¿Cómo superar el egoísmo, y volver a Dios?


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto del 5 de diciembre de 2021, segundo domingo de adviento, lo encontramos en Lucas 3: 1-6.  En el año 29 d. C. (El año decimoquinto del gobierno de Tiberio César), en el desierto de Judea, Dios rompe su silencio, mediante una Palabra traída a Juan, hijo de Zacarías (Lucas 3: 2).  De inmediato Juan comienza a cumplir su ministerio de preparar para el Señor un pueblo dispuesto (Lc. 1: 17), proclamando el arrepentimiento como requisito para participar en el Reino de Dios que se acercaba (Mateo 3: 2).

El evangelista Lucas en su anuncio del ángel del Señor sobre el nacimiento de Juan a Zacarías, vincula a éste con un ministerio profético enfocado hacia la renovación y transformación religiosa, moral y social en Israel. El anuncio de su nacimiento esta vículado con un reordenamiento nacional semejant,e al que inicia el profeta Elias durante la monarquía de Acab y Jezabel en Israel (vea 1 Reyes 16-17). Para Lucas la época en que nace Juan, es semejante a los tiempos tormentosos de Israel del Norte antes de su caída final.

El ángel del Señor hablando sobre el nacimiento de Juan nos dice:

«Este niño hará que muchos en Israel dejen de hacer lo malo y obedezcan a Dios.  Llegará antes que el Mesías, y tendrá el mismo poder y el mismo espíritu que antes tuvo el profeta Elías. Su mensaje hará que los padres se reconcilien con sus hijos, y que los desobedientes comprendan su error y sigan el ejemplo de los que sí obedecen. Además, preparará al pueblo de Israel para recibir al Mesías» (Lucas 1: 16-17 TLA).

De forma explícita Lucas pone en la boca de Zacarías una palabra profética sobre el niño que acababa de nacer:

»Y tú, hijito mío, serás llamado profeta del Altísimo,
    porque irás delante del Señor para prepararle el camino.
 Darás a conocer a su pueblo la salvación
    mediante el perdón de sus pecados,
gracias a la entrañable misericordia de nuestro Dios. (Lucas 1: 76-78a, NVI).

Juan ciertamente era un profeta semejante a los profetas clásicos de la historia de Israel, cuyo énfasis está en un reclamo de justicia integral conforme a la Alianza, con su subsiguiente llamado al arrepentimiento, para evitar el juicio de YHVH.

DESARROLLO

(a) Juan, el profeta de la transición

Este Juan es el último portavoz de la antigua alianza, y con él se cierra la era de la ley y los profetas, comenzando el nuevo eón [1] del reino de Dios (vea Lucas 16:6 vs. Mateo 11: 11-13).  Juan representa la transición entre lo viejo y lo nuevo que se acercaba a la tierra.

Juan el Bautista era un mensajero singular:  su proyección pública, su apariencia física, sus prácticas alimentarias, los espacios donde moraba, el estilo de sus oráculos, y su sinceridad–que rayaba en lo descortés–lo hacían un personaje digno de ser escuchado. Juan, el Bautista fue comisionado por Dios a preparar el Camino, no al César ni a ningún otro, sino al verdadero Señor.  Es decir, Juan asumió el rol establecido en la profecía bíblica que discutimos en la introducción (Lucas 1: 16-17, 76-78).

Juan el bautista 2
Juan el bautista precursor del Mesías

Como lo hizo a través de Moisés, nuevamente y conforme al mensaje de Isaias (40: 3-5), Dios desafía a su pueblo a volver y ver el desierto como un lugar, no de desolación, sino de gracia, esperanza y transformación. ¡Qué difícil es para nuestra sociedad occidental ver la adversidad como el trampolín para la esperanza y el cambio!

Juan, hijo del sacerdote Zacarías (Lucas 1: 59ss), se desconecta del templo y sus rituales para proclamar que cuando se rompía la Alianza desobedeciendo a la Torá, el arrepentimiento se presentaba como el medio para recibir el perdón requerido. Hay una correlación entre el lavado y el comportamiento ético en Juan, semejante a la que se encuentra en el profeta Isaías:

¡Lávense, límpiense!
    ¡Aparten de mi vista sus obras malvadas!
¡Dejen de hacer el mal!
    ¡Aprendan a hacer el bien!
¡Busquen la justicia y reprendan al opresor!
    ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda! (Isaías 1: 16-17).

De hecho, Juan también enfrenta el poder político de Galilea representado por Herodes Antipas.  Juan censura públicamente a Antipas y lo llama al arrepentimiento al éste utilizar su poder para invalidar la Torá,   repudiando a  su esposa, y tomando como mujer a Herodías, su sobrina, y esposa de su hermano (Levítico 18:16).

(b) El contenido del mensaje recibido por Juan (Lucas 3: 2b-6)

El contenido del discurso de Juan llama la atención aún a los más escépticos. En este Reino que él anuncia, no hay personas favorecidas por su descendencia (Lucas 3: 8); implicando esto que los privilegios producto de los apellidos de abolengo, de los vínculos consanguíneos con la realeza, sus afiliaciones políticas, sus títulos académicos, su estatus social o económico, o su color de piel o belleza física, pueden ser criterios para tener entrada en ese nuevo orden divino.   De esta forma Juan amarra su mensaje al propósito redentor de Dios desde una perspectiva escatólogica.

El mensaje de Juan, según el evangelista Lucas (y que ampliaremos el próximo domingo), nos trae grandes verdades que tienen que retumbar en nuestro oidos hoy:

No podemos depositar nuestra confianza en la práctica de rituales religiosos y  mucho menos en nuestra tradición o herencia religiosa. Nada de eso nos da méritos para participar en el Reino de Dios que se acerca.  Solo el arrepentimiento, que se define como un volver a Dios para que nos perdone, y, un subsecuente cambio de conducta (Lucas 3: 10-14), haciendola congruente con los valores de justicia del reino, es el pasaporte que nos abre las puertas para participar en el nuevo escenario que Juan anuncia. El inminente juicio de Dios solo puede ser evitado produciendo frutos dignos de arrepentimiento (Lucas 3: 9).

(c) El bautismo de Juan (Lucas 3: 7-8)

Es importante clarificar en qué consistía este bautismo de arrepentimiento que Juan proclama en el desierto de Judea.  El llamado al bautismo es una invitación a salir de la vida ordinaria de la ciudad y de las lealtades que esta representaba, para ir al desierto a encontrarse de nuevo con YHVH y reiniciar la Alianza rota.

El rito bautismal de Juan en el río Jordán es una metáfora que vincula a Israel con sus raíces durante la Confederación tribal y la conquista de Canaan. Es volver a las condiciones de la Alianza por medio del arrepentimiento, como la condicion sobre la cual Dios perdona la iniquidad, la transgresion y el pecado de su pueblo.  Este bautismo de arrepentimiento de Juan es para distinguir los autéticos hijos de Abraham de los que no lo son.

Esta metáfora del rito bautismal para representar el arrepentimiento en Juan, enfrenta a los tres (3) ídolos del judaísmo rabínico: (a)  Jerusalén,  la ciudad santa (Sión),  (b) el Segundo templo, y, (c)  su sistema de sacrificios. Esto de por sí prepara el camino al Mesías y crea una crisis y un desafío al «status quo» , que anticipaba tiempos nuevos.

APLICACIÓN

El mensaje de Juan es pertinente a nuestra realidad como pueblo en este momento de la historia. El Reino requiere acciones congruentes con una vida transformada.  Ahora bien, esta conducta, producto de la transformación, no puede ser producida solamente por un mensaje profético que denuncie el pecado, sino por un poder que pueda erradicar el egoísmo y la soberbia que este sistema decadente ha incorporado en nuestra vida.  La tonica de su mensaje esta contenida en la siguiente expresión:

 “Yo los bautizo con agua, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y desatarle las correas de sus sandalias. El los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego» (Lucas 3: 16 NTV) 

Solo la intervención de Jesús en nuestra vida, puede producir, en respuesta a nuestro arrepentimiento, las condiciones internas para que se manifiesten esas acciones congruentes con el orden divino.   Nosotros, al igual que Juan el Bautista,  podemos denunciar el pecado social e individual, e inclusive hacer consciente a los pueblos e individuo que sus caminos están equivocados, pero solo la confianza en el poder de Jesús puede iniciar en nosotros la transformación que nos lleve a vivir vidas congruentes con el arrepentimiento, que hemos adoptado.

Soberbia2

En este segundo domingo de adviento, Jesús nos invita a permitir que el poder de su Espíritu Santo y su fuego consumidor purifiquen nuestros labios irreverentes y corazón fragmentado, y renueve nuestro entendimiento oscurecido por el egoísmo y la soberbia, para que el conocimiento del Señor llene la tierra y todo nuestro ser; espíritu, alma y cuerpo.  ¡Muchas bendiciones!

Notas:

[1] El término eón se refiere a un período de tiempo limitado o ilimitado. Existe en las Sagradas Escrituras la distinción entre eón de Dios y eón del mundo que proviene de la apocalí­ptica judí­a a partir del siglo 1 a. C. Esta doctrina de los dos eones, que contrapone el eón presente, caracterizado por la injusticia y por el pecado y sometido a la influencia del maligno, al eón futuro, caracterizado por la justicia, el bien, la felicidad, la vida: este último eón está bajo la influencia exclusiva benéfica de Dios. Es evidente que este eón futuro se constituye a partir de la venida de Cristo en gloria, que Dios mismo ha hecho posible y ha actualizado. También el Nuevo Testamento se refiere en varias ocasiones a esta diferencia entre los dos eones, el presente y el futuro: a veces atribuve su uso al- mismo Jesús (por ejemplo, Mt 12,32: Lc 16,8). En todo caso, debe presuponerse para poder comprender el anuncio de Jesús, sus oyentes comprendieron el “Reino’ qué proclamaba como el eón futuro, donde la soberaní­a de Dios serí­a perfectamente reconocida por todos y producirí­a buenos frutos para todos, especialmente para los más pobres, La gran novedad del anuncio cristiano sobre el eón futuro se refiere a su presencia en la historia gracias a la persona misma de Jesús; “A través de El, el eón futuro se extiende ya en este eón, ya que en su persona, en sus palabras y en sus obras (…) se hizo palpable la voluntad de Dios como ofrecimiento defí­nitivo, ya que así­ es como comenzó el Reino escatológico, (Diccionario Bíblico Mundo Hispano)

Bibliografía

Green, Joel B. The Gospel of Luke. Grand Rapids, Michigan: William B. Eermans Publishing Company, 1997.

2 respuestas a «¿Cómo superar el egoísmo, y volver a Dios?»

  1. Amén-que así sea. Anhelo esto en mi vida. Pq al q sabe hacer lo bueno y no lo hace le es contado por pecado. Que nuestros sentidos espirituales sean agudizados para escuchar Su voz, percibir Su presencia y temblar a Su advertencia.

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