Lo que debo y lo que quiero no coinciden: ¿qué hago?


deber vs. querer

Por Samuel Caraballo-López

¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies?     Proverbios 6: 27-28

El texto para el 3 de septiembre de 2017, décimo tercer domingo después de Pentecostés, lo encontramos en Mateo 16: 21-28.  Nos llama la atención la amonestación de Pedro a Jesús (verso 22), cuando el Señor hace pública lo que será la culminación de su misión en Jerusalén.

Como hemos mencionado en otros análisis, el Evangelio de Mateo tiene una gran preocupación por la iglesia en sus relatos.  Pedro, no solo representa el liderato, sino la iglesia en sí.  En el pasaje anterior (Mateo 16, 13 al 20),  Pedro afirma el fundamento en el cual se sostiene la iglesia,  “tú eres el Cristo (Mesías), el Hijo del Dios viviente”, sin embargo,  en el texto de hoy cuestiona la misión suprema de Jesús.

Pedro se resiente al ver que el Mesías, el Hijo del Dios viviente, no responde a sus expectativas, que provienen principalmente  de las ideologías de su pueblo.  Así que procede a corregir a Jesús, diciéndole que lo que Él está diciendo no debe ocurrir (verso 22), y mucho menos se debe promover porque no es “políticamente correcto”.

Es la iglesia que quiere corregir a su Señor dictaminando lo qué es y lo qué no es la misión cristiana.  ¿Cuántos de nosotros hemos querido corregir las enseñanzas y dichos de Jesús en nuestros sermones y enseñanzas, atribuyéndonos sabiduría que sobrepasa la del Maestro?  La verdad que Pedro, prototipo de la Iglesia, nos sorprende cuando se atreve a invitar a Jesús a tomar otro camino diferente al que corresponde a su misión. ¿Cuál es la razón?

Aunque las expresiones de Jesús sobre su misión en Jerusalén escandaliza a todos los discípulos, es Pedro el que reacciona a las mismas.  Pedro no niega lo que Jesús es (Mateo 16, 16), pero se resiste a aceptar su misión.  Parafraseando el pensamiento de Pedro: “Jesús te hemos conocido estando en relación contigo, sabemos que tu eres quien dices ser, el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y que deseas que te sigamos. Sin embargo, lo que vas ha hacer en Jerusalen yo no lo acepto, ni estoy dispuesto a que suceda conmigo.”  Pedro se resiste a aceptar la misión de Jesús en la forma que El la propone.  ¡Que dilema!

deber vs. querer2

Pienso que Pedro, tiene dos motivos para resistir la misión de Jesús, una personal y la otra estratégica.  La personal ya la mencionamos en el párrafo anterior, y la segunda esta relacionada sobre el efecto de lo declarado por Jesús en la gente que le sigue. Lo dicho por Jesús puede asustar y escandalizar a las personas que le han seguido camino a Jerusalen inspirados por una ideología.  Pedro entiende que Jesús debe, al igual que un estratega militar, presentar una visión más positiva de su causa, haciendo de esta una más “friendly”, y  que atraiga más adeptos.

Ciertamente nos gustaría que todos respondieran a la invitación de Jesús, para que nuestras congregaciones crecieran,  pero no podemos comprometer el contenido del mensaje de Cristo con nuestras ilusiones. No podemos ir de “de tu eres el Cristo” a “jamás te acontezca”, sin adulterar el mensaje verdadero del Evangelio del Reino. ¡Cuidado, hermano!

No podemos negar que la vida cristiana en muchas ocasiones se da en una dialéctica ambigua, es decir entre la luz gloriosa de la fe y las tinieblas infernales de la tentación. Esta tensión entre responder a Jesús y corresponder a las expectativas del mundo, es constante en nuestra vida.  La reacción de Pedro a la declaración de Jesús sobre su misión en Jerusalén, que finaliza en la Cruz, ha sido en ocasiones también nuestra respuesta. Ahora bien, ¿cómo encontrar la síntesis que nos permita cumplir la misión de Cristo, sin evadir sus implicaciones y a la vez responder efectivamente a los tiempos complejos en que vivimos?  Esa es la pregunta.

Pedro, nos representa a ti y a mí,  que como creyentes en Cristo y parte de una sociedad que anhelamos cumplir los propósitos y la voluntad de voluntad de Dios sin negar que tenemos aspiraciones humanas.  ¿A quién obedecer? ¿A lo concreto de la vida secular y humana a la que aspiro o al llamado de Dios que puede contradecir las premisas que sostienen nuestras aspiraciones y deseos? ¿Qué es más fácil correr tras una meta concreta, tangible y mensurable o correr tras lo invisible, intangible e incontrolable?

El mensaje de Jesús a Pedro es contundente, ”cuando nuestro razonamiento está confinado por las expectativas humanas, y estas se oponen a los propósitos y voluntad de Dios, hacemos el triste rol de Satanás” (verso 23). Ahora bien, este ensimismamiento en lo mundano, placentero y lo inmediato, no solo es un problema individual, sino colectivo. ¿Cuántas organizaciones cristianas han perdido su norte, y ahora su funcionamiento responde exclusivamente a los aspectos seculares de la administración de un sistema? ¿Cuántas organizaciones que surgieron con una misión particular a través de su historia han relegado la misma para responder a intereses humanos, ideológicos o económicos?

deber vs. querer4

Es medular aclarar que el llamado de Dios se convierte en vocación por una decisión personal que se expresa mediante un trabajo concreto y peculiar a través de una institución. Dicho de otra manera, nuestro llamado divino se hace concreto en el “barro” de las instituciones humanas, pero que en ocasiones éstas se hacen tan “barro” (que llegan a “fango”), que limitan y obstaculizan el desarrollo de sus miembros.  ¡Que terrible!

Jesús en el Sermón de la Montaña, nos declara: “Por tanto, sean perfectos (teleioi), así como su Padre celestial es perfecto (teleios)” (Mateo 5:48). El texto utiliza la palabra teleioi para hablar de plenitud, cabalidad.  El deseo de Dios es que nos relacionemos de tal forma con El que nuestro crecimiento sea tan pleno, que las “debilidades” de las instituciones seculares o eclesiásticas en las que ejercemos nuestra vocación, sean superadas por éste.

¿Cómo puedo manejar la dialéctica—entre cumplir la misión de Cristo–y responder a las expectativas que provienen de nuestra sociedad secular?  La síntesis la encontramos cuando lleguemos a ser teleioi (completo, cabal).  Pienso que esto fue lo que Jesús le dijo a Pedro… ”alinéate detrás de mí (verso 23) …si alguno quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y sígueme” (verso 24).

Solo cuando nos pongamos en linea recta detras de Jesús, tanto en lo personal, organizacional y ministerial, la síntesis será posible (verso 23).  Solo así podemos responder y ayudar a otros a responder al llamado de Jesús en medio de un mundo complejo.  Muchas bendiciones

 

 

 

 

El Reino…entre nosotros está


el reino de los cielos

Por Samuel Caraballo-López

El texto para el 30 de julio de 2017, lo encontramos en el Evangelio de Mateo 13: 31-33; 44-52.   Además de las cinco (5) (quizás 5 y media) parábolas que se presentan en este pasaje, me llama la atención el verso 51.   En dicho verso 51, Jesus le pregunta a los discípulos si habían entendido toda enseñanza anterior y ellos le contestaron que sí al unísono.  A mí me produce deseos de reír esa contestación  porque sus actuaciones posteriores demuestran que no entendieron ni una “pizca” del mensaje del reino.   De hecho, tengo la sospecha que muchos creyentes hoy en día tampoco entienden lo que significa el evangelio del reino de Dios.

Las parábolas que se discuten en el texto de este domingo nos demuestran la naturaleza y atributos del reino de los cielos. Este no es estático, sino dinámico, y afecta todas las dimensiones de la vida humana, sea lo personal, social, político, económico, profesional, e inclusive incide sobre  todos los sistemas y estructuras que interactúan en el entorno humano.

Es de vital importancia entender que el reino de Dios alcanza su plenitud con la encarnación del verbo (Juan 1:14), y que nos incorporamos a este mediante la fe en Jesús (Juan 3:3; Efesios 1: 13-14). Es importante, entonces, que nos hagamos conscientes que el reino al que nos hemos acercado, y que ahora ocupa espacio en nuestras vidas, produce nuevas formas de actuar y vivir en nuestro entorno.  Lo que ha ocurrido en nuestro interior ahora se expresa acciones congruentes con los principios del reino de Dios.

parabolas del reino

En cada parábola Jesús presenta diversas analogías sobre el reino de Dios.  Primero, es como una semilla de mostaza, la más pequeña entre todas, que es plantada en un campo y crece misteriosamente hasta formar un árbol gigantesco donde las aves hacen sus nidos.  Segundo, es como una mujer que puso un poquito de levadura en una masa de harina, y la hizo crecer hasta superar el espacio donde se hallaba.  El reino comienza en   forma insignificante pero su efecto siempre trasciende nuestras expectativas.

La tercera analogía, el reino de los cielos es también semejante a alguien que encuentra un tesoro escondido en un campo que no le pertenece, y la cuarta, a un comerciante de joyas finas que encuentra una perla de gran precio,  ambos venden gozosos todo lo que tienen para adquirir lo encontrado. El reino de los cielos persuade radicalmente a aquellos que lo encuentran.

La quinta analogía se refiere al reino de los cielos con una red de pescar que al ser lanzada a un lago, captura toda clase de peces y que luego que la red se llena es llevada a la orilla, donde son separados los pescados buenos y malos. Esta parábola nos muestra la inclusividad de la gracia que invita a todos los seres humanos a encontrarse con Jesús y abrirse a la transformación.

¿Qué nos dicen en “arroz y habichuela” estas parábolas? Primero el reino de los cielos se manifiesta con pequeños detalles, y trabaja de forma oculta y misteriosa que no podemos controlar, hasta alcanzar su máxima expresión.  Esta es la clave para comprender la manifestación del reino.  En medio de los mensajes sensacionalistas sobre el Reino, es fundamental entender lo que Jesús enseñó sobre el mismo.  De hecho hay muchos cristianos que confunden el Reino de los cielos con la Segunda venida de Cristo (Parusía).  Esta confusión de estas dos enseñanzas no les permite experimentar el poder del Reino en el aquí y el ahora como Jesús enseñó:

 Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: “!Mirad, aquí está!” !Allí está!” Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está (Lucas 17: 20-21).

En las parábolas, Jesús nos llama a prestar atención a las cosas pequeñas e inusuales que están ocurriendo dentro, fuera y alrededor nuestro como señales del reino de los cielos, pero aún más, estas cosas que están ocurriendo nos están llamando a hacer cambios en la forma que participamos en el mundo. El reino de Dios nos llama a evaluar nuestras prioridades en tiempo y en orden, y a atrevernos a elegir aquellas cosas que responden a los propósitos de Dios y que traerán mayor bienestar a nuestras comunidades.

Este reino cambia una semilla en un  árbol, leuda la masa de harina, hace que la gente venda todo por alcanzarlo. El reino cambia la iglesia de una centrada en sí misma a una que mira hacia afuera y se solidariza con el mundo. El reino cambia nuestra mente para vivir conforme al movimiento del espíritu, y a un vivir en plena humildad en el mundo. El reino es la respuesta de Dios para cada problema humano, no importa lo complejo que pueda ser.

Pidamos al Señor que amplíe las fronteras de nuestro entendimiento para ver y entender las manifestaciones del reino en nuestro vivir cotidiano y que dicho entendimiento nos capacite para ser agentes para la continua transformación personal y de nuestro entorno.   !Muchas bendiciones!

¿Cómo hacer que mis palabras sean escuchadas como Palabra de Dios?


sembrador 2

Por Samuel Caraballo-López

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” Romanos 1:16

El texto de este domingo 16 de julio de 2017, lo encontramos Mateo 13: 1-23, en la conocida parábola del sembrador.  Las parábolas son anécdotas imaginarias que llevan al lector a considerar un asunto sin percatarse en primera instancia que lo que se dice se aplica a él o a ella. Jesús utilizó este género literario, común en el Antiguo Testamento y en la literatura rabínica para despertar la curiosidad y atraer la atención de sus oyentes.

Es importante aclarar que las parábolas originales de Jesús, como es en este caso particular, recibieron modificaciones por las diferentes comunidades en las que se dieron a conocer, para que respondieran a los nuevos contextos y realidades a las que se enfrentaban (compare este relato de Mateo con Marcos 4: 1-20; Lucas 8: 4-15).

Hay algunas premisas que son necesarias para la comprensión cabal de este enigmático pasaje bíblico.  Primero, lo más importante en la predicación cristiana es el evangelio en sí, no la persona que lo proclama, ni el estilo o forma en que lo hace.  Es el evangelio lo que hace a la Biblia ser Palabra de Dios.  Dicho de otra forma, la Biblia es Palabra de Dios escrita, en la medida que encontramos a Jesucristo en ella. Por lo tanto, toda predicación debe estar enraizada fielmente al significado del texto y alineada con la persona y obra redentora de Jesucristo. Aquellos que leen la Biblia y no encuentran a Jesucristo en ella, no se han encontrado con la Palabra de Dios.

pulpitos

Uno de los principales problemas que se observa en la Iglesia contemporánea es su recurrencia a la “canonización” de ciertos predicadores, e inclusive de sus estilos o formas de proclamar. Se nos olvida que la autoridad máxima de nuestra fe es Jesucristo, y Él es la revelación plena de Dios, es en El que estamos completos (Colosenses 1:15-20).

Un segundo y no menos serio problema de nuestras congregaciones cristianas es que un gran porciento de nuestras alocuciones dominicales o sabatinas no las podemos llamar “predicaciones” en sí, porque en su contenido no encontramos el evangelio.  Por lo tanto, lo que muchas veces se comparte de nuestros púlpitos puede ser información valiosa, motivadora, moralizante, entretenida e inclusive llena de datos importantes para nuestro acervo cultural, pero jamás será la Palabra que sale de la boca de Dios, y que sacia nuestra sed y hambre espiritual.

Un tercer problema de igual magnitud es la forma en que pretendemos que nuestro auditorio reciba y entienda el mensaje del evangelio. En ocasiones la proclamación dominical se concibe como un mero acto ritual, con poca o ninguna vinculación con la liturgia, y que se sirve como un “menú” más, sin validar las implicaciones salvíficas que esta tiene para el oyente.  Este aspecto me interesa atenderlo con premura a la luz de la parábola del sembrador, que está bajo consideración este domingo.

Esta parábola del sembrador se relaciona con las faenas agrarias comunes en Israel y con los diferentes tipos de suelos en las que se realizaba dicha tarea.  La trama del relato nos sorprende, porque contrario al optimismo del profeta Isaías, la Palabra de Dios puede no cumplir el propósito para el cual es proclamada y convertirse en infructuosa.

El mensaje del Segundo Isaías 55: 10-13, plantea que toda Palabra que sale de la boca de Dios cumplirá siempre los deseos y propósitos del que la envía. Este texto en su contexto del llamado a salir del exilio babilónico tiene una explicación optimista, sin embargo, Jesús nos advierte sobre las dificultades y obstáculos que tiene la proclamación del evangelio del reino:

 “Cuando alguien oye la palabra acerca del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón.” (verso 18).

Este detalle de la parábola en su estrato original nos sorprende, si nuestro mensaje no es entendido por el oyente, Satanás lo arranca de su corazón y no produce fruto.  De hecho, el fruto que produce la Palabra de Dios en el oyente está primeramente condicionado a su entendimiento del mismo.

Cuán importante para un predicador es entender que el evangelio, que es la Palabra de Dios, debe ser comunicado de tal forma que pueda ser recibido y entendido por nuestro auditorio, tanto para su salvación como para la preservación de esta. La interpretación que hace Mateo de esta parábola es el mejor ejemplo de la expresión anterior (vea versos 18-23).  Las diferentes clases de terrenos se refieren a la forma que los oyentes de Mateo responden al evangelio que se les predica.  Hay un elemento que determina la clasificación de esos terrenos; en que medida los oyentes entendieron y encarnaron el mensaje del evangelio.

 “Pero el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende.  Este si produce una cosecha al treinta, al sesenta y hasta al cien por uno.” (verso 23)

Es imprescindible explicar los elementos distintivos de la proclamación del evangelio de reino de Dios. Hemos dicho que la predicación consiste en dar a conocer las Buenas Noticias de Jesús de tal forma que nuestro auditorio la reciba y entienda.   Una responsabilidad indelegable de todo predicador es comprender y encarnar personalmente el mensaje original de Jesús, según nos fue trasferido por los apóstoles, para poder trasmitirlo con fidelidad a su auditorio. Así que todo predicador debe entender y comunicar el evangelio de manera fiel, clara, honesta, y adecuada a la realidad de su auditorio. ¡Esa es la responsabilidad primaria del proclamador!

En segundo lugar, el predicador NO puede perder de vista, que es su auditorio el objetivo de toda su preparación. El mensaje que se proclama es para ser recibido e interpretado de manera personal por su auditorio.    Eso no lo podemos hacer solo, se requiere la asistencia directa del Espíritu Santo.  ¡El Espíritu no puede faltar en todo proceso de preparación y entrega del mensaje del Evangelio!

Espiritu Santo

No considerar al Espíritu Santo hará que nuestro mensaje pase “como un viento recio” sobre la cabeza de nuestro auditorio (Hechos 1:8). ¡Sin el Espíritu confirmando el mensaje del evangelio que se proclama la comprensión cabal del mismo será limitada! (1 Corintios 2: 1-5).

Si la mayoría de mis lectores que se declaran como cristianos predicaran el evangelio, la obra redentora de Jesucristo cubriría como un gran lienzo nuestro mundo, habría cambios genuinos en la vida de muchas personas, en nuestras congregaciones locales y en nuestras ciudades. Así que prediquemos ¡Muchas Bendiciones!

Preguntas para la Fe Cristiana Evangélica… y mis respuestas


Por Samuel Caraballo-López

desiciones en situaciones de riesgo

Un estudiante me hizo las siguientes preguntas, que procedí a contestar con la mayor honestidad posible.  Hoy comparto las respuestas contigo con la intención de aportar a tu acervo cultural cristiano.  Espero que las respuestas sean más de ayuda que de confusión.  Muchas bendiciones.

Estudiante: ¿Cuál es su opinión sobre la reencarnación y el espiritismo?

Respuesta:

La reencarnación o trasmigración del alma es una antigua idea indio-egipcia que  través de los pensadores griegos Pitágoras, Empédocles y Platón se da a conocer, y que nuevamente ha sido propagada por ciertos “gurus” mediáticos, como Delái Lama, y Deepak Chopra, y el fenecido Sai Baba, entre otros.  Esta ideas han tomado diversas vertientes a través de la historia.

En general, la reencarnación es la creencia según la cual el alma, después de la muerte, se separa del cuerpo y toma otro cuerpo para continuar otra vida mortal. Según esta creencia, las almas pasan por ciclos de muertes y nuevas encarnaciones. Un ser humano, por ejemplo, podría volver a vivir en la tierra naciendo como un nuevo personaje.

Una creencia reencarnacionista del mundo griego llamada “metempsicosis” (migración del alma), enseña que los grandes pecadores pueden reencarnar en un animal o una planta. La reencarnación está vinculada al concepto del “karma“, según el cual cada uno paga por su buen o mal comportamiento en sus próximas reencarnaciones. El alma de quien tenga un buen “karma” “transmigrará” encarnándose en un ser superior, quién tenga un mal “karma” encarnará como un ser inferior.  En las sucesivas reencarnaciones el alma podría evolucionar hacia la perfección hasta convertirse en espíritu puro que no necesita más reencarnaciones. Entonces se sumerge para siempre en la eternidad.

Los proponentes de la reencarnación creen que el alma es eterna pero no la persona. El alma habita en un cuerpo y cuando este se gasta se consigue otro. El alma no es individual, sino que forma parte de “dios” o “Brama”. El objetivo en los ciclos de reencarnaciones es pagar culpas de vidas anteriores y purificar el alma del mal hasta llegar a la “iluminación”, lo cual le hace posible quedar absorta en el “Todo”, el “alma mundial”.

La reencarnación es contraria a la doctrina fundamental del cristianismo de que por medio de la fe en el sacrificio de Jesucristo el ser humano es perdonado de todos sus pecados, y reconciliado con Dios.   El ser humano no tiene que pasar de existencia en existencia para purgar sus pecados y  santificar su carácter. Al acercarse por la fe a Jesucristo, Dios le imputa la justicia y dignidad de su Hijo, haciéndolo una nueva criatura, sin tener que vagar por diversas existencias buscando dicha purificación.

También la reencarnación es contraria a la doctrina de la resurrección.  Los cristianos creemos en la resurrección del cuerpo conforme a las enseñanzas de Jesucristo (Juan 11: 25; Mateo 22: 29-32). Es importante reconocer que las Sagradas Escrituras desconocen alguna doctrina sobre la reencarnación, por lo contrario, establecen con claridad meridiana que la muerte humana es una sola y después nos enfrentamos al escrutinio divino (Hebreos 9:27).

En cuanto al Espiritismo como lo conocemos actualmente, encontramos sus raíces en Allan Kardec en el siglo XIX.  La enseñanza del espiritismo tiene una gran relación con la reencarnación y su concepto de inmortalidad del alma.  Para el espiritismo el ser humano es un espíritu encarnado.  Esta creencia afirma la existencia de espíritus buenos y malos que tienen influencia sobre los seres humanos.  Esa visión de la existencia dualista, lo material y lo espiritual de forma independiente, sirvió de base a muchas enseñanzas del espiritismo.

Para los cristianos el espiritismo tanto “popular”, como “científico”, tienen sus raíces en una concepción dualista del ser humano y en la creencia de un mundo espiritual que ejerce influencia sobre la vida humana.  Los cristianos rechazamos ese dualismo, que no proviene de las enseñanzas de las Escrituras y postulamos la integridad del ser humano.  De hecho, el cristianismo es la religión más materialista en el sentido de valorar el cuerpo humano como templo del Espíritu Santo (I Corintios 3:16).

Aunque la cosmovisión cristiana no niega la existencia de poderes malignos, con influencia limitada sobre el Ser Humano, no los considera dioses.  Además, aunque reconocemos la existencia del mal, esta existencia esta sujeta a la soberanía de Dios y dichos poderes fueron derrotados, anulados y sometidos al Señorío de Jesucristo, en el evento del Sacrificio de Cristo en la Cruz (Colosenses 2:9-15).

Estudiante: ¿Qué cree usted sobre el ecumenismo? ¿Por qué?

Respuesta:

El movimiento ecuménico es un movimiento mundial de establecimiento de buenas relaciones entre las iglesias cristianas (intra-religión) y entre diversos movimientos religiosos del mundo (inter-religión).  El primero es promovido por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y el segundo es un movimiento promovido principalmente por instituciones que fomentan la paz y convivencias entre las diversas religiones.  Nuestra iglesia (Iglesia Evangélica Unida de PR) entiende que podemos tener relaciones cordiales con otras congregaciones hermanas que comparten la fe cristiana. De hecho, nuestros orígenes como denominación comenzaron cuando tres (3) iglesias cristianas históricas tomaron la decisión de unirse y constituir una sola iglesia.  Por lo tanto, creemos y sustentamos que la voluntad de Dios es la unidad de la iglesia cristiana, y la fomentamos en todas nuestras actividades.

En cuanto a el ecumenismo Inter-religioso, creemos en el respeto a la diversidad cultural y religiosa, y que inclusive podemos trabajar con grupos de diversos sectores religiosos no cristianos, para lograr metas comunes de bienestar para todos. Sin embargo, NO creemos, ni fomentamos el sincretismo religioso.   Cuando hablamos de sincretismo religioso nos referimos a la integración en actividades cúlticas e intercambios de pulpitos, con religiones no cristianas.  Creemos en mantener nuestra autonomía particular y fidelidad a los postulados del Evangelio de Jesucristo.

Estudiante: Cómo compara la forma de celebrar la semana santa en los tiempos de su                           niñez y la adolescencia con la forma en que se celebra actualmente?

Respuesta:

Dado que la visión cristiana dominante durante mi niñez fue el movimiento Católico Romano, la semana Santa era vista principalmente desde una perspectiva “mística”.  El énfasis en darle vida a los eventos literales de la semana santa era muy claro.  Apenas se podía comer carne y hacer tareas que parecieran contrarias a ese sacrificio de Cristo.

Hoy en día la celebración es mucho mas centrada en el significado del sacrificio de Cristo.  Hay una apertura hacia entender el evento de la cruz, ya no como un acto para lamentarse, sino como un acto lleno de significado.  La semana santa se ve ahora como una semana normal, sin los aspectos “místicos” que la caracterizaban para cuando yo era niño.  De hecho, ahora me parece que tiene más sentido que en el tiempo mío, donde la superstición era el factor dominante.

Estudiante: ¿Cuál cree usted que sean las causas o factores que han hecho de nuestra sociedad una altamente violenta?

Respuesta:

Hay muchos factores que han hecho de nuestra sociedad una violenta:

  1. Pérdida del sentido de la santidad de la vida.
  2. La exclusión de sectores dentro de una nación que es de todos.
  3. Hay un marcado desequilibrio entre los poderosos y los que carecen de poder, los ricos y los pobres, que ha creado una exclusión de los grupos menos privilegiados, confinándolos a lugares específicos donde no afecten a los poderosos.
  4. La glorificación de la violencia por los medios de comunicación y la industria del entretenimiento.
  5. Hay un creciente intento de legitimar la violencia, especialmente la que se comete en las guerras y la que promueven las industrias armamentistas.

A mi me parece que cuando nuestra sociedad atienda estos factores de forma equilibrada y seriamente, podremos luchar contra esta creciente cultura de violencia que amenaza con envolvernos.

Estudiante: ¿Qué está haciendo o que puede hacer su iglesia para la reducción o erradicación del problema de la violencia en la sociedad?

Respuesta:

Nuestra iglesia ha determinado fomentar dentro de ella un ambiente y cultura de paz.  Hemos examinado nuestras estructuras y nuestros procedimientos para erradicar todo vestigio de injusticia, violencia y exclusión dentro de los mismos. Estamos fomentando mayor participación de los grupos menos privilegiados en la totalidad de las decisiones de la iglesia.

En cuanto al trabajo concreto que realiza nuestra iglesia, podemos mencionar un creciente trabajo de la iglesia para erradicar, dentro de ella, la violencia religiosa, la desigualdad de la mujer, y fomentar la equidad, junto a prácticas administrativas y ministeriales que afirmen la paz y la justicia dentro de sus congregaciones.    Hemos denunciado en el plano nacional e internacional que la violencia tiene que ser combatida en todos los frentes y no crear que la ilusión que el problema es solo de género, familiar o individual.

Hemos reclamado el cese de las guerras porque son malas a la humanidad vengan de donde vengan. No se puede legitimar la guerra, aunque esta se trate de justificar como una guerra de prevención. Hemos reclamado el fin de las hostilidades en diversos países, y el crecimiento de las industrias armamentistas que fomentan las guerras.

Por otro lado, hemos tomado iniciativas propias para concienciar sobre la violencia doméstica, el abuso de niños, el fomento de la justicia social y ecológica en la isla.  La iglesia celebra talleres de capacitación, seminarios, cursos y actividades diversas que fomentan la creación de una cultura de paz y de justicia sostenida en los postulados del Evangelio del Reino de Dios.

¡Así nos ayude Dios!

A romper los muros: Un llamado a mirar hacia afuera


derribando muros

Por Samuel Caraballo López

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.  Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,  y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. (Mateo 28:18-20).

Este domingo me gustaría compartir contigo algunas reflexiones sobre el significado de ese mandato divino, que Jesús resucitado, desde Galilea, comunicó a sus discípulos.  Entender esta Gran Comisión puede hacer la diferencia en la vida de un creyente y de su congregación. La autoridad de Jesús es la base para la comisión de sus discípulos:
Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra.  Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones”.
Esta autoridad que es absoluta (Mateo 28: 18b), garantiza el éxito de la empresa delegada.
Analicemos por parte esta Gran Comisión.  Primeramente, se nos llama a Ir (vayan), y mientras caminamos hagamos discípulos  de Jesús a aquellos que encontremos en el camino y respondan a dicha invitación. Esta Gran Comisión tiene la particularidad que puede ser  informal–“mientras caminamos”, “mientras laboramos”, “mientras nos devertimos”,  o puede ser también formal–“organicen programas para ir, “establezcan estrategias para alcanzar”.  Lo importante es reconocer que la Gran Comisión de Jesús consiste primero en ir y seguida de  hacer discípulos.
En segundo lugar, el hacer discípulos no puede ser confundido con la confesión pública de fe en Jesús como Dios o Señor.  El hacer discípulos es que, además de la confesión pública, se establezca un compromiso, un enlace literal con Jesús.  Es decir que entre el discípulo y su Maestro, no solo exista un creer y conocer sus enseñanzas, sino una relación vinculante en tiempo real (Marcos 2: 14-15).  Cuando hablamos de relación vinculante nos referimos a que la conducta del discípulo dependa de la voluntad del Maestro. 

Tercero, la Gran Comisión tiene amplitud mundial e inclusiva.  Mi relación con Jesús me lleva a la solidaridad con los seres humanos de diversas visiones cristianas, etnias y culturas,  no importa donde sea su localización residencial.    La solidaridad cristiana implica afecto, respeto, identificación y tensión.  Es la fidelidad hacia el amigo o del desconocido, la comprensión del maltratado, el apoyo al perseguido, la valoración e inclusión al discapacitado, el estar presente en el dolor y la alegría, el respaldo a causas que pueden ser impopulares o perdidas, todo eso puede no constituir propiamente un deber de justicia, pero si es un deber de solidaridad. El discípulo de Jesús mantiene una solidaridad en tensión con los poderes y prácticas de este mundo.

John Wesley

El gran pastor anglicano y teólogo cristiano británico, John Wesley (1703-1791), expresó la siguiente frase, “El mundo es mi parroquia”. Esta frase establece la postura del discipulo de Jesús, que es ser solidario con el mundo.  Es decir, él acompaña en forma misericordiosa al mundo en todo lugar donde existan seres vivos, y por lo tanto, el compromiso no se limita a un país, una cultura, un sistema o un grupo étnico particular.  Nuestro compromiso es el mismo que tiene Jesús con su Creación.

Finalmente, y frente a este  texto de Mateo 28: 16-20, nos debemos preguntar con sinceridad lo siguiente:

En medio de la diversidad humana, ¿qué sectores o grupos hemos excluido de nuestra misión, liturgia y enseñanza?  ¿Están siendo alcanzadas  las personas con diversidad funcional que viven en nuestras comunidades? ¿Cuáles labores de solidaridad comunitaria ocupa la mayoría de nuestro tiempo? ¿Qué proyectos de acompañamiento comunitario son parte de nuestros planes estratégicos? ¿Qué necesidades nacionales estamos atendiendo en nuestra cargada agenda eclesiástica? ¿Cuántas alianzas estratégicas tenemos con otras comunidades de fe para predicar el evangelio o enfrentar los problemas medulares que enfrenta nuestro país? ¿Cuál es nuestro compromiso con las misiones internacionales?

La respuesta a estas preguntas nos dará una idea de. compromiso que tenemos con la Gran Comisión de Jesús.  Muchas Bendiciones!

El pentecostalismo…100 años en Puerto Rico (1916-2016): ¿Cuál ha sido su aportación medular?


Espíritu Santo.jpg

Por Dr. Samuel Caraballo-López, Profesor Escuela Graduada Universidad Teológica del Caribe.

“Dedicado a mi padre, Rvdo. Rufino Caraballo-Carmona y a mi suegro Evangelista Luis Hernández-Rivera, y  a esos hombres y mujeres que lo dieron todo por difundir el Evangelio.”

En el pasado mes de noviembre, se cumplieron 100 años del inicio del movimiento pentecostal en la ciudad de Ponce.  Esa primera congregación, afiliada en aquel entonces, a las Asambleas De Dios, fue establecida por Juan L. Lugo-Caraballo, un joven emigrante de 26 años, que luego de viajar a Hawái, se traslada a California, y posteriormente vía New York regresa a Puerto Rico, dando inicio a este movimiento.

El legado de Juan León Lugo-Caraballo  al pentecostalismo puertorriqueño es significativo[1], y lo podemos resumir diciendo que fue el pionero del movimiento en la isla al importarlo desde la Calle Azusa, en California, y convertir a Puerto Rico en un bastión de dicha actividad.  De hecho, a través de sus 25 años de ministerio, exportó este movimiento a Latinoamérica y el Caribe.   Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el crecimiento, amplitud y fortaleza que tienen los movimientos pentecostales en el Caribe, Centro y Sur América tiene como uno de sus pioneros a este dedicado ministro del evangelio.

Tuve el privilegio el 17 de abril de 1996, participar en un diálogo entre el sector pentecostal y las denominaciones protestantes históricas norteamericanas en Massachusetts (USA).  Los principales exponentes eran el Pastor Ulises Muñoz, Presidente de la Iglesia Pentecostal de Chile, acompañado del Pastor Oscar Aguayo, líder de la Iglesia Pentecostal de Chile y al otro lado el Dr. Harvey Cox, en ese momento Profesor de Religión de la Universidad de Harvard y la Dra. J. May Luti, Decana Asociada de Andover Newton Theological School, donde yo hacía mis estudios doctorales.

La experiencia de todo el día fue inolvidable, y es mi interés incluir en este escrito parte de lo discutido durante ese evento, junto a experiencias propias y algunos entendimientos traídos por Harvey Cox en su libro Fire from Heaven (1995)[2].  En este libro, Cox hace un análisis profundo de las razones del crecimiento de los movimientos pentecostales en el mundo, y que, dada la conmemoración de estos 100 años, me gustaría compartir con mis lectores.  No podemos pasar por alto que este mismo teólogo en la década del ’60, predice erróneamente en su libro la Ciudad Secular [3], el cambio radical de la iglesia, de una institución religiosa a una centrada principalmente en los aspectos sociales.

Harvey Cox, 30 años después, reconoce su gran error del pasado, y plantea un nuevo cambio radical de la iglesia, ahora, hacia una espiritualidad vibrante.  Para sostener esta nueva propuesta, toma como referencia al movimiento pentecostal en todo el Continente Americano.  Cox postula que la razón del crecimiento de estos movimientos se debe principalmente a que éstos recobran las tres (3) dimensiones de la espiritualidad de los primeros cristianos, a mencionar: (a) el discurso original de la fe, (b) la piedad original, y (c) la esperanza original.  Es importante retomar dicha declaración,  para que sirva de “pie forzao”  a la reflexión sobre la renovación de la iglesia frente a la gran celebración de los 500 años de la Reforma Protestante que se aproxima.

Primero, según Cox, los pentecostales han recobrado el discurso original de la fe, muy especialmente manifestado en las experiencias carismáticas, que llamamos la “glosolalia” o el hablar en lenguas, en el don de profecía, la palabra de ciencia y sabiduría, y el orar en el Espíritu.[4]    En medio de una pérdida del valor de las palabras, y donde el “floreteo” del discurso “políticamente correcto” domina en la palestra pública, tanto en lo secular como en lo religioso, es necesario aprender a hablar y a orar, con otra voz; la voz y el lenguaje del corazón.  Este discurso original genera una mística que hace sentir a los participantes que están en espacios santos, donde la presencia divina es una realidad concreta, y muchas veces literalmente palpable.

Para Cox, esta recuperación del discurso primario es una respuesta al “déficit” de experiencias extáticas sanas que existe en nuestro mundo.[5]  De hecho, el éxtasis no es un estado irracional, sino más bien como diría Teresa de Avila, y luego Paul Tillich, “la forma de conocer lo trascendente”.[6] Podemos decir que los movimientos pentecostales son una respuesta a la subestimación de ciertos sectores religiosos a lo “místico” en la cotidianidad de la experiencia humana.  El pentecostalismo se distingue por crear ambientes seguros para que los pobres y desposeídos de la tierra, experimenten las manifestaciones concretas del Dios Todopoderoso Dios, que les ama y desea comunicar ese amor a ellos.

El hablar en “lenguas”, como discurso primario, tiene el propósito de impulsar a los creyentes mediante el Espíritu, a cumplir la Gran Comisión (Mateo 28:16ss), y proveer los recursos y la fortaleza para aquellos, que, aunque carecen de fluidez para la proclamación, sientan que en el orar en lenguas, son capacitados para compartir también el mensaje redentor de Jesucristo (Romanos 8: 26ss). El hablar en lenguas como discurso primario representa la médula misma de la convicción pentecostal de que el Espíritu de Dios no necesita mediadores, sino que está disponible para cada persona en una forma intensa, inmediata y desde la interioridad.[7]

Este “discurso primario” que es recuperado por el pentecostalismo, capacita al creyente para responder a situaciones de crisis y de riesgo.  En medio de situaciones en la que carecemos de palabras, recursos y defensa, el Espíritu de Jesús se manifestará para hablar y responder en nuestro lugar (Lucas 12: 11).

Según Cox, la segunda dimensión que los movimientos pentecostales han recuperado es la piedad original, que hace resurgir las visiones, la sanidad, los milagros, los sueños, la danza, experiencias de éxtasis, la liberación de demonios, el ayuno, los retiros, la vida en comunidad, y todo tipo de expresiones arquetípicas de la religión en la Iglesia primitiva.[8]  Estas experiencias que marcan la vida de los participantes, las conozco de primera mano, porque nací en el seno de una congregación pentecostal.  Mi padre fue pastor por 43 años, y estos signos y maravillas fueron parte de mi cotidianidad como niño, adolescente, joven, y aún hoy como adulto.

Adicional a las diversos signos y maravillas presentes en los cultos pentecostales, hay alabanzas en voz alta, súplicas, intercesiones, rogativas, acciones de gracias centradas en Jesucristo.   El sociólogo francés Emile Durkheim llama a estas manifestaciones “formas elementales de la vida religiosa”[9], las cuales son los fundamentos de toda religiosidad humana.  Este resurgimiento de una espiritualidad original de la iglesia primitiva mezcla elementos, que según, el también sociólogo David Martin, van de lo pre-moderno a lo posmoderno, de lo pre-literario a lo post-literario, de lo festivo a los encuentros grupales.[10]  Dicho de manera resumida, el pentecostalismo presenta una diversidad de manifestaciones de la piedad primitiva que puede alcanzar un espectro amplio de realidades humanas.

La tercera dimensión que menciona Cox, es la recuperación hoy de la esperanza primitiva de la iglesia, que proclama la segunda venida de Cristo o “parusía”, y afirma la llegada de un “cielo nuevo y una nueva tierra” que sustituirá al existente.  Esta es la esperanza que trasciende a todo tipo de contenidos teológicos.  Es la recuperación de la utopía de un reino milenial, y de lo que el filósofo alemán Ernst Bloch una vez llamó el “principio de la esperanza”[11], donde se rechaza que lo que vemos hoy es todo lo que hay o es todo lo que puede ser.  Esto es lo que el escritor de los hebreos llama, “la certeza de las cosas que se esperan y la evidencia de lo que no se ve” (Hebreos 11: 1).  Los pentecostales están orientados más al futuro que a un esquema concreto de vida, y persisten en esta visión a pesar de los aparentes fracasos de dicha esperanza para materializarse.

Ahora bien, el pentecostalismo ha manejado muy bien la “tardanza” de la Segunda Venida de Cristo, reconociendo que los beneficios del Reino futuro se pueden experimentar de forma parcial en el presente.  Este aspecto es sumamente importante para la permanencia de la visión futura del pentecostalismo.  Aun cuando la mayoría de los pentecostales creen en un reino milenial, eso no detiene que mediante el Espíritu y la fe los beneficios se adelanten en el presente.  Esta visión ha llegado a ser el vehículo global de la restauración de la esperanza primaria de la iglesia.  El mensaje pentecostal provee a las personas desanimadas una “visión alternativa” a la que el mundo propone como la buena vida.  El pentecostalismo restaura las visiones proféticas de Isaías y de Apocalipsis de un orden nuevo, de justicia, paz y prosperidad, generando una motivación para superar las dificultades del diario vivir.

Sin embargo, aun cuando los pentecostales creen en la inminente y visible Segunda Venida de Cristo, la tenacidad de su fe ha hecho que su mensaje se contextualice a medida que pasan los años. De hecho, han sido los movimientos Pentecostales y Carismáticos los que han sacado la cara por la Iglesia cristiana en  la evangelización del mundo, muy especialmente en África y América Latina. Son las iglesias pentecostales las de mayor crecimiento numérico en el mundo. Las estadísticas nos demuestran que en el 1900 los Pentecostales y Carismáticos eran 981,000 en el mundo y en el 2015 son 643,661,000 (643 millones) y se proyecta que será 1.2 billones en el 2050. Ciertamente, el Espíritu sigue moviéndose en el mundo entero, cumpliendo su misión de alcanzar a los inalcanzados[12].

Sé que, para algunos de mis lectores, el hablar en lenguas, los mensajes proféticos, las alabanzas y expresiones de adoración en voz alta, común en el culto pentecostal, es el fenómeno más “bizarro”, que se puedan imaginar ya que no se ajusta a los patrones de la religión dominante.  Sin embargo, eso que algunos pueden llamar “bizarro”, ha sido fuente de transformación e inspiración de miles de personas que vivían al margen de la sociedad. Para muchos en diversas partes del mundo, este resurgir de los movimientos pentecostales es lo que les ha dado sentido a sus vidas, ha mejorado su calidad de vida y hoy son personas que aportan significativamente a la formación de un mundo nuevo.

Es importante mencionar que una de las mayores aportaciones que ha hecho el movimiento pentecostal, es la participación activa en la misión de la mujer. Es difícil, según Cox, y yo secundo, imaginar el crecimiento del movimiento pentecostal sin la participación de las mujeres.[13] De hecho, no podríamos entender del todo el movimiento pentecostal sin reconocer en los Estados Unidos, mujeres como Kathryn Kuhlmann y Aimee Semple McPherson en el mundo anglo-sajón  y Leo Rosado entre los emigrantes en la ciudad de Nueva York; en Puerto Rico  a Pilar Ortiz, Aurea Martínez Vilar, Gloria González de Hernández, Helenia González de Rolón, Marilú Dones y Wanda Rolón, entre otras.

No hay duda que el éxito del movimiento pentecostal en el mundo, se le debe a los miles de mujeres voluntarias, que en el anonimato e impulsadas por el Espíritu, se lanzaron a llevar las buenas noticias del evangelio por todos los lugares.  Con ellas, las que viven o han partido a la casa celestial, la Iglesia Cristiana tiene una deuda de gratitud impagable, que tenemos que reconocer.

Finalmente, la celebración de estos 100 años del pentecostalismo en nuestra isla es un  excelente tiempo para “robustecernos de conciencia”.  Es un tiempo para examinar las premisas en que sostiene nuestra fe, contrastándolas con las tres (3) dimensiones de la espiritualidad cristiana que son recuperadas por el movimiento pentecostal, (el discurso original de la fe, la piedad original y la esperanza original),  y evaluar nuestra práctica cristiana a la luz de la realidad puertorriqueña.

Llegó el momento y es ya,  para de ser audaces y pedirle a Dios que imparta sobre nosotros su poder para vivir a la altura de nuestro llamado y cumplir radicalmente con la ineludible misión de Cristo. ¡Muchas bendiciones!

Feliz Día de Pentecostés 2017.

Bibliografía

Alicea Lugo, Benjamín.  “El legado del Juan L. Lugo: el pentecostalismo puertorriqueño”, 2012. Accesado el 9 de diciembre de 2016, http://agwebservices.org/Content/RSSResources/El%20legado%20de%20Juan%20L.%20Lugo%20(PDF).pdf

Caraballo López, Samuel. 2014. “Pentecostés…Una invitación a examinarnos.”  Sin Miedo a Pensar Blog, 7 de junio de 2014.  Accesado el 9 de diciembre de 2016. https://samcaraballo.wordpress.com/2014/06/

Cox, Harvey G.  Fire from Heaven: The Rise of Pentecostal Spirituality and the Reshaping of Religion in the Twenty-firs Century. Reading, MA: Addison-Wesley Publishing Company, 1995.

____________. The Secular City: Secularization and Urbanization in Theological Perspective. New York:  McMillan, 1965.

Mass Conference of United Church of Christ.  Notas del diálogo entre Pentecostales e Iglesias históricas protestantes titulado What is the Holy Spirit Saying to Mainline Churches? A Seminar Providing Dialogue between the Pentecostal and Mainline Protestant Traditions.   Wellesley, Massachusetts: Wellesley Congregational Church, UCC,  April 17, 1996.

Ruíz Peña, Nínro.  “Los pentecostales representan el 70% de los protestantes en el mundo”, 3 de enero de 2013.  Noticia Cristiana, Accesado el 9 de diciembre de 20216, http://www.noticiacristiana.com/ciencia_tecnologia/estudios/2013/01/los-pentecostales-representan-el-70-de-los-protestantes-en-el-mundo.html

Santa Biblia. Versión Biblia Textual, revisión 1999, 2010, Sociedad Bíblica Iberoamericana. Nashville, TN: Holman Bible Publishers, 2010.

Notas:

[1]Benjamín Alicea Lugo. El legado del Juan L. Lugo: el pentecostalismo puertorriqueño (2012), Accesado el 9 de diciembre de 2016, http://agwebservices.org/Content/RSSResources/El%20legado%20de%20Juan%20L.%20Lugo%20(PDF).pdf

[2] Harvey Cox.  Fire from Heaven: The Rise of Pentecostal Spirituality and the Reshaping of Religion in the Twenty-firs Century (Reading, MA: Addison-Wesley Publishing Company, 1995).

[3] ___________. The Secular City (New York:  McMillan, 1965).

[4]Harvey Cox. Fire from Heaven, 82.

[5]Ibid,

[6] Ibid, 87

[7] Ibid.

[8] Ibid, 99.

[9] Ibid, 82, 101.

[10] Ibid, 110.

[11] Ibid, 82

[12] Ruíz Peña, Nínro.  Los pentecostales representan el 70% de los protestantes en el mundo (3 de enero de 2013).  Noticia Cristiana, Accesado el 9 de diciembre de 20216, http://www.noticiacristiana.com/ciencia_tecnologia/estudios/2013/01/los-pentecostales-representan-el-70-de-los-protestantes-en-el-mundo.html

[13] Harvey Cox. Fire from Heaven, 121.

¿Invencibles?—cuando hablemos a una sola voz


invencibles 2

Por Samuel Caraballo-López

Padre celestial, dentro de poco ya no estaré en el mundo, pues voy a donde tú estás. Pero mis seguidores van a permanecer en este mundo.  Por eso te pido que los cuides, y que uses el poder que me diste para que se mantengan unidos, como tú y yo lo estamos (Juan 17: 11, TLA).

Este domingo 28 de mayo de 2017, es la antesala de Pentecostés, y el texto que sirve de base a esta reflexión lo encontramos en el Evangelio según Juan 17: 1-11.  Este discurso pertenece a la segunda parte del evangelio, llamado El Libro de la Gloria, que se extiende desde el capítulo 13:1 hasta el capítulo 20: 31.

De hecho, el texto de hoy forma parte del último discurso de Jesús antes de ser arrestado.  Las expresiones de Jesús en este discurso, más que una plegaria, es una construcción teológica comparable al Sermón de la Montaña de Mateo (caps. 5-7).  Este discurso se parece a un testamento o un discurso de despedida, en que un Padre exhorta a sus hijos ante su inminente partida. En este discurso Jesús manifiesta tristeza, rememora su vida, obra y enseñanzas pasadas (17: 4-8), ademas de afirmar  la esencia misma de la unidad cristiana (17: 11).

En la iglesia en que crecí se cantaba un pegajoso coro que realmente representaba la visión  correcta de lo que es la unidad en el Espíritu:

No me importa la iglesia que vayas

Si detrás del Calvario tú estás,

Si tu corazón es como el mío,

Dame la mano y mi hermano serás.

Coro

Dame la mano, dame la mano, dame la mano

Y mi hermano serás (se repite)

La unidad no es cuestión de uniformidad, y mucho menos de coincidencia en todos los asuntos. De hecho, desde los orígenes de la Iglesia, el asunto de la unidad  se ha estado discutiendo acaloradamente.  Cuando miramos las primeras cartas del apóstol Pablo, e inclusive los Evangelios, nos percatamos de inmediato que el asunto de la unidad cristiana siempre estuvo presente en la agenda de los hagiógrafos. Esto claramente indica que la diversidad sin integración fue un elemento común y distintivo de las primeras comunidades cristianas.

La Carta a los Efesios, es uno de los escritos del canon del Nuevo Testamento que recoge ese anhelo de unidad con mayor vehemencia:

Hagan todo lo posible por vivir en paz, para que no pierdan la unidad que el Espíritu les dio. (Efesios 4: 3).

El escritor de los Efesios introduce el concepto “unidad en el Espíritu” para referirse a la relación que debe existir entre los creyentes en Cristo.  De hecho, la naturaleza misma de la fe cristiana justifica  el llamado a la unidad:

Solo hay una iglesia, solo hay un Espíritu, y Dios los llamó a una sola esperanza de salvación.  Solo hay un Señor, una fe y un bautismo.  Solo hay un Dios, que es el Padre de todos, gobierna sobre todos, actúa por medio de todos, y está sobre todos. (Efesios 4: 4-6).Canon.jpg

Los Concilios Ecuménicos de la iglesia en los primeros siglos de la era cristiana, desde el de Jerusalén (51 d.C) hasta Constantinopla III (681 d. C),  se realizaron con el propósito de consolidar la iglesia frente a “amenazas” internas y externas.  La respuesta a estas amenazas divisorias fue el articular credos y doctrinas, y ante todo el canon de las Escrituras Cristianas en el siglo IV, para que sirviera de factor unificador a los creyentes. Por supuesto, este esfuerzo redujo significativamente la diversidad sin integración en las congregaciones primitivas.

En la actualidad las fuerzas disidentes continuan presente en la Iglesia, inclusive desafiando la ortodoxia cristiana, y lo que no fue fácil para los primeros creyentes tampoco lo es para nosotros hoy. De hecho,  en la actualidad se habla mucho de la unidad en la diversidad.   Aunque la Iglesia ha utilizado trilladamente el lema  “en lo esencial unidad, en lo no esencial libertad”, lo difícil ha sido conseguir  consenso para definir lo que es esencial y no esencial en la fe cristiana.

Uno de los grandes errores de algunas denominaciones cristianas ha sido tratar de forzar una “unidad” artificial, que realmente parece ser un intento de domesticar al Espíritu Santo,  y homogeneizar la diversidad, en lugar de tener apertura a la voz de Dios. La unidad de la iglesia no puede definirse como uniformidad, sino desde la doble naturaleza implícita en dicho concepto.  Cuando hablamos de la unidad cristiana se asume que hay principios y creencias que compartimos,  y simultánemente cualidades y visiones que nos distinguen.  Solo podremos caminar juntos como Iglesia de Cristo hacia propósitos y proyectos transformadores en nuestro pueblo, cuando aceptemos con humildad y respeto la doble naturaleza del concepto de unidad.

En el capítulo 17 de Juan, se presenta, lo que considero es el elemento básico y esencial para la unidad de la  Iglesia; una fe común y personal en Jesucristo, que inserta en nuestras vidas, por medio de una relación con el “Parákletos”, el amor y poder de Dios (versos 20-21).

La unidad que el Evangelio plantea, según Juan, es aquella que es producto de una confluencia cristológica. Conocer a Jesús es el principio y cimiento de la fe cristiana. Conocer a Jesús produce una nueva vida nacida “de lo alto” (Juan 3:3). Este punto es medular para entender la unidad en el Espíritu.

confluencia de ríos

Al establecer por la fe una relación con Jesús, no solo encontramos el amor y poder de Dios, sino que encontramos a otros creyentes, diferentes a mí, que también han llegado a Jesús, atraídos por la misma gracia de Dios (verso 6). Al encontrarnos en Jesús nos hacemos uno con El y en El,  no ocultando las diferencias, pero que ahora pasan a un segundo plano. Esta unidad es un requisito “sine qua non” para ser testigos eficaces de Jesús en el mundo (Juan 17: 18).

La comunidad  cristiana vive unida en la fe de Jesucristo, y es el Espíritu Santo el que nos amarra en su amor, como signo elocuente para el mundo (Jn 17,6-26). Es en esa relación con Jesús y su Espíritu que se da la unidad anhelada.  Es esa unidad que nos da la credibilidad para ir al mundo en el nombre de Jesús (Jn 17,17-19).  En el envío, el discípulo recibe la autoridad para proclamar el Evangelio, y en la “investidura” del Espíritu se recibe el poder de lo alto para expulsar a los poderes del mal que oprimen la humanidad, y remover los obstáculos que impiden su plena realización en Cristo (Juan 20: 21-23; Marcos 3: 13-15, RVR).

Cuando la misión se realiza bajo las anteriores condiciones, y solo así, ésta se convierte en una prolongación de la misión de Jesús.  ¡Muchas bendiciones y preparémonos para Pentecostés!

Emaús…¿cómo reencontrar mi Camino?


Camino 3

Por Samuel Caraballo-López

Y si el Mesías no fue resucitado, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe (1 Corintios 15:14)

El texto del 29 de abril, el tercer domingo de resurrección, lo encontramos en Lucas 24: 13-35.  Para comprender las verdades de estos textos es necesario hacer un análisis composicional del capítulo 24.  En este relato, Lucas nos habla de dos (2) caminantes, uno llamado Cleofás y otro sin nombre, (que se parece a ti), que se dirigían de Jerusalén a su lugar de residencia en la aldea de Emaús, luego de la  celebración de Pascua.

La investigación arqueológica ha encontrado que Emaús, es hoy el antiguo poblado de El Qubeibeh, establecido sobre una antigua fortificación romana llamada Castellum Emmaus, que se encuentra a una distancia exacta de sesenta estadios al norte de Jerusalén (11 kilómetros o 7 millas).  En el 1355, los sacerdotes franciscanos llegaron a aquel lugar y descubrieron ciertas tradiciones locales que permitieron la identificación en el lugar de la residencia de Cleofás, donde Jesús resucitado había estado. En 1902, se construyó una iglesia de estilo románico que perdura hasta hoy.

Estos discípulos, que nos narra Lucas, regresaban con todas sus esperanzas perdidas debido a la crucifixión de Jesús, de la cual ellos habían sido testigos.  Una semana atrás habían entrado a Jerusalén, en una caravana triunfal, dando voces de júbilo y cortando las ramas de los árboles que las tendían en el camino para que Jesús pasara (Marcos 11: 8-10). Ahora retornaban a casa, arrastrando los pies y mirando las ramas, que ahora estaban secas, como recordatorio que todos sus sueños se habían convertido en una triste pesadilla.

Al salir de Jerusalén, sabían ya que el cuerpo de Jesús había desaparecido de la tumba, ya que algunas mujeres de su grupo lo habían informado; pero ninguno de ellos le había creído (Lucas 24:11). Con cierto asombro e incredulidad le contaron al forastero, que estas mujeres alegaban que habían recibido el anuncio de la resurrección de Jesús a través de unos ángeles, sin embargo ninguno de sus compañeros fueron testigos de esto (Cfr. Lc. 24, 17-24).  Ahora se sentían tristes y titubeantes en su fe.

Me sorprende este pasaje de Lucas.  La caminata duró aproximadamente dos horas (11 kilómetros o 7 millas), y al llegar a casa habían pasado otra hora preparando la cena, y sin siquiera reconocer al que hablaba con ellos.  No fue hasta que se sentaron a la mesa y Jesús resucitado, toma el pan, lo bendice, lo parte y ofrece, que sus ojos se abren para descubrir que su acompañante era el Señor. Tardaron tres horas para entender que con ellos caminaba el Señor!  Lo lamentable es que muchos pasan toda la vida acompañados del Señor y no se percatan de esa realidad.

Yo siempre he creído en la veracidad del relato de Lucas y me he preguntado: ¿De qué hablaron durante esas tres horas?   El texto dice que estos iban conversando sobre todo lo que había acontecido (Lucas 24:14, 17-24).  Ellos estaban hablando del tema del momento…lo que había pasado en Jerusalén y de cómo habían crucificado a Jesús de Nazaret.  No podemos pasar por alto que sus ojos estaban velados (ekratounto). La crisis de la cruz, junto al temor que generaba la situación vivida, había alterado su corteza cerebral para que no pudiesen reconocer lo que era obvio.

Desde mi punto de vista el camino de Emaús puede parecerse a diversos momentos en nuestra vida. El camino de Emaús es  como  el camino que tomamos después de la fiesta de bodas, después de la graduación, después de una gran promoción en el trabajo, y de cuantas otras experiencias excitantes.  ¡Es el camino de la semana después!  Todos hemos tenido momentos de grandes logros producto de esfuerzos y privaciones, que luego de de una semana se acaba la efervescencia del momento, y nos encontramos nuevamente con la triste realidad del desencanto de que las puertas aún no se han abierto como pensábamos.

545223_4778012482127_1648021211_n

El camino de Emaús es la ruta de la resignación y la evasión que tomamos cuando no se cumplen nuestras expectativas en la vida: “pero nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quien redimiría a Israel” (verso 21).   El Camino de regreso a Emaús es ese momento en la vida en que nos sentimos perdidos, sin norte,  al no lograr nuestras aspiraciones, y que pensamos que volver atrás es mejor que perdernos en el camino.

Sin embargo, en el Camino de Emaús, aparece Jesús, que nos confronta con nuestra propia incredulidad y con las fantasías, que convertidas en ídolos, habíamos adorado.  Es ese Jesús resucitado que nos llama a reconsiderar nuestra vida, e ir a “Jerusalen” antes de volver a “Galilea”.

¡Qué torpes son ustedes—les dijo–, y que tardos de corazón para creer lo que han dicho los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria? (verso 25-26).

¿Por qué estáis turbados, y por qué dudas en vuestro corazón? (verso 38)

Emaús fue el camino en que mucho de nosotros, hombre o mujer, transitamos previo a nuestro encuentro con Jesús, nuestro Redentor y Señor.  Fue en Emaús en que Jesús resucitado se hizo compañero de viaje para reavivar la fe y esperanza en nuestro corazón, que los poderes de este mundo y las decepciones de la vida habían apagado.

Emaus 2

Finalmente, y según Ireneo de Lyon, Jesús al resucitar hizo estallar los cuarteles generales del poder del mal desde donde se dirigía todo el plan para tener esclavizada a la humanidad de la que somos parte. El poder del pecado, que se había adueñado de mis pensamientos haciéndome siervo de Satanás, fue derrotado, y su efecto esclavizante se quebrantó y anuló frente al poder de la resurrección.  Es por esto que ahora puedo vivir una vida nueva en la que el Resucitado es la cabeza de esta nueva humanidad.

Jesús resucitado, como cabeza de esa nueva humanidad, nos invita a salir del camino de Emaús  en que transitamos y unirnos en su proyecto de transformar todas las cosas por medio de Él.  ¿Aceptas su invitación?  ¡Muchas bendiciones!

Mis tinieblas…¿cómo identificarlas y superarlas?


tinieblas 2

Por Samuel Caraballo-López

Los textos para el 23 de Julio de 2017, sexto domingo después de Pentecostés, lo encontramos en tres (3) inspiradores pasajes bíblicos a mencionar:  Salmo 86: 11-17; Mateo 13: 24-30, 36-43; Romanos 8: 12-25.  Existe una enseñanza comun y complementaria en estos tres (3) pasajes, que deseo compartir contigo.

El salmo 86 es una poderosa oración de súplica y confianza que se le atribuye al Rey David. El verso 11 me llama la atención, ya que hay dos (2) peticiones que debemos considerar con premura porque pueden hacer una diferencia en nuestras vidas.

Enséñame, oh Señor, tu camino; andaré en tu verdad; unifica mi corazón para que tema tu nombre (LBLA).

La primera  solicitud es que Dios nos enseñe a vivir de acuerdo a sus  propósitos, y ésta va acompañada de una segunda petición para que el Señor nos permita vivir en integridad.  Es decir, para aprender de Dios, el requisito previo es tener un “corazón unificado” que sienta un profundo respeto por El.  Cuando se tiene integridad de corazón, es que podemos reconocer la  Palabra de Dios como viva y eficaz, y  anteponerla sobre cualquier otra enseñanza. Hoy te reto a que juntos le pidamos a Dios Dios que unifique tu corazon y el mio, para que la reverencia por lo divino se incremente.

El segundo texto lo encontramos en Mateo 13: 24-30, en la que se presenta la parábola del trigo y la cizaña y que es parte de los “dichos fuertes de Jesús”, y que en ocasiones “suavizamos” al dar homilías del mismo.  El trigo era, junto a la cebada, el principal producto de la dieta israelita. Por otro lado, se le llamaba “cizaña” (Lollium temulentum), a una graminia que crece generalmente en forma espontánea entre los cereales, conviertiéndose en una plaga y compitiendo con ellos en la adquisición de nutrimentos y agua. Esta planta es tan parecida al trigo, que se hacía muy dificil eliminarla, y solo  podía ser distinguida en el tiempo de la cosecha dada la diferencia de su semilla. De hecho la semilla de la “cizaña” es venenosa tanto para animales como para humanos, debido a un hongo endófito que vive en simbiosis con esta.

trigo y cizaña

No era raro en la época de Jesús, que alguna persona malintencionada, regara semillas de “cizaña” entre los sembrados de trigo y cebada de algún agricultor. Es decir existía el “terrorismo” agrícola. Esta parábola nos alerta de la posibilidad de la maldad humana se encuentre disfrazada, aun entre nosotros que nos llamamos cristianos.

Hay preguntas que asaltan mi mente al leer esta parábola.  Primero, ¿Se ha apoderado la “cizaña”en alguna ocasión de los campos de mi corazón, deteniendo mi crecimiento espiritual? Segundo, ¿Cuántas veces la  “cizaña” que ha crecido en mí ha afectado adversamente a otras personas? Tercero, ¿He tenido en alguna ocasión la experiencia de descubrir que el trigo que pensaba estaba creciendo en mi campo era realmente “cizaña”? Cuarto, al mirar  la iglesia hoy,  ¿cuál de estas dos plantas, que crecen juntas en el campo, estará dominando la gestión eclesiástica de mi congregación o denominación?

Por último, el Apóstol Pablo nos muestra en Romanos 8: 12-25, la importancia del Espíritu de Dios, para vivir vidas congruentes con los propósitos divinos.  De hecho el apóstol habla de dos (2) maneras de vivir, que son opuestas entre si;  el vivir conforme a la carne y vivir conforme al Espíritu.  Solo aquellos que viven conforme al Espíritu pueden agradar a Dios.  El apóstol nos llama a permitir que el Espíritu llene todo nuestro ser y destrone la carnalidad (cizaña) en nuestras vidas. Es decir, solo la asistencia del Espíritu Santo, nos puede transformar para que seamos trigo en el campo de Dios.

Es notable que los tres pasajes nos hablan del mismo anhelo.  El salmista identifica la necesidad de la integridad o unicidad del corazón para temer a Dios y obedecer su Palabra.  El Evangelio nos habla de la alta posibilidad de que la “cizaña” crezca junto con el trigo, inclusive en nosotros como personas y en nuestras instituciones. El texto nos alerta de la posibilidad del auto engaño, creyendo que ciertas acciones que parecen ser genuinas y buenas, sean realmente por su efecto, contrarias al reino de Dios y su justicia.

Finalmente, el Apóstol Pablo nos exhorta a vivir según el Espíritu para hacer morir las acciones carnales que nos conducen a la muerte.  Solo viviremos plenamente bajo la sombra del Reino, cuando el Espíritu de Dios habite en nosotros, y le cedamos nuestra autonomía para que guie nuestras vidas.

Nuestra oración es clara, necesitamos que Dios nos conceda la unicidad de corazón, para temerle y entender que no hay nada mejor que sus enseñanzas. Hay que solicitar a Dios por medio de Cristo, que aun cuando la “cizaña” pretenda dominar los sembrados de nuestro corazón, Él nos conceda su discernimiento para identificar el “sabotaje”, y enarbole dentro de mi su Espíritu como bandera para caminar de tal forma que Dios sea glorificado en lo que hacemos.  Muchas bendiciones!

El Espíritu de la Verdad… ¿cuento o realidad?


Espíritu de Verdad

Por Samuel Caraballo-López

En mi época de niñez los relatos sobre “espíritus” y almas en pena que salían en la noche y asustaban a todos los que se encontraban a su paso eran muy comunes.  Se escuchaban diversos cuentos y leyendas, que al oírlos el miedo me embargaba–“la llorona”, “el yure”, “los entierros”, “el hombre sin cabeza”, “el mayoral nocturno”, “las cadenas que se arrastraban”–– y cuantos más que no quiero recordar.   Al acostarme en la noche,  me arropaba de pies a cabeza, aunque la temperatura fuese de 100 °F.

Recuerdo que durante un tiempo mi familia asistió a una comunidad cristiana que quedaba en un barrio aledaño al que yo vivía. Dado que no teníamos vehículos para llegar a dicha congregación era necesario ir caminando hasta el templo. El gran dilema para mí como niño era que para llegar era necesario pasar por el cementerio del pueblo, y la gran mayoría de las reuniones cúlticas eran en la noche.  De hecho, los cementerios eran los escenarios protagónicos de estos cuentos populares.  Así que mis hermanos y yo, que solíamos adelantarnos a los adultos en dicha caminata, al acercarnos a dicho cementerio,  corríamos como locos hasta que pasabamos el mismo. Imagínense  en que condición llegábamos al templo!

Cementerio tenebroso

El texto del 21 de mayo de 2017, sexto domingo después de resurrección, lo encontramos en el Evangelio de Juan 14: 15-21, y  éste nos habla también de un “espíritu”, aunque muy diferente a aquellos de mi niñez, ya que este lleva como nombre el Paráclito (παράκλητον), y es Jesús resucitado, junto al Padre, que lo enviaría a sus discípulos y en virtud de que su partida los dejaría solos.

Este discurso de Jesús lo encontramos la segunda parte del evangelio según Juan que Raymond E. Brown, llama el Libro de la Gloria, y que comienza en el capítulo 13: 1, y se extiende hasta el 20:31.  Jesús ahora se enfrenta a la conclusión de su misión terrenal, y da sus últimas instrucciones y enseñanzas a los discípulos.  Este discurso de despedida (capítulos 13-17), que equivale a un testamento  en que un Padre les anuncia a sus hijos su  partida definitiva,  es comparable en su composición al Sermón de la Montaña (Mateo 5-7), y a las otras colecciones  de dichos y enseñanzas de Jesús en otros evangelios (Lucas 9:51-19:58).

En los textos que corresponden a este domingo, Jesús habla a sus discípulos de la designación de su “Sucesor”, dada su inminente partida.  El vocablo griego que Juan utiliza es un término legal o forense para referirse a ese “Sucesor” o “Enviado”, es “Parákletos“, que literalmente significa aquel que es invocado en una corte de justicia, como el defensor.  En el mundo helenista este vocablo generalmente se refiere al abogado defensor, que, poniéndose de parte de los que son acusados, los defiende de los cargos sometidos, hasta lograr su absolución.  Sin embargo, en Juan las descripciones que se hacen del “Parakletos” también parece  referirse a lo que conocemos hoy como un fiscal (vea 14:26; 15: 26; 16:8-15).  ¿Cuáles son las diferencias entre ambas funciones?

Aunque las funciones de un fiscal y un abogado de defensa tiene cierto parecido, hay diferencias significativas. El fiscal es un funcionario perteneciente al Ministerio Público de su país. En un proceso penal es la parte que acusa en nombre del estado o asignación territorial a la que pertenece, según su cargo.  El abogado defensor, por otro lado, el abogado es la persona que ejerce la defensa jurídica del acusado en un juicio. A diferencia de los fiscales, el abogado no defiende ni al estado ni a empresas públicas.

En el evangelio según Juan, el Espíritu Santo es el “Sucesor” de Jesús,  que dada su partida al Padre (13:1), toma su lugar en el mundo, sin encarnarse. Es decir, el “Paraclitos”,  viene a este mundo como agente de Dios sin ser limitado por la forma humana, lo que le permite vivir en, con y sobre los seres humanos.  En el lenguaje de los sinópticos, El está a favor  de los intereses del reino de Dios y su justicia.  Por lo tanto,  la función de este  “otro Parakletos“,  es continuar operando la redención ejecutada por Jesús en su muerte en la cruz, que libera a la humanidad del pecado y de la muerte eterna (Juan 14:26)

Espiritu Santo2

Jesús promete no dejar huérfanos a los discípulos, porque conoce la naturaleza del mundo al que han de enfrentar: “No os dejaré huerfanos; vengo a vosotros” (Jn 14: 18). Este es un asunto puntual, Jesús nos asegura que no nos abandonará. El papel del Padre es medular en el Evangelio de Juan.  Jesus tiene una relación especial con su Padre, y el Padre tiene una relación con todos los que creen en Jesús. El Espíritu Santo asumirá el rol paternal sobre los creyente, defendiéndoles de toda clase de enemigos en esta vida, mientras cumplimos la misión de Dios, y esta relación continuará en la vida venidera y para siempre ( Juan 14: 16, 20;  2 Corintios 5:5, Efesios 1: 13-14).

Ahora bien, este Paráclito, como mencionamos anteriormente, es también Espíritu de la Verdad.  Es  significativo que Jesús lo llama en este discurso de despedida tres (3) veces el “Espíritu de la Verdad” (πνεῦμα τῆς ἀληθείας) (Juan 14:17; 15:26; 16:13).  ¡Me gusta esa expresión! ¿Qué significa esto? Una de las declaraciones que más me gusta de Jesús fue la respuesta que le dio a Tomás:

 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por ” (Jn 14,6).

El Paráclito, además de cuidar paternalmente al creyente, tiene la función de afirmar la verdad de Jesucristo en medio de un mundo hostil. Jesús tenía muchas verdades que expresar a sus discípulos, pero se requería cierto grado de madurez para poder asimilarlas.  Es este Espíritu de la Verdad, que comunica relacionalmente a sus seguidores la voluntad de Jesús resucitado y glorificado, junto a lo que oiga decir al Padre, en todas las épocas y circunstancias (Juan 16: 12-15).  Ese Espíritu de Verdad abrirá nuestro entendimiento para producir respuestas y soluciones sabias a los problemas sociales, políticos y económicos, espirituales y personales que aquejan a la Iglesia y al mundo.

Hay una verdad que se me hace difícil aceptar como heredero de la Reforma, dado el postulado de “Sola Scriptura”: El canon de las Escrituras completado en el siglo IV d.C, no excluye la continua revelación de Dios en la historia.   Creo que es importante entender que  Dios no se encuentra confinado en las Sagradas Escrituras.  Sé las posibles implicaciones de lo que estoy diciendo; sin embargo, el texto de Juan 16: 12-15, nos plantea que el Espíritu Santo, continuará revelando las verdades de Dios y de Jesucristo a su pueblo, en la medida que la iglesia tenga la madurez para comprenderlas, sin que esto implique un “laissez faire”. Ahora bien, las Sagradas Escrituras y la Doctrina Cristiana serán siempre el criterio regulador de toda nueva revelación, y para discernir los “espíritus” que dicen hablar en el nombre del Señor.

Finalmente, el Espíritu de la Verdad, que el Padre y Jesús enviaron en Pentecostés, mantuvo fielmente aferrados a sus discípulos a la misma verdad que el Jesús histórico  proclamó.  Esa misma verdad que proclamaron los apóstoles se actualiza hoy por medio del Espíritu, para que su vitalidad y poder transformador continúe siendo el mismo y aún mayor (Juan 14: 12).

Bienvenido Paráclito, Espíritu de la Verdad, toma todo lo de Jesús y hazlo saber a tu pueblo.  !Muchas bendiciones!

Cuando las puertas se cierran…


Imagen

Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 16 de abril de 2017, domingo de resurrección lo encontramos en Juan 20: 1-31.  Para los estudiosos de Juan este era originalmente el último capítulo del Evangelio.

Luego del mensaje de María Magdalena sobre su encuentro con el resucitado, los discípulos no entendieron (Juan 20:9), y por lo tanto no creyeron.  El anuncio de María Magdalena era inconcebible, porque Pedro y el  Discípulo amado habían estado en la tumba y no  vieron nada, excepto las vendas mortuorias de Jesús.  Además,  si  Jesús hubiese resucitado, a quien primero se hubiese manifestado, por rango jerárquico, era a Pedro. Eso era lógico! Sin embargo, esta  “mujer” decía haber tenido dicho privilegio, y eso era inaceptable.

Así que se encerraron en el aposento alto, llenos de temor, a llorar sus penas y a darse la “terapia de la frustración” al sentir que habían perdido el tiempo.  Habían caminado hasta Jerusalén desde Galilea, esperando que el Mesías manifestase su poder y gloria, y simplemente fue vilmente asesinado,  y ahora todos sus sueños de grandeza y de gloria se habían echado por la borda.    Por otro lado, los judíos, empoderados por su victoria, querían exterminar totalmente el movimiento de Jesús, y ellos corrían peligro.

Las puertas de aquel lugar estaban cerradas.  Juan presenta un símbolo importante.  Las puertas cerradas en un país donde estas siempre estaban abiertas durante el día, excepto por la vergüenza primeramente, luego como señal de luto,  angustia y confusión, denota el estado de ánimo de aquellos discípulos.

En aquella reunión no se menciona a María Magdalena, porque estoy seguro que ella sí estaba celebrando el acontecimiento supremo de su  vida, había visto al Señor en aquella mañana.  Ella se regocijaba y anunciaba, mientras ellos, sumergidos en su dolor, dudas y frustraciones permanecían encerrados, sin experimentar la bendición de saber que su Maestro había resucitado. !Ay, cuántos de mis lectores estarán así!

Solo quiero llamar la atención a dos (2) cosas importantes.  Primero las puertas cerradas de nuestra vida no son impedimento para que el Resucitado entre y se pare en tu medio. De hecho la tumba, aun cuando estaba cerrada con una pesada roca, esta no impidió la salida de Jesús.

Segundo, cuando el resucitado entra en tu encerramiento, y  si tú le reconoces,  El te ofrece su PAZ (shalom)  e imparte sobre ti su ESPÍRITU, para que se abran todas las puertas que han permanecido cerradas. He ahí la clave de la vida cristiana.

La palabra hebrea shalom significa entereza, salud, bienestar o toda clases de bienes (Éxodo 14: 18; Números 6: 26).  El shalom es un regalo de Dios por medio del Resucitado y que produce un ambiente de armonía tal que las partes del sistema puedan desarrollarse al máximo y alcanzar su plena actualización.  Por medio del shalom se remueven todos los obstáculos que han impedido tu desarrollo pleno, para que experimentes el bienestar personal y de tu mundo.

El  shalom es  una fuerza demoledora, limpiadora y transformadora.  Es aquella energía necesaria para reorganizar mi vida después de una debacle, de tal forma que mi crecimiento continúe como Dios lo ha establecido. Cuando las puertas del corazón se cierran con las pesadas cadenas del dolor, la soledad, el temor, la angustia y la confusión, solo la PAZ de Dios que sobrepasa todo entendimiento humano, llega a tu vida, y corta estas, guardando tu mente y tu corazón en el Señorío del Resucitado (Filipenses 4: 7).

El shalom también es una condición, es un ambiente nutricional donde los individuos y grupos son alimentados y criados para tener fortaleza y herramientas para el alcance de ese desarrollo esperado. En ese ambiente los principados, potestades y dominaciones, que son contrarios al desarrollo de la vida humana son anulados y removidos para que permitan el desarrollo pleno (Colosenses 2: 14-15). El shalom es ese espacio en que los aspectos externos adversos pierden su hegemonía, y se cumplen los propósitos divinos.

El shalom es escudo de protección contra las fuerzas y ataques que pretenden detener a los seguidores de Cristo. El shalom nos guarda y preserva en medio de una sociedad que no tiene en sus noticias los valores del Reino de Dios. El shalom entonces es guardián, es la fuerza de resiliencia y fortaleza que nos permite avanzar contra el viento.

El shalom, finalmente,  es un regalo que brota de la Cruz y el  Cristo Resucitado da a sus seguidores (Juan 14: 27). Es herramienta para la vida. Es un regalo para todos y todas, ¿Por qué? Porque Cristo pagó por esto en la Cruz (Isaías 53: 5-6, 57: 19; Romanos 5: 1-2; Efesios 2: 17; Colosenses 2: 13-15).  Las crisis de la vida, más que intimidarnos, deben llevarnos a la comunión con Jesucristo, que a su vez nos regala su paz…que es fuerza, condición y escudo.

El Espíritu Santo es el que imparte el “shalom”, y que a su vez trae vida abundante, que nos permite responder a la misión encomendada por el Resucitado.  El Vive! Muchas bendiciones!

Ser amigo de Jesús…¿valdrá la pena?


resurrección 2

Por Samuel Caraballo-López

El texto seleccionado para el 2 de abril de 2017, quinto y último domingo de cuaresma, se encuentra en el Juan 11: 1-44.  Este  particular relato de la “resucitación” de Lázaro se nos presenta como el  séptimo signo o señal de Jesús (Yeshua ben Yosef) en el  Evangelio de Juan.  Este signo nos inicia en la jornada final de Jesús. Es luego de este evento, que los judíos conspiran para  asesinar a Jesús (11: 53) y a Lázaro (12: 10).  Por otro lado, este relato también nos presenta la gran paradoja de cómo la muerte de Jesús es también una “conspiración” de Dios para traer la salvación a toda la humanidad (11: 49-52), tema que será profundizado en el próximo capítulo de Juan (12: 23-33).

Conforme al capítulo anterior (Juan 10: 40),  Jesús se encontraba en la región de Perea, al este del río Jordán, y recibe la noticia que su amigo Lázaro, estaba enfermo (verso 3).   El relato menciona el vínculo que existía entre Jesús, Marta, María y Lázaro.  El verso 4 es la clave para entender este capítulo: “Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado.(NVI)

Hay dos (2) diálogos que son significativos en este pasaje, el de Jesús con sus discípulos en Perea (7-16) y luego con Marta en Betania (21-27).  Este primer relato con los discípulos pretende establecer una conexión entre la tardanza de Jesús, la muerte de Lázaro y el evento milagroso de la “resucitación” del fenecido.  Observa que no uso la palabra resurrección para referirme al milagro de Lázaro, la razón es que éste no resucita en el sentido teológico del concepto, aunque su “resucitación” es un signo que anticipa esa promesa divina. Lázaro vuelve a la vida humana, para luego volver a morir; sin embargo, en la resurrección los creyentes alcanzan la plenitud de la vida de Dios y son “como los ángeles en el cielo”  que ya no mueren (Mateo 22: 30-32).

Jesús, consciente de la condición de gravedad de Lázaro prolonga su estadía por dos día más, de tal forma que al llegar hubiesen pasado ya cuatro días de la muerte (versos 17 y 39).  Conforme a la creencia judía, el espíritu del muerto se quedaba tres días rondando para regresar al cuerpo, pero al cuarto ya no volvía más.    Este diálogo con los discípulos sienta las bases para entender el por qué Jesús tarda en llegar, y cómo a pesar de la  espera, los amigos de Cristo que “duermen”, serán despertados mediante su poder.  Así que Jesús no solo venció la muerte en el caso de Lázaro, sino que con Su propia muerte le dará la estocada final a ésta, anticipando  la resurrección de todos los que por la fe se constituyen en sus amigos.

A partir del verso 17, Jesús llega a Betania, y comienza un segundo diálogo con Marta,  y luego con María, que es claramente representativo del clamor de la comunidad cristiana que sufre  mientras espera la llegada de su maestro y amigo.

Marta  dijo a Jesús: Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no habría muerto (verso 21). 

Lazaro 4

Esa declaración de Marta, que es repetida por María (verso 32), es el clamor de la iglesia que sabe que solo el poder de Jesús en su venida terminará cabalmente con el sufrimientos que el mundo provoca en sus seguidores.  Es la iglesia que pide que Jesús regrese para que “pague con sufrimiento a los que la hacen sufrir” y responda con descanso a aquellos que atribulados se encuentra impotentes para responder (2 Tes. 1: 6-8).

Hay un contraste entre la enseñanza de una resurrección al final de los tiempos y  la nueva enseñanza  que Jesús le declara a Marta:

Jesús le dijo: Tu hermano  resucitará.  Marta contestó: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final.  Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida.  Quien cree en mí, aunque muera vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre.  ¿Lo crees? (verso 23-26, LBLA).

Lazaro

La comunidad de Juan necesita recibir, y a su vez, dar respuestas sobre la resurrección, dado que  la muerte de sus constituyentes ya está ocurriendo y la venida del Señor tarda.  En este pasaje  Juan responde a los creyentes  que para los amigos de Jesús, la muerte no es problema alguno.  El relato de Lázaro es un signo de que aquellos que confían en Jesús, no permanecerán en la oscuridad de la muerte, sino que tendrán la victoria definitiva sobre esta. 

Antes de finalizar este escrito tengo que contestar dos (2) preguntas: ¿qué significaba ser amigo de Jesús para la comunidad joanina? ¿Qué significa ser amigo de Jesús hoy? Primero, ser amigo del Jesús histórico no era algo que producía honor.  Jesús era considerado un galileo, es decir un pecador, inculto y carente de prestigio (Juan 1:46; 7:15).   Ser galileo era tener mala fama y era imposible para lo opinión pública que el Mesías viniese de esa región (Juan 7:41, 52).   Segundo, Jesús era considerado un bastardo, hijo de fornicación (Juan 8: 41; Marcos 6:3). Tercero, su desafío a los líderes religiosos y a la Tora, lo dejaban muy mal parado ante el pueblo. Había desafiado todo el sistema del templo (Juan 2: 13-21), decía que los judíos no pertenecían a su redil (Juan 10: 24-28), y eran hijos de vuestro padre el diablo (Juan 8: 44).

La verdad que ser amigo de Jesús era poner en peligro la vida, por lo tanto, parecía traer más problemas que bendiciones.  De hecho, antes y después de su muerte en la cruz por ser un blasfemo, que se quiso hacer igual a Dios (Juan 5: 18), violó el sábado (Juan 9:16) y amenazó con destruir el templo (Juan 2: 19), sus amigos tenían que ocultarse para evitar su muerte (Juan 7:1,13; 10: 34-39; 11: 8; 20:19).

Sin embargo, en el texto de hoy, Jesús dice: “Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo.” (Juan 11: 11, LBLA).  Es tal la fidelidad de Jesús por su amigo “que dormía”, que lo llama por su nombre y este escucha su voz desde la tumba, sale fuera y es desatado de las restricciones que impone la muerte.  Esa es la calidad de amistad que Jesús le ofrece a sus amigos. De hecho, en Juan 12: 1ss, encontramos a Lázaro libremente cenando con Jesús.  Entonces, sí hay múltiples beneficios en tener a Jesús como amigo.

En el Evangelio de Juan 15: 14-16, se nos hace una declaración sin precedentes:

Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que Yo os mando.  Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe qué hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os la di a conocer.  No me elegisteis vosotros a mí, sino que Yo os elegí y os puse para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca, para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé (BTX).

En este texto se caracteriza lo que es una amistad entre Jesús y los seres humanos. Primero, Jesús inicia la amistad entregando su vida por sus amigos.  !Cristo trazó la raya! Ahora bien, la amistad es una relación bilateral e igualatoria, por lo tanto, un amigo de Jesús es aquel, que mediante la gracia, se acerca a El, Dios le imparte la justicia y dignidad de Jesús, y éste le da a conocer todas las verdades que escuchó del Padre.  En la medida que estas verdades son entendidas y obedecidas, la amistad se incrementa, dando como resultado frutos permanentes producto de dicha amistad.

Por lo tanto, aceptar la amistad de Jesús implicaba hacer de manera radical lo que El nos comunicó del Padre, aún cuando estas verdades sean resistidas por el mundo, e inclusive por nosotros mismos. No nos engañemos, lo que distingue a los amigos de Jesús es su anhelo por poner en práctica, tanto en su vida personal como en su ministerio, todo lo que Dios ha comunicado a través de El. ¡Muchas bendiciones!

Le “robó el show” a Jesús


Imagen

Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 26 de marzo de 2017, cuarto domingo de cuaresma, se encuentra en el Evangelio Según Juan 9: 1-41.  Este relato es el sexto de los siete signos que nos presenta este evangelio, y fácilmente por su estructura puede ser transformado en un drama con al menos cinco escenas.  De hecho, me gustaría que alguno de mis lectores construyera dicho drama, lo presentara y me invitara a disfrutarlo.

El pasaje nos narra el milagro de recuperación de la vista de un ciego de nacimiento, cuya vida se concentraba en “limosnear” en algún lugar de la ciudad de Jerusalén.  Me llama la atención los muchos asuntos que se tocan en este largo relato, que se extiende hasta Juan 10:21, pero el espacio no me permite abordar estos y me concentraré en solo dos aspectos medulares.

El relato nos habla de un ciego de nacimiento que se encontraba en un lugar no determinado de Jerusalén, realizando su trabajo habitual (pidiendo limosna), cuando Jesús y sus discípulos lo vieron.  Los discípulos, haciéndose eco de las creencias de su época en cuanto al pecado y castigo, le preguntan a Jesús las causas de esta ceguera (verso 2).

Rabí, ¿por qué nació ciego este hombre?-le preguntan los discípulos–¿Fue por sus propios pecados o por los de sus padres? (NTV)

Esta creencia mecánica que vincula toda condición de desventaja, sea enfermedad, pobreza, discapacidad, etc., con el pecado, incluyendo líneas generacionales (Éxodo 20: 5; 34: 7), estaba arraigada en el pensamiento religioso judío, y se utilizaba para excluir. De forma similar los discípulos de Jesús (verso 2), como las autoridades (verso 34), secundaban dicha creencia.

Ahora bien, es bueno clarificar que esta visión generacional y discriminatoria del pecado, ya había sido superada por dos (2) de los grandes profetas clásicos de Israel;  Jeremías (31: 29-30) y Ezequiel (18: 1-13; 20-22).   La contestación de Jesús,  aunque se sostiene en la tradición profética clásica, va más allá de ésta:

–No fue por sus pecados ni tampoco por los de sus padres–contestó Jesús–nació ciego para que todos vieran el poder de Dios en él.  Debemos llevar a cabo cuanto antes las tareas que nos encargó el que nos envió.  Pronto viene la noche cuando nadie puede trabajar; pero mientras estoy aquí en el mundo, yo soy luz del mundo. (Verso 3, NTV).

Luego de esta declaración, Jesús se acerca al ciego, escupe en el suelo, hace barro con la saliva, le pone la “plasta” en la vista y lo envía al Estanque de Siloé para que se lave.  Lo interesante del pasaje es que, el ciego (acompañado por su lazarillo), fue y se lavó y al regresar veía (verso 7).  El milagro ocurrió y “colorín colorado este cuento está acabado.”

Ciego de nacimiento

Lo cierto es que el drama comienza luego del milagro.  Seis (6) personajes aparecen en escena, de los cuales solo uno tiene nombre: (a) los vecinos curiosos, (b) los padres atemorizados, (c) las autoridades judías, (ch)  los discípulos, (d)  el ex-ciego de nacimiento y (e) Jesús. Cada uno de ellos tiene su participación durante las escenas de esta narrativa.

Tengo que confesar que el personaje que más me gusta de este relato, es  el pordiosero y ex-ciego de nacimiento, que a pesar de su pasada limitación, había desarrollado las destrezas de un sagaz debatiente: (a) aplomo e ironía, (b) retórica depurada y excelente oratoria, (c) dominio del arte del sarcasmo, y (ch) una lógica “brutal” que desarmaba a los contrarios (vea verso 27). De hecho, el ex-ciego le “robó el show” a Jesús.

Este ex-no vidente demuestra claramente las etapas de la fe de un discípulo verdadero:

…pero lo que se es que yo antes era ciego, y ahora puedo ver! (verso 25)

Su entendimiento sobre la persona de Jesús es progresiva, lo que significa que el milagro no solo afectó su visión física, sino su capacidad de entender la fe y el compromiso cristiano.  Es en este orden en que él va conociendo a Jesus: (a) Primero,  lo ve como un simple hombre (verso 11), (b) luego, lo identifica como un profeta (verso 17), (c) más adelante se da cuenta que Jesús procede de Dios (verso 33), y finalmente llama a Jesús, Señor, le cree y le sigue (verso 38).

ciego de nacimiento2

Esta iluminación progresiva del ciego sanado, puede convertirse en un paradigma para la misión de la iglesia de Jesucristo hoy. Ahora nos preguntamos: ¿Es esto lo que está ocurriendo en las personas que llegan a nuestras congregaciones? ¿Es este entendimiento progresivo de la fe lo que procuramos que ocurra entre los que se acercan a Jesús en nuestras congregaciones?  ¿Es este el paradigma que orienta la formación cristiana de nuestras denominaciones y escuelas teológicas?

Este pasaje nos confronta con nuestra razón de ser: “luz soy del mundo”, y con la efectividad de las estrategias instruccionales que utilizamos en nuestra labor evangelizadora y formativa de nuestras congregaciones. Es tiempo que reflexionemos sobre el uso adecuado de ese recurso que soy “yo”, y de mi tiempo, estrategias y recursos para bendecir y capacitar a otros para la obra del ministerio cristiano.  ¡Muchas bendiciones!

La toma de decisiones en la iglesia…aprendiendo de la Keleher


DDDM

Por Samuel Caraballo-López

Este año 2017, comenzaré a escribir artículos sobre aspectos prácticos del ministerio cristiano que puedan ser útiles para mis lectores.  Mi área de especialidad es la teología práctica, muy especialmente lo relacionado a la formación cristiana, la interpretación y el desarrollo de liderato.   Así, que, como parte de mi aportación al crecimiento integral de mis lectores, y por supuesto de la iglesia en general, incluiré mensualmente algún escrito sobre temas más prácticos que puedan ayudarnos a mejorar nuestro quehacer eclesiástico y pastoral.

Este primer artículo lo dedicaré a “Data-Driven Decision Making (DDDM)”, que es una estrategia de recolección y análisis de datos que tiene como propósito que una institución pueda conocer mejor su funcionamiento y, por lo tanto tomar decisiones correctas, relevantes y a tiempo. La Dra. Julia Keleher, Secretaria del Departamento de Educación, es una especialista en esta estrategia, y su intención es incorporarla en toda la gerencia y manejo del sistema escolar del país. Siendo así, ¿por qué no aprender de ella?

julia-keleher-2

La finalidad de la estrategia DDDM es poder tomar decisiones que agilicen y hagan más efectiva nuestra labor como institución (no basado en suposiciones, ni prejuicios personales,  ni esperando prolongados lapsos de tiempo), sostenido en información válida que proviene del mismo contexto eclesial en que servimos. Observa que esta estrategia no está enfocada en culpar, acusar o señalar personas particulares.  Es una estrategia que analiza los datos independiente de las personas que ocupan posiciones en una institución.

El éxito de esta estrategia depende de la calidad de los datos recopilados y de la eficacia de su análisis e interpretación. Esta estrategia, muy utilizada para el mejoramiento de las instituciones educacionales, puede ser adaptada fácilmente a otras disciplinas. En este escrito intentaré utilizar el DDDM, con ciertas modificaciones, para incorporarla al área de la administración eclesiástica.

Lamentablemente, las instituciones religiosas, en virtud a su organización y las premisas que sostienen su estructura administrativa, tienden a ser menos ágiles en la toma de decisiones.  Inclusive estas instituciones son temerosas de cualquier estrategia que pretenda examinar la realidad desde los datos. Es muy común que en las organizaciones religiosas,  la toma de decisiones tienda a ser reactiva en lugar de pro-activa o preventiva.  Esta realidad las hace más vulnerables cuando ocurren situaciones críticas causadas por factores internos o externos.

La estrategia DDDM puede dar una mayor fluidez a la toma de decisiones, haciendo del funcionamiento administrativo uno más costo-efectivo, rápido y preciso. A continuación, explicaré este enfoque con ejemplos aplicados al contexto eclesiástico.

El primer paso para incorporar el DDDM en una congregación es revisar la misión de la misma.  Las siguientes preguntas nos sirven para iniciar el proceso estratégico:

  • ¿Por qué y para qué existe esta institución?
  • ¿Cuáles son los propósitos y funciones primarias de esta institución?
  • ¿Cómo la institución está cumpliendo dicha misión?

Al revisar la misión necesitamos tener en mente que los datos que estamos recopilando nos permitirán evaluar aquellas funciones que se están llevando a cabo, determinar la congruencia entre estas y la misión abrazada, y la efectividad con que se realizan.

El segundo paso en la implantación de esta estrategia es analizar cuáles de las tareas misionales que se realizan, responden o no a los criterios de pertinencia y relevancia. Cuando hablamos de pertinencia y relevancia nos referimos a cuan efectivamente se están supliendo las necesidades medulares, y la congruencia que existe entre las tareas que se realizan y la misión o propósitos establecidos por la congregación. También se vincula la pertinencia y relevancia a cuan concreto o mensurable son las tareas misionales que se realizan en la congregación.

Muy importante seleccionar para su evaluación prioritariamente aquella tarea misional que sea considerada clave para el buen funcionamiento institucional, y que afecta directamente a las demás. En una congregación es fundamental alcanzar personas con el evangelio, junto a la organización programática de las tareas ministeriales[i], atención de las finanzas y el cuidado pastoral.  OJO…Corrobore que las tareas que se estén realizando estén alineadas con los propósitos de la congregación, y en congruencia con las necesidades del contexto particular de esta.

Tercer paso, identifique las preguntas sobre su organización que no han sido contestadas (o no nos hemos atrevido a preguntar). Es importante trabajar con estas preguntas y encontrar respuestas en los datos que han de recopilarse. Algunos ejemplos de estas preguntas son:

  • ¿Está la institución creciendo integralmente (numérica, ministerial y programáticamente)?
  • ¿Hay aumento en la asistencia y participación de las personas de la congregación, tomando en consideración la demografía de la región?
  • ¿Están los ministerios de adoración, educación, evangelización, mayordomía, cuidado pastoral, servicios al indigente, el compañerismo cristiano y la labor profética creciendo en calidad y profundidad?
  • ¿Está la programación de la congregación respondiendo a sus objetivos primarios y a la diversidad de sus constituyentes y a su comunidad?

Es sumamente importante encontrar los datos y respuestas específicas a dichas preguntas en lugar de divagar con mucha información. Los datos nos dejan saber exactamente, y sin engañarnos, lo que está ocurriendo en cada área que queremos atender.

El cuarto paso está relacionado a la localización de la información específica para contestar las preguntas surgidas en los pasos anteriores. Los principales fuentes de información en las instituciones eclesiásticas son los discursos (sermones, estudios, conferencias), vídeos de actividades, minutas y actas de reuniones y asambleas, programas de cultos y actividades especiales, revistas de la iglesia, informes pastorales y de los ministerios de la iglesia, Informes financieros, Informe de evaluaciones de desempeño, Informes de miembros, resultados de cuestionarios administrados, entrevistas realizadas, diversos documentos, etc.

Este paso lo podemos desglosar de la siguiente forma,

  • Determine cuanta información necesita para contestar cada pregunta de la sección anterior.
  • Debemos enfocarnos en los datos ideales para contestar nuestras preguntas más apremiantes, y que nos guíen para lograr los objetivos estratégicos propuestos.
  • Hay que identificar las formas más relevantes de recopilar e analizar el conjunto de datos que vas a usar para contestar tus preguntas.
  • Debes escoger los mejores instrumentos para recopilar la mejor información, y determinar cuán rápido y costo efectivo son estos.

Quinto paso, clasifique la información que ya tienes. Luego de clasificar la información, verifique si esta es suficiente o se requiere más información.  Hay que determinar si la información que tenemos es suficiente para trabajar con las preguntas establecidas.  Esta información debe provenir principalmente de fuentes internas de la congregación, sean documentos o de testigos oculares que conocen de primera mano los datos.  Es importante que la información que se recopile, clasifique y se conserve en banco de datos para su uso en el proceso de la toma de decisiones, e inclusive para que pueda ser útil para otras personas que estén realizando procesos similares.

Sexto paso, es importante determinar si el costo y el esfuerzo de lo que emprenderemos se justifica comparado con los beneficios tangibles que tendremos.  Es importante tomar muy en serio este punto, los beneficios que se comparan son los tangibles, los intangibles que en tantas ocasiones son mencionados en nuestros discursos religiosos, no los consideramos en nuestras decisiones administrativas porque no pueden ser medidos.

Recuerda que la información o los datos son una inversión importante para poder tomar decisiones en la institución.  Dada esta realidad solo nos enfocaremos en datos que realmente necesitemos.  Si observamos que el costo de obtener la información supera los beneficios, tenemos que buscar formas menos costosas.

Séptimo paso, llegó la hora de poner a funcionar los datos para nuestro beneficio.  En esta etapa podemos trabajar en conjunto con otras personas para organizar toda la información recopilada.  El proceso de análisis requerirá que la recopilación de los datos sea suficiente y exacta.

Octavo paso, análisis de la información obtenida.  Es fundamental analizar los datos para poder extraer resultados significativos, y útiles para los propósitos que se tiene.   Es importante poder aprender cosas nuevas del análisis que se hace de la información.   Hay programas y aplicaciones gratuitas de análisis de datos, sean cualitativos y cuantitativos, que pueden ayudarnos en el manejo y análisis de la información.

Noveno paso, presentación y distribución de los hallazgos.  En las organizaciones eclesiásticas hay que entregar los hallazgos a las personas adecuadas en el momento preciso.  Además, estos hallazgos deben ser mostrados en formas fáciles de entender y claramente estructurados para que las personas que tienen que tomar decisiones las puedan utilizar sin reparos.  Este punto es de suprema importancia, todo el trabajo hecho se puede perder en esta etapa.

Décimo y último paso, incorporación de los resultados en la organización.  Todo nuevo entendimiento debe ser transformado para que pueda ser acomodado o asimilados por el sistema de creencias de la institución. Este proceso es mucho más complicado en  las organizaciones religiosas, muy especialmente cuando los resultados repercuten sobre y afectan las áreas medulares de la misión de la iglesia.  Solo cuando la resultados producidos a través de la estrategia DDDM son admitidos por el cuerpo rector o el liderato, pueden influir en la toma de  decisiones en iglesia.

La aportación mas significativa de esta estrategia, es la transformación de los datos independientes en entendimientos coherentes sobre el funcionamiento y la condición de la iglesia,  de forma tal que estos hallazgos puedan  encarnarse, y nos guíen en la toma de decisiones concretas y correctas.  De hecho, esta es la finalidad del DDDM.  Muchas bendiciones.

 

Notas

[i] Cuando hablamos de tareas ministeriales nos referimos a como se transfieren y contextualizan en el programa de la iglesia local los cinco (5) aspectos de la misión de Cristo; (a) Liturgia (leitourguía), (b) Proclamación (Kerygma), (c) Enseñanza (Didaje), (d) Servicio al indigente (Diakonía), (e) Comunión (Koinonia) y (f) Testimonio profético (Marturía). Es importante buscar estrategias para determinar cuáles serán los énfasis de la iglesia en cada tiempo y lugar.

 

¿Cómo me preparo para la incertidumbre?


 incertidumbre

Por Samuel Caraballo-López

El texto bíblico de este domingo 9 de Julio de 2017, lo encontramos en el libro de los Salmos 145: 8-18 en el Antiguo Testamento y el Evangelio de Mateo 11: 16-19; 25-30 en el Nuevo Testamento.   Cuando leo estos pasajes pienso en la importancia de la preparación integral para los momentos difíciles.  ¿Estamos preparados para una gran sequía? ¿Para una hambruna mundial?  ¿Para un terremoto? ¿Para una crisis nacional? ¿Para una desgracia familiar?  Son preguntas que tenemos que contestar con sinceridad, y de manera muy personal.

El salmo 145 es el último salmo de David y el primer salmo de la serie de alabanza (145-150).  Este salmo es considerado por los rabinos como el “salmo de los salmos”, por su importancia para la preparación espiritual. De hecho para los maestros de Israel, es en los salmos donde encontramos la revelación sobre la naturaleza y el carácter de Dios; es decir es allí donde encontramos todo lo que necesitamos saber sobre nuestro Creador.  Inclusive, dicen la mayoría de los rabinos si tuviésemos que escoger un salmo entre todos, ese debe ser el salmo 145.

Este salmo es parte de la liturgia judía de preparación para las grandes celebraciones anuales, y se recita tres veces al día. Este salmo tiene 150 palabras, que representan los otros 150 salmos que encontramos en el salterio. La estructura del salmo es en forma de acróstico, según el alfabeto hebreo, desde la  primera letra Alef hasta Tav la última (equivalente de la A a la Z).

Este salmo no solo nos trae la plena revelación del carácter de Dios, sino su deseo respecto a toda la creación. En este salmo la alabanza se da en cuatro (4) compromisos a mencionar:

(1) Verso 1 y 2… Hay un compromiso a  alabar a Dios siempre: “Te exaltaré, mi Dios y Rey…Todos los días te bendeciré y alabaré tu nombre”;  (2) Versos 4-6, El segundo compromiso es dar a conocer su poder y grandeza de forma intergeneracional;  “cada generación celebrará tus obras y proclamará tu proezas”;  (3) El tercer compromiso lo encontramos en el verso 10, donde hay dos compromisos colectivos de alabanza, el de su creación y el de su pueblo: “que te alaben todas tus obras”, “que te alaben todos tus seguidores”;  (4) El cuarto compromiso se refiere a las alabanzas individuales, la propia y la de toda carne: “prorrumpa mi boca en alabanza”, “Toda carne alabe su Santo Nombre”.

En este salmo se encuentra la más clara y concreta caracterización de Dios en el Antiguo Testamento. Los siguientes adjetivos que utiliza el salmo para mostrar el carácter de Dios nos obliga a alabarlo y exaltarlo:

 Dios es: clemente, compasivo lento para la ira, grande en amor, bueno con todos, se compadece de toda la creación, es fiel a su Palabra, bondadoso en todas sus obras, levanta a los caídos, sostiene a los agobiados, abre sus manos y sacia sus favores a todo ser viviente, es justo en todos sus caminos, está cerca de quienes lo invocan, cumple los deseos de quienes le temen, el cuida a todos los que le aman y aniquila a todos los impíos. (NVI)

Jesús, en Mateo 11: 25-26 expresa sus alabanzas al Padre por la grandeza de su bondad al compartir su revelación con los que son como niños:

>>Padre, tu gobiernas en el cielo y en la tierra! Te doy gracias porque no mostraste estas cosas a los que saben mucho y son sabios, sino que las mostraste a los ninos. Y todo, Padre porque tu asi lo has querido.>> (TLA)

Jesús declara que el Padre en su gracia y su soberanía entregó todo lo que Él es a su Hijo.  Inclusive todo los atributos y carácter de Dios que el salmo 145 describe, lo encontramos en Jesús.  Estas cosas que el Padre le entregó a Jesús, se las compartió no solo para que sean motivos de contemplación y alabanza, sino para ser compartidos con aquellos  que se acercan a  Él.

Es Jesús, quien invita a los que están cansados y agobiados de la vida a alcanzar los atributos y favores que el Salmo 145 presenta.  Jesús los invita a venir a El para recibir el descanso y satisfacción que provee el amor del Padre.  Es a través de nuestra respuesta a su invitación que entramos a la nueva escuela de Jesús, en la que alcanzamos la preparación para enfrentarnos a la vida con firmeza y valor.

En esta escuela “su yugo” es suave y la “carga ligera”, es decir la vida en Cristo no es una carga, de hecho tu misión está diseñada a tu medida. Lo que Dios nos propone a través de Jesús encajará exactamente con nuestras necesidades y capacidades.

Este entendimiento de primera mano del carácter y naturaleza de Dios es el fundamento para enfrentar la incertidumbre que puede surgir en nuestro peregrinaje por la historia, porque el “Dios que atiende mis ruegos, siempre está pendiente de todos los que le aman”. ¡Muchas bendiciones!

¿Cuánto pesa ser comunidad?


comunidadpalabra

Por Samuel Caraballo-López

Dada los eventos que se han suscitado durante esta semana, estuve en la disyuntiva de escribir del texto del calendario eclesiástico correspondiente al 12 de febrero de 2017, sexto domingo después de epifanía.  Sin embargo, decidí permitirle al texto que me confrontara, y que a su vez confronte a toda la comunidad a la que Dios me ha unido por medio de Jesucristo.  Así que, sepan mis lectores, que cuando estoy analizando el texto de la semana, mis dedos están apuntando hacia dentro y hacia afuera.

Encontramos el texto en el Evangelio según San Mateo 5: 21-37, muy especialmente los versos 21-24, y que forman parte del Sermón de la montaña. El Sermón de la montaña, como hemos mencionado en otros artículos, es un acto de protesta de Jesús en contra del orden que regía en su época, tanto político, socio-económico y religioso.  El mensaje del reino de los cielos que Jesús proclamó y encarnó es precisamente una nueva forma de ver y nombrar la realidad y, por lo tanto, una nueva forma de ser, vivir y actuar en el mundo.

La sección que consideraremos es parte de la sección conocida como la “ética del nuevo legislador”.[i] Jesús en esta sección está confrontando, profundizando y corrigiendo las enseñanzas de la Ley de Moisés, declarando que el enojarse y ofender al hermano es tan drástico como el matar, y que los deseos lujuriosos son iguales que el cometer adulterio, y que las enseñanzas sobre el divorcio eran contrarias a los principios divinos. El Jesús que vemos en el Sermón de la Montaña, se nos parece, más que a Moisés, al Dios que habló en el Sinaí, y es desde esa perspectiva que tenemos que validar sus enseñanzas.

Mi interés es atender el asunto sobre la vida en comunidad que plantea Jesús en el texto de hoy:

“Habéis oído que se dijo a los antepasados: “No mataras” y: “Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte.” Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: “Raca” a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: “Idiota”, será reo del infierno de fuego. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” (Mateo 5: 21-24, LBLA).

En este pasaje se presenta una figura retórica que llamamos hipérbole y que tiene como intención agregar intensidad y pasión a lo que se dice.  La ira, aunque no es objeto de acción legal, es la pasión que usualmente está detrás de los atentados contra la vida humana o no humana.[ii]  Jesús nos dice que esa ira es una acción tan culpable como el asesinato mismo. Aún las expresiones de enojo manifestadas en nuestro lenguaje contra un hermano, sin acción violenta, son reprobadas por la nueva ética de Jesús. No hay duda que Jesús está reformulando la Ley.

Observe en el texto mencionado como el enojo manifestado en el uso de las palabras va creciendo en consecuencias; comenzando con el ser culpable en la corte local (krisis), luego hasta la corte suprema o sanedrín (synedrion), y termina hasta el el infierno de fuego o castigo final (gehena) que corresponde a Dios.  Los ejemplos presentados en el texto con respecto a la palabra “Raka” o “loco”  y la expresión “idiota” o “imbécil” dramatizan el efecto dañino que tiene el uso de las palabras motivadas por el enojo sobre la vida de la iglesia tanto local como universal.

Jesus prohíbe de forma absoluta el usar lenguaje insultante contra el hermano, porque tiene como origen la falta de amor y misericordia. Ahora bien, ¿Qué hacer para superar esta falta de amor y compasión? Cuando incurrimos en estos actos de ira, que redundan en ofensas, la única alternativa propuesta por Jesús es la reconciliación, “ve y reconcíliate primero”.  Las directrices del nuevo legislador son claras y firmes (versos 23 y 24).

Para un judío el deber de celebrar culto a Dios es la acción más sagrada.  Sin embargo, para Jesús las relaciones fraternales en la comunidad están sobre los deberes cultuales, lo que constituye una nueva reformulación de la Ley.  Jesús es claro, no importa quien haya provocado la ira, el deber de la reconciliación es tanto para el que la provoca como para el que la siente.  ¡Así de importante es la vida de comunidad para Jesús!

La Dra. Karoline M. Lewis, profesora del Luther Seminary, en una publicación semanal de dicha institución[iii], plantea a la luz del pasaje bíblico aludido, que “nadie es discípulo para sí mismo, sino por y para el bien de aquellos que están a su alrededor.”[iv] Cada discípulo tiene una responsabilidad para con la comunidad que llamamos la iglesia, tanto en su manifestación local como global.  Nada de lo que decimos y hacemos como discípulos es una acción absolutamente autónoma.  Deseemos o no cada acción tiene su efecto en aquellos que nos rodean. Si mantenemos en nuestra mente, sin desconectarnos de nuestro razonamiento, que hay otros creyentes que pueden ser afectados positiva o negativamente por mis palabras y acciones, es muy posible que esto moldee mi forma de vivir en la comunidad cristiana.

Me impresiona esta declaración de Jesús. Cuando somos parte de una comunidad cristiana seamos líderes o miembros, el texto bíblico nos impone ciertos controles y equilibrios.  Cuando somos líderes, sea de alta o menor jerarquía, no podemos estar ajenos a la realidad de la comunidad que dirigimos.  Nuestras palabras y acciones pueden poner en juego la estabilidad y futuro de una comunidad.  Tanto los líderes como los miembros de la iglesia no pueden tomar decisiones sin considerar el efecto de estas para la vida de otros.

jesus-en-medio-de-su-pueblo

Al tomar decisiones, sea basada en percepciones, opiniones o en datos, no podemos olvidar en ningún momento, que no estamos solos, y que además de otros discípulos, Jesús el Señor se encuentra allí; “donde están dos o mas reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20 LBLA). Es de vital importancia que entendamos, que Jesús nos está llamando la atención para que podamos entender que las acciones de tu fe individual son de vital importancia para los que están sentados a tu lado cada domingo, y para aquellos que pueden estar sentado “más lejos” de ti, pero que forman parte de la Iglesia del Dios.

Jesús nos dice que las acciones que realizamos en la semana “gritan” como testimonio para tu hermano creyente. Tus decisiones en medio del quehacer diario son una revelación de ti mismo que da a conocer la comunidad en la que profesas tu fe.  La comunidad no la hace la organización sino los discípulos de Jesucristo que viven a diario su fe para dar a conocer el reino de Dios.  ¡Eso, mi querido lector, es la iglesia!

Karolin Lewis lo dice en un claro “español”: “Cuando empezamos a pensar y comprender que nuestras acciones no sólo revelan quiénes somos, sino también a las comunidades de las que formamos parte, comenzamos a sentir el peso de lo que significa ser miembro de una comunidad.”[v]

Ahora bien, lo dicho anteriormente nos puede molestar, pero junto con esta molestia hay también esperanza: “ser parte de una comunidad de fe, significa no estar solo.” Esta declaración es sumamente importante, no hay manera o forma en que podamos desarrollar nuestro potencial como discípulos, viviendo en aislamiento.  Inclusive no podemos cumplir con los requerimientos de la Gran Comisión, ni desarrollar nuestros recursos ministeriales, ni enfrentar los ataques del mal, ni siquiera sobrevivir en medio de un mundo hostil, sino somos ayudados por otros hermanos.  ES IMPOSIBLE CUMPLIR CON LA MISION DE CRISTO AISLADOS DE OTRAS COMUNIDADES DE FE.

Lamentablemente vivimos en un sistema capitalista que promueve y recompensa el individualismo, la autonomía y la independencia.  ¡Pero entre nosotros no puede ser así! (Mateo 20: 26).  Hoy más que nunca hay que predicar la unidad, la comunidad, la interdependencia y el compañerismo cristiano.  Es urgente que defendamos lo que es medular en este momento de la historia…unidad en la diversidad. ¿Por qué? Porque esto es un desafío a la división que encontramos en esta bendita tierra.

Cuando entendamos que Jesús esta en medio de nosotros por su Espíritu, no sólo seremos transformados por esa verdad, sino que emperezaremos a darnos cuenta de que no somos simplemente miembros de la comunidad, sino que somos formados por, y a su vez formadores de, la comunidad que llamamos la iglesia, en la que Cristo es cabeza.  ¡Muchas bendiciones!

 

Notas Finales:

[i] Raymond E. Brown. Introducción al Nuevo Testamento (Traducción de Antonio Piñero), Madrid:  Editorial Trotta, 2002, 256.

[ii] Raymond E. Brown, Joseph A. Fitzmayer y Roland E. Murphy. Comentario San Jerónimo, Tomo III, Madrid:  Ediciones Cristiandad, 1972, 186-187.

[iii] Karoline M. Lewis.  “Commentary on Matthew 5: 21-37”, February 12, 2017, Accesado el 9 de febrero de 2017 en http://www.workingpreacher.org/preaching.aspx?commentary_id=3157

 

[iv] Ibid.

[v]Ibid. .