas o seculares. El francés ha adoptado este término en forma de «medersa», que igualmente significa «escuela».  En cambio, en muchos países musulmanes donde el árabe no es el idioma vernáculo, madrasa significa «academia religiosa» islámica.

Bibliografía

Alba Cuellar, Angélica.  “El resurgimiento de los talibanes en Afganistán”.  Universidad Militar de Nueva Granada en Bogotá: Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, vol. 8, núm. 1, enero-junio, 2013: pp. 189-205

Nagourney, Eric. “¿Quiénes son los talibanes y qué buscan?”. Accesado el 21 de agosto de 2021, en  https://www.nytimes.com/es/2021/08/17/espanol/definicion-talibanes.html

Setas, Carlos. “Las relaciones entre Afganistán y Pakistán y las negociaciones de paz con los talibanes afganos.” Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, No. 2, 2013 (PDF).  Accesado el 21 de agosto de 2021 en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4537193

Victor, Daniel. “Los derechos de las mujeres en Afganistán dependen de una ley islámica. ¿Qué es la “sharía”?  Accesado el 21 de agosto de 2021, en https://www.nytimes.com/es/2021/08/21/espanol/Que-dice-la-sharia.html?

Zucchino, David. “Guerra en Afganistán: cronología de una guerra de dos décadas”.  Accesado el 21 de agosto de 2021, en https://www.nytimes.com/es/article/guerra-afganistan-que-pasa.html?action=click&module=RelatedLinks&pgtype=Article

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