Adviento… ¿cómo superar la soberbia del corazón?

Por Samuel Caraballo-López

El texto del 9 de diciembre de 2018, segundo domingo de adviento, lo encontramos en Lucas 3: 1-6.  En el año 29 d.C. (El año decimoquinto del gobierno de Tiberio César), en el desierto de Judea, Dios rompe su silencio, mediante una Palabra traída a Juan, hijo de Zacarías (Lucas 3: 2).  De inmediato Juan comienza a proclamar el arrepentimiento como requisito para participar en el Reino de Dios que se acercaba (Mateo 3: 2).

Este Juan es el último portavoz de la antigua alianza, y con él se cierra la era de la ley y los profetas, comenzando el nuevo eón del reino de Dios (vea Lucas 16:6 vs. Mateo 11: 11-13).  Juan representa la transición entre lo viejo y lo nuevo que se acercaba a la tierra.

Juan el Bautista era un mensajero singular:  su proyección pública, su apariencia física, sus prácticas alimentarias, los espacios donde moraba, el estilo de sus oráculos, y su sinceridad–que rayaba en lo descortés–lo hacían un personaje digno de ser escuchado.

El contenido de los discursos de Juan llama la atención aún a los más escépticos. En este Reino que él anuncia, no hay personas favorecidas por sus afiliaciones políticas, ni por  apellidos de abolengo, ni por sus títulos académicos, ni por su estatus social o económico, ni por su belleza física, ni por su procedencia étnica o racial.   El mensaje de Juan nos trae grandes verdades que tienen que ser consideradas hoy: No podemos depositar nuestra confianza en la práctica de rituales religiosos y  mucho menos en nuestra tradición o herencia religiosa. Nada de eso nos da méritos para participar en el Reino de Dios que se acerca (Lucas 3: 8).  Solo el arrepentimiento, que se demuestra por una conducta congruente con los valores de ese reino, se convierte en el pasaporte que nos abre las puertas para participar en el nuevo escenario que se anuncia, y nos libra del  juicio divino que se aproxima.

Juan el bautista 2

Juan, el Bautista fue comisionado por Dios a preparar el Camino, no al Cesar ni a ningún otro, sino al verdadero Señor.  Como lo hizo a través de Moisés, Dios reta a su pueblo a ver el desierto como un lugar, no de desolación, sino de gracia, esperanza y transformación (Lucas 3: 2). ¡Qué difícil es para nuestra sociedad occidental ver la crisis como el trampolín de la esperanza y del cambio!

Es importante clarificar en qué consistía este bautismo de arrepentimiento que Juan proclama.  El bautismo era parte de los ritos de purificación, especialmente cuando un gentil se convertía al judaísmo.  Sin embargo, esta ceremonia de bautismo celebrada por Juan en el Río Jordán, hablaba del arrepentimiento como la condicion sobre la cual Dios perdona la iniquidad, la transgresion y el pecado, sin que necesariamente medie el sistema de sacrificios del segundo templo de Jerusalen.  Esto por si mismo es un desafío al “status quo” y anticipaba tiempos nuevos.

Juan, hijo del sacerdote Zacarías (Lucas 1: 59ss), se desconecta del templo y sus rituales para proclamar que cuando se desobedecía a la Torá, el arrepentimiento se presentaba como el medio para recibir el perdón requerido. Juan el bautista por medio de su rito bautismal enfrenta los tres ídolos del judaísmo: (a)  Jerusalén,  la ciudad santa (Sión),  (b) el Segundo templo, y, (c)  su sistema de sacrificios.  De hecho, Juan también enfrenta el poder político de Galilea representado por Herodes Antipas, que es también llamado al arrepentimiento.  Juan censura públicamente a Antipas al éste utilizar su poder para invalidar la Torá,   repudiando a  su esposa, y tomando como mujer a Herodías, su sobrina, y esposa de su hermano, violando el mandamiento de Dios (Levítico 18:16).

El mensaje de Juan es pertinente a nuestra realidad como pueblo en este momento de la historia. El Reino requiere acciones congruentes con una vida transformada.  Ahora bien, esta conducta, producto de la transformación, no puede ser producida solamente por un mensaje profético que denuncie el pecado, sino por un poder que pueda erradicar la soberbia que este sistema decadente ha incorporado en nuestra vida.  La expresión de Juan: “Yo a la verdad os bautizo con agua; pero viene uno más poderosos que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”, establece la tónica para la transformación.

Solo la intervención de Jesús en nuestra vida, puede producir, en respuesta a nuestro arrepentimiento, las condiciones internas para que se manifiesten esas acciones congruentes con el orden divino.   Nosotros, al igual que Juan el Bautista,  podemos denunciar el pecado social e individual, e inclusive hacer consciente a los pueblos e individuo que sus caminos están equivocados, pero solo el poder de Jesús puede iniciar en nosotros la transformación que nos lleve a vivir vidas congruentes con el arrepentimiento, que hemos adoptado.

Soberbia2

En este segundo domingo de adviento, Jesús nos invita a permitir que el poder de su Espíritu Santo y su fuego consumidor purifiquen nuestros labios irreverentes y corazón fragmentado, y renueve nuestro entendimiento oscurecido por la soberbia, para que el conocimiento del Señor llene la tierra y todo nuestro ser; espíritu, alma y cuerpo.  ¡Muchas bendiciones!

2 respuestas para “Adviento… ¿cómo superar la soberbia del corazón?”

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