Para ser parte de Jesús… ¿Qué se requiere?

pastor 7

Por Samuel Caraballo-López

El texto bíblico para el 22 de abril de 2018,  cuarto domingo de resurrección, lo encontramos en el Evangelio de Juan 10: 11-30. Me llama la atención los versos 11, 27-30, y muy especialmente la declaración de Jesús sobre cuáles son las “ovejas” que pertenecen a su redil.

Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida pone por las ovejas. Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.  Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.  Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar. El Padre y yo somos uno (Juan 10: 11, 27-30).

Era la fiesta de Hanukka (Fiesta de la Dedicación) en la cual se celebra la victoria de los Macabeos sobre los sirios, y que se celebraba en el mes de diciembre en el templo de Jerusalén.  Es en esta singular celebración que Jesús completa el discurso sobre el Pastor y las ovejas (verso 22-30), que había comenzado en la sección anterior (10: 1-18).  Jesús se presenta a si mismo como el pastor prometido por Adonay YHVH al profeta Ezequiel (34: 11-12 Biblia Peshitta):

Asi dice el Señor de señores: He aquí que yo mismo buscaré mis ovejas y yo las cuidaré.  Como pastor que cuida de su rebaño en el día de una violenta tempestad, del mismo modo yo cuidaré a mis ovejas y las recogeré de todas las tierras a las cuales habían sido dispersadas en día nublado y de densa oscuridad.

Los judíos exigen que Jesús les exprese claramente, si Él es el mesías: — ¿Hasta cuándo vas a dejar de fastidiarnos? Si eres el Cristo, dínoslo con franqueza (verso 24)—le preguntan.

Hanukka 2

Jesús les informa a los judíos que Él ya le ha dicho la respuesta, pero ellos se habían resistido a creer sus aseveraciones (verso 25). Inclusive ellos habían visto las obras que Jesús había hecho y que le acreditaban como el Mesías de Dios, pero su rechazo a escuchar y creer invalidaba dicha revelación para sus vidas (verso 26). Cuando eso sucede se pierde el beneficio de pertenecer y participar en la comunidad de Jesús.

Para ser parte de la comunidad de Jesús se combinan la acción graciosa de Dios y la respuesta en fe del ser humano.  Es la gracia que activa mi capacidad de oír la voz de Dios, comprender la realidad de mi enajenación ante El, y a su vez, esta misma gracia, activa mi voluntad para la toma de decisiones. Aunque todas las “ovejas” de alguna forma escuchan la voz de Dios que brota desde la Cruz, no todas aceptan la invitación que el amoroso Dios le hace, y por lo tanto su voluntad no se activa para responder por la fe a esa elección.

Escuchar significa “poner atención, aplicar el oído para oír y poner en práctica”. El escuchar cómo sentido es un acto voluntario e intencional de parte del que escucha. Ahora bien, escuchar la voz de Jesús, trasciende el aspecto sensorial humano, ya que es por medio de la gracia que entramos en una dimensión comprensiva de la realidad de Dios y de nuestra caída, producto del pecado. Cuando escuchamos a Jesús nuestra vida adquiere la capacidad de abrirse para recibir la vida de Dios, su amistad, cuidado, dirección y protección (verso 28).

En mi experiencia como pastor, he observado que existen al menos tres (3) fuerzas que intentan impugnar la recepción de esa gracia que abre nuestro oído interno para escuchar a Jesús. Primero, hay voces internas que interfieren con la gracia divina, que son producto de heridas no sanadas, costumbres asimiladas y actitudes disfuncionales que gritan tan duro que bloquean la voz del Señor. Segundo, hay mecanismos tácitos que jerarquizan en nuestra voluntad las voces que escuchan, incitándonos a escuchar solo las voces que son consideradas más importantes. Estos mecanismos son codificados por la cultura. Para muchos todo lo que tiene que ver con Dios es innecesario e irrelevante y  por lo tanto, dichas voces son bloqueadas en nuestra mente y corazón. Tercero, y no menos importante, existen poderes contrarios a Dios y que adquieren ropajes institucionales (religiones, poderes políticos, organizaciones, etc.), que resisten tenazmente la voz trasformadora del Espiritu de Dios.  De hecho, todos estas fuerzas impugnadoras fueron anuladas en la Cruz del Calvario por Jesucristo (Colosenses 2: 13-15).

escuchar

Jesús nos llama a escucharle, porque su voz se expresa a través de sus acciones de misericordia, bondad, fidelidad, integridad y justicia, evidenciando que vale la pena prestar atención y practicar lo que Él nos ha declarado. Si escuchas a Jesús…serás guiado, cuidado y protegido por El, en medio de la incertidumbre de este tiempo presente. Bien claro dijo Jesús

 Yo soy la puerta, el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos (Juan 10: 9).

Muchas bendiciones.

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