¿Cómo corregir los «errores» de Dios? … la estrategia de los discípulos


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto para el domingo 19 de septiembre de 2021, décimo octavo (18) domingo de Pentecostés lo encontramos en el evangelio de Marcos 9: 30-37.  En esta perícopa se presenta el segundo anuncio sobre la pasión y muerte de Jesús en Jerusalén.  Con este anuncio, Jesús enseña a sus discípulos sobre la realidad de su vocación mesiánica:

Porque enseñaba a sus discípulos y les decía: “El Hijo del Hombre será entregado a traición en manos de hombres y lo matarán, pero después de muerto, a los tres días se levantará.” Pero ellos no entendían lo dicho, y temían preguntarle. (Marcos 9: 31-32 BTX).

Es interesante que los tres (3) anuncios que Jesús hace en el evangelio de Marcos sobre su vocación mesiánica son seguidos por acciones erróneas por parte de los discípulos: 

  • En el primer anuncio (Mc. 8: 31-32), es Pedro el que de forma desacertada intenta corregir a Jesús. 
  • En el tercer anuncio, que discutiremos en próximos escritos (Mc. 10: 32-34), son los hijos de Zebedeo, que cometen el error de ver el reino de Dios, como un sistema de privilegios similar a las estructuras de poder humanas. 
  • El segundo anuncio (Mc. 9: 33-34), que discuto en este escrito, son los discípulos en pleno que demuestran su inhabilidad para entender las enseñanzas dadas por Jesús.

DESARROLLO

  • La discusión de los discípulos (Mc. 9: 33-34)

Luego de varias experiencias significativas como lo fue la transfiguración (Mc 9: 1-13), la liberación del hijo mudo y epiléptico, cuyo padre tenía poca fe (Mc 9: 14-29), y, después de deambular predicando por toda Galilea, llegan a Cafarnaum, al hogar de Jesús para descansar. En el evangelio de Marcos la casa de Jesús es centro de descanso y enseñanza (vea Mc. 2: 1-12; 3: 20-35; 9:28, 33). Al llegar allí, y entrar, surge la pregunta clave de esta perícopa:

¿Qué discutíais en el camino?  Pero ellos callaban, porque en el camino discutieron entre sí acerca de quién era mayor. (Marcos 9: 33b-34)

Los discípulos mientras avanzaban hacia Cafarnaum, habían discutido sobre las enseñanzas de Jesús (que no entendían) relacionadas a su vocación mesiánica que se había de manifestar en Jerusalén.  En esa discusión trataban de acomodar lo dicho por Jesús a su cosmovisión, es decir a un mundo dominado por los poderes y estructuras del imperio romano.   

Ellos, aunque habían escuchado a Jesús predicar y enseñar sobre el reino de Dios (Mc 1: 14-15), y habían visto el poder de Dios en acción, pero solo lo comprendían a través de los filtros que le daba su propia realidad.  Es por esto por lo que su proceso de entendimiento de las enseñanzas de Jesús se hacía complejo. Dada esta limitación, los doce entienden que es prioritario la organización de ellos como grupo, y que se requería el establecimiento de un liderato para enfrentar los eventos que les esperaban en Jerusalén.

Ahora bien, esa intención de establecer, un liderato que pudiese manejar las operaciones y hacer frente a la crisis que se anticipa altera la armonía interna de los discípulos, y por consiguiente desafía la vocación mesiánica de Jesús (Mc. 8: 31-32; 9:31).   El silencio de los discípulos frente a la pregunta de Jesús, demuestra que ellos realmente «conspiraban» en silencio, creyendo que estaban haciendo un bien a la causa, aun cuando no gozarán del aval de Jesús.

La respuesta de Jesús al silencio de los discípulos demuestra su conocimiento del contenido y las intenciones de aquella discusión.

“Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.” (Mc 9: 35).

Para muchos biblistas esta parte de la perícopa es la parte más oscura del evangelio de Marcos.  La forma en que este material del evangelio se organizó es muy particular, y requiere entender la estructura del texto para descifrar su mensaje primario. Este segundo malentendido, luego del anuncio de su vocación mesiánica, está relacionado a la esencia misma del liderato y la naturaleza del reino de Dios.  Es en esa vocación mesiánica que Jesús revela un cambio de paradigma que revoluciona la forma de ser líder y del manejo del poder en el reino de Dios.

Para Jesús aquellos que aspiran a ser parte del reino de Dios, tienen que abandonar la lucha por conseguirlo con esfuerzos humanos, y renunciar a la violencia como forma de hacerlo crecer. De hecho, Jesús plantea que Él sería entregado sin resistencia, en las manos de aquellos que lo ejecutarían.  Esta declaración hecha por Jesús es inaceptable para los discípulos. De hecho, los discípulos creen que la propuesta de Jesús no tiene “viabilidad” en aquel mundo, y, por lo tanto, ellos van a producir una contrapropuesta del reino contextualizada.

Es interesante, entender, la observación del evangelista Marcos de que los discípulos “no entendían lo dicho, y temían preguntarle” (Mc. 9: 32). Sin embargo, ellos no eran inocentes, sino que conocían muy bien las estructuras de poder del mundo al que pertenecían. Ellos como galileos habían experimentado la “furia” del Imperio romano, y habían desarrollado cierta precaución, responsabilidad, y eran realistas. Para ellos, Jesús estaba haciendo un planteamiento “ilusorio”, y es a ellos que les corresponde darle factibilidad y concreción al mismo. Para lograr esto hay que organizarse y establecer estructuras que permitan enfrentar la amenaza que se aproxima.

No tengo dudas de que ellos estaban dispuesto a dar su vida por esta causa, pero NO como Jesús lo propone.  Ellos NO entregarían su vida, sin dar la pelea. NO irían como “corderos al matadero”, sino como leones capaces de morir, pero matando también.  Son estas, según los discípulos, las premisas que tienen que dirigir el Proyecto del reino que Jesús propone.

De hecho, la historia de la Iglesia Cristiana nos dice que esa estrategia humana fue puesta en práctica, y aún hoy sigue poniéndose en práctica. Los discípulos solo podían “traducir” el Proyecto del reino de Dios desde una perspectiva del poder como todos los imperios lo hacían (Mc 8: 33).

Por lo tanto, la conversación “misteriosa” que habían tenido por el camino era una “conspiración” por el “bien” de Jesús y el mensaje del reino. Ellos estaban introduciendo un plan correctivo a la propuesta de Jesús, para que tuviese pertinencia con la realidad del mundo mediterráneo que le servía de contexto. Los discípulos piensan que Jesús no había sido diligente porque no estableció estructuras, ni líderes para impulsar el proyecto del reino.

El proyecto mesiánico de Jesús tiene credibilidad (es confirmado por las sanidades, prodigios, exorcismos y milagros), pero requiere organización para que pueda triunfar, y los discípulos estaban creando las estructuras para que así sucediera. ¡Tremendo plan!

  • Desenmascarando la conspiración (Mc. 9: 35-37)

Jesús tiene que desenmascarar esa falsa construcción basada en premisas materialistas.  El reino no es un proyecto de los discípulos, aunque fueron invitados a participar y colaborar, pero no es su responsabilidad culminarlo.  Era urgente que Jesús llegará a su casa, no para ocuparse de los de “afuera”, como había sucedido al comienzo (Mc 2: 1-12; 3: 1-6), sino para ocuparse de los de “adentro”.  Mucho ojo, cuando hay necesidad “adentro”, hay que detener temporeramente el trabajo con los de afuera y atender la necesidad interna con urgencia.

La expresión de Marcos 9: 35, va acompañada por una parábola en acción:

Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, y tomándolo en brazos, les dijo: Cualquiera que en mi nombre reciba a uno de estos niños, a mí me recibe, y cualquiera que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió (Mc. 9: 36-37)

Miremos con detalles este texto: (a) primero aparece de forma repentina un niño pequeño en escena que Jesús toma en sus brazos, y (b) lo coloca en medio de ellos. Estos símbolos, aunque confusos, emiten en sí mismo un mensaje fundamental para aquellos que han de constituir la comunidad de los discípulos.

Antes de continuar con el análisis, es importante mirar la trayectoria de Jesús durante su ministerio en el evangelio Marcos. Primero, Jesús llega proclamando que el reino de Dios se ha acercado, llamando al arrepentimiento, sanando enfermedades y discapacidades, reprendiendo demonios, y perdonando pecados (Marcos 1: 14-15). A lo largo de su ministerio en la región circundante al mar de Galilea, se asocia con los últimos y los más pequeños de la sociedad: mujeres paganas (Marcos 7: 24-30), mujeres sangrantes (Marcos 5: 24-34), leprosos (Marcos 1: 40-45), endemoniados furiosos (Marcos 5: 1-20), recaudadores de impuestos y otros “pecadores” notorios (Marcos 1: 13-17).  Y ahora les da la bienvenida a los niños pequeños y les dedica tiempo, para frustración de los discípulos (Marcos 10: 13-16).

Primero, ¿qué significa este niño pequeño? ¿Ejemplo de humildad? ¿Una nueva forma de luchar por expandir el reino de Dios? Lo que si sabemos por los pasajes paralelos de Mateo 18: 3-5 y Marcos 10: 15-16, es que el reino de Dios no es algo por lo cual luchar, sino algo que deber ser acogido como a un niño.  El creer que se lucha por el reino de Dios de la misma forma en que los poderes de este mundo defienden sus reinos, es no entender que es el reino.  El reino de Dios es algo que se expande por sí mismo (Marcos 4: 26-32), no con espada, ni con fuerzas militares, sino a través de actitudes de amor, humildad y fe .  

La comunidad de los discípulos es una familia en la que los “niños” ocupan un lugar preeminente.  Siendo estos los más débiles, y que no contribuyen a que otros avancen en su posición social por carecer de “prestigio” (standing) y no pueden reciprocar favores, el mensaje es aún más dramático. Ellos son los vulnerables, los que están a la merced de los demás, los que realmente ocupan el centro o poder en la Iglesia.  La verdadera humanidad la representa aquel que se entrega, y no él que se impone y domina a otros.  Es así como el reino crece y se expande.

APLICACIÓN

Jesús deconstruye el plan trazado por los discípulos, “no se puede construir una comunidad basado en “privilegios” y mucho menos ejerciendo el poder como lo hacen los imperios humanos. Jesús revierte las estructuras de la “vieja” sociedad fundada y construida por los poderosos. La comunidad de los discípulos no puede ser una réplica de aquel sistema: “ser primero es hacerse el último, es ser servidor de todos”.

La Iglesia no puede preservar las desigualdades sociales establecidos e impuestas sobre los poderosos sobre los más débiles. Esa comunidad que llamamos la Iglesia tiene que ser una comunidad sin clases e igualitaria. Es decir, dentro de ella, se reconoce el Señorío de Jesucristo, primeramente, se reconoce la diversidad y se afirma la identidad de cada miembro, velando por el interés de todos por igual. En esta comunidad que llamamos la iglesia todos somos «consiervos» y a la vez «servidores» de todos, y nuestra vida se sostiene en nuestra relación con Jesucristo y sus enseñanzas, y que a su vez nos vincula con el Padre; no por dinámicas de privilegios, poder y segregación de clases.

Por otro lado, la comunidad llamada la iglesia, no está llamada a imponer sus creencias, sea por medio de alianzas con el poder, como por fuerza y coerción. La historia humana lamentablemente está llena de intentos fallidos de utilizar el poder y la fuerza para imponer creencias, ideologías y dogmas. Sin embargo, debemos aprender que el reino de Dios crece en forma misteriosa porque es un proyecto Trinitario.  La Iglesia es llamada a proclamarlo, y modelarlo con sus palabras y prácticas, recordando que no depende de nosotros su crecimiento y expansión sino de la gracia y misericordia de nuestro Dios.  Así nos ayude el Señor!

Bibliografía

Ottoni-Wilholm, Dawn. Preaching the Gospel of Mark. Proclaiming the Power of God.  Louisville-London:  Westminster John Knox Press, 2008.

Pikaza, Xabier.  Comentario al evangelio de Marcos.  Barcelona, España: Editorial Clie, 2012.

Stein, Robert H. Mark.  Grand Rapids, Michigan: Baker Academic, 2008.  Ebook edition.

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