Un poco más allá de la tradición


Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 17 de Julio de 2016, lo encontramos en el Evangelio de Lucas 10: 38-42. Este pasaje aparece en la sección de la subida de Jesús  a Jerusalén, en la que el Maestro ofrece instrucciones sobre el camino cristiano (Lucas 9: 51-19:27). Este relato es una buena oportunidad para nosotros discernir cuáles  son las prioridades de la vida cristiana; si lo que está establecido por nuestra cultura religiosa o los principios del Evangelio del Reino de Dios.

Me llama la atención los versos 41-42. Jesús fue a visitar a una conocida familia, que según Juan, estaba compuesta por tres hermanos: Lázaro, Marta y María. Ahora bien, Lucas no menciona a Lázaro.  Según el Evangelio de Juan, esta familia vivía en Betania, sin embargo en la secuencia de Lucas, vivian en algún lugar en el camino de Galilea a Judea. Parece ser que el Padre y la madre habían muerto, (aunque existe una tradición que los identifica como hijos de Simón el leproso–vea Mateo 26: 6ss  y Juan 12: 1ss), por lo tanto, esta familia no tradicional se organizaba para poder responder a los retos de su tiempo.

Marta, que parece ser la hermana mayor, era la que administraba la casa, y por cierto muy apegada a las prácticas culturales de su pueblo y época, muy especialmente en su hospitalidad. Ella pensaba que cumpliendo las normas de su cultura religiosa era suficiente para agradar a Dios. De igual forma, Marta evaluaba  la conducta de los otros de acuerdo al apego que estos mostraban a las normas de su cultura religiosa. María, su hermana menor, también cumplía con las costumbres y leyes de la hospitalidad, pero de una forma no tradicional y creativa; ella estaba sentada a los pies de Jesús escuchándole.  Su estilo estaba centrado en lo que ella consideraba prioridad, y no a lo que meramente respondia al formalismo de su cultura.Foto de Samuel Caraballo.

Marta, en un intento de controlar a su hermana menor, se molesta por la forma en que ésta estaba actuando ya que no correspondía a lo que a ella entendía era correcto. El lugar de  María era la cocina y no el sentarse  a los pies de Jesús. Marta, disgustada con la forma de conducirse de su hermana, acude al Maestro a buscar su apoyo. El Señor responde de una forma inesperada para ella–“María escogió la mejor parte y no se la quitarán.” Una gran enseñanza para las muchas Martas y “Martos”: ¡No hay una sola forma de amar y servir a Dios!

Lo que le da valor al servicio cristiano, más que la actividad en si misma, es la actitud del corazón con que se hacen las cosas. Escogemos la mejor parte cuando lo que decimos o hacemos proviene de un corazón generoso, que tiene como objetivo honrar al Señor Jesucristo. Hagamos todo de tal forma que Dios sea glorificado por medio de Jesucristo. Muchas bendiciones.

SER PRÓJIMO…el desafío supremo


 

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Por Samuel Caraballo-López

El relato de Lucas 10: 25-37, es la lectura asignada para el 10 de julio de 2016, octavo domingo de Pentecostés. Este relato forma parte de las instrucciones sobre el “camino” cristiano expresadas por Jesús en su último viaje a Jerusalén (9:  51-19:27), y que comúnmente llamamos la parábola del buen samaritano. Para mi reflexión tomaré como referencia un escrito de mi hijo Samuel Luis, titulado, LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO: LA PREGUNTA NO ES ¿QUIÉN? SINO ¿CÓMO?[1] Te recomiendo la lectura completa de este artículo.

La parábola del buen samaritano nos muestra tres (3) aspectos necesarios para “ser prójimo” de acuerdo a las enseñanzas del Señor Jesucristo:

a) El [ser prójimo] conlleva arriesgar nuestro bienestar personal por compasión a los que yacen tirados en las veredas de la vida. 

¿Cuán posible era que los mismos ladrones que atacaron al malherido también atacaran al sacerdote, al levita y/o al samaritano?  Muy posible. A pesar de lo peligroso del camino por donde transitaban, solo el samaritano asumió el riesgo y se detuvo por compasión. Muchos interpretan que el sacerdote y el levita no se detuvieron ayudar porque iban de prisa a sus labores litúrgicas. Por el contrario, el relato nos dice que estos bajaban de Jerusalén a Jericó (10: 31).  La descripción de Jesús nos permite inferir que ya habían terminado sus labores litúrgicas, y que la vereda por donde transitaban estos hombres era una desértica donde no había sinagogas en la proximidad (10: 30).

Al ver al hombre moribundo, el relato nos dice que tanto el sacerdote como el levita “pasaron por el otro lado del camino” (10: 31-32). Por lo tanto, para estos funcionarios del templo pesó más el inminente peligro y las consecuencias de ayudar al desconocido en una vereda desértica, y decidieron seguir su rumbo por el otro lado.

Es interesante notar que ambos religiosos pudieron identificar “quién era su prójimo”. Sin embargo, ambos rehusaron “ser prójimo” de la víctima. Quizás estos sintieron pena por el hombre o cuestionaron la efectividad de sus acciones en un lugar desolado. De hecho, por ser un lugar solitario nadie veía lo que estaban haciendo. Es posible que sus buenas intenciones fueron doblegadas por su sentido de inseguridad. Sin embargo, el samaritano motivado por la compasión, asumió el riesgo de ayudar al herido.

b) El [ser prójimo] conlleva invertir nuestro tiempo, bienes, y esfuerzos en el proceso de restauración de aquellos golpeados por la vida.

El samaritano tuvo compasión y se detuvo. Sin embargo, un simple “Dios te bendiga” no era suficiente para restituir el mal perpetrado contra la víctima. No sabemos cuánto tiempo le tomó al samaritano vendar las heridas de aquel moribundo. Tampoco sabemos cuán lejos estaba el samaritano de su destino final. Pero ante lo inesperado de la tragedia, el samaritano no escatimó usar su “vino y su aceite” (lo que sería su sustento durante su travesía) para ayudar a restaurar a una víctima desconocida. El proceso de restauración requirió llevar al abatido a un mesón y cuidar de él. ¡No hay duda que ser prójimo del caído conlleva tiempo, gastos y esfuerzo!

c) Para [ser prójimo] necesitamos romper los paradigmas socio-culturales que pautan nuestro comportamiento hacia a los demás.

En la sociedad Palestina existían parámetros que dictaban el nivel de interacción entre los judíos y los samaritanos. A la hora de ayudar al malherido, el samaritano trascendió las tensiones étnicas de su contexto en su trato hacia la víctima.

Hoy en día, los parámetros de nuestra sociedad nos llevan a adoptar patrones selectivos y parciales de beneficencia;

Como dice el dicho: “la sangre pesa más que el agua”. De acuerdo a los valores de este mundo, estamos llamados ayudar solo aquellos que guardan cierto vínculo con nosotros. ¿Pero, qué de aquel que no profesa mi misma fe, o al que no se subscribe a mis ideologías políticas, o al que no pertenece a mi grupo racial o étnico, o al que no adopta mis criterios de orientación o preferencia sexual, o al que no tienen mí mismo nivel socioeconómico o académico?

En segundo lugar, de acuerdo a los valores de este mundo, nuestras ayudas al prójimo están condicionadas por los parámetros de la “mutua beneficencia”;

Hoy por ti y mañana por mí”—así solemos decir. Por lo tanto, terminamos dándole la mano aquellos que tengan el potencial de compensar nuestras acciones en un futuro. Ayudamos a José porque él es una persona de influencia en la sociedad. Pero no ayudamos a Pedro, el “indigente”, porque no le vemos potencial alguno; a Pedro lo dejamos tendido en la vereda y cruzamos al otro lado del camino.

De hecho, la generosidad era vista tanto en la cultura romana y griega como un intercambio de favores (Lucas 7:1-5).  Para ser generoso se requería una “vena” de nobleza.  Los actos de generosidad respondían a propósitos claros: brindar honra y reconocimiento a los benefactores.  Es decir, la generosidad implicaba un acto recíproco de reconocimiento al acto, una especie de intercambio de servicios entre las partes.

Estos son algunos ejemplos de cómo usamos nuestros “actos de beneficencia selectiva” para cumplir con las expectativas cívicas de nuestra sociedad. Es por esta razón que el intérprete de la ley necesitaba determinar, mas que quién era su prójimo, el cómo ser prójimo.

Conclusión:

En la “parábola del buen samaritano”, lo que le interesa a Jesús es que aprendamos a ser la clase de prójimo que Él fue. Cristo no escatimó dar su vida por la humanidad, aun cuando ésta yacía moribunda a causa del germen del pecado. ¡Obviamente, es imposible ser como Cristo por nuestra propia moralidad o determinación! Por lo tanto, cuando Jesús nos dice “Ve y haz tú lo mismo” nos está invitando a reconocer lo tergiversado de nuestras acciones humanas. Sin la dirección del Maestro, hasta lo que preguntamos y expresamos tiene que ser transformado (por la boca comienza la transformación).

No obstante, la tarea de [ser prójimo] es un encargo que solo se cumple a cabalidad cuando rendimos nuestras vidas a los pies del que venció al pecado. Sin Cristo, no podemos ser como Cristo.Es solo en el poder regenerativo del Espíritu Santo que podemos ser la clase de samaritanos y samaritanas que Jesús desea formar, (2 Corintio 5:17). Sin el poder de la resurrección de Cristo en nosotros, nuestros actos de beneficencia son actos de moralidad hueca.

Por lo tanto, te invito a reflexionar en las implicaciones de ser prójimo a la luz del Evangelio. Es solo en el reconocimiento de nuestra imposibilidad y a través de la infusión de la naturaleza de Cristo en nuestras vidas podremos hacer la transición del “¿quién es mi prójimo?” al “¿cómo ser prójimo?”.  ¡Muchas bendiciones!

 

 

[1] En el Blog “Corriendo para ganar”, www.samuelcaraballo.com

Me llamó a levantar la cosecha… ¿cómo respondo?


Cosecha 2

Por Samuel Caraballo-López

El texto del 3 de julio de 2016, séptimo domingo de Pentecostés lo encontramos en el Evangelio de Lucas 10: 1-12; 17-20.  Las fuentes de este pasaje las encontramos en el Documento Q y en recursos que solo Lucas tenía acceso, lo que significa que en el texto se presenta la teología e intereses del evangelista.  De hecho, yo concibo que estos textos son consejos que cada seguidor de Jesús, que se siente convocado por Este, debe contextualizar y tomarlos seriamente como paradigmas para la ejecución hoy de la misión redentora de Dios. En este escrito haré un esfuerzo por contextualizar las enseñanzas esenciales para la misión que emergen de este pasaje bíblico.

Después del rechazo recibido por los samaritanos (9: 53) y la clarificación sobre el llamado al discipulado cristiano (9: 57-62), Jesús continua su camino a Jerusalén.  Al igual que el envío (apesteilen) de los doce (9:1-6), Jesús designa (anedeizen) a setenta y dos (72) discípulos a continuar el ministerio de Juan el Bautista (3: 3-6), es decir a anunciar en todas las ciudades por donde había de pasar el Maestro, su llegada.  El número setenta y dos (72), tiene cierto simbolismo. Se puede referir a la evangelización de todas las naciones, haciendo referencia a las naciones de Génesis 10: 2-31, que según la Septuaginta (versión LXX) eran 72.   También podría referirse a los setenta y dos (72) ancianos de Israel, escogidos por Moisés para su colaboración, y que fueron llenos del Espíritu de YHVH y profetizaron (Números 11: 20-26).

Al igual que Juan, quien fue enviado “delante de tu presencia” (7: 27), estos seguidores de Jesús son enviados de dos en dos “delante de sí” (pro prosopou), a cada ciudad y lugar por donde Jesús iría en su camino a Jerusalén (verso 1).  El enviarlos de dos (2) en dos (2) fue el patrón misionero utilizado en el libro de los hechos por tres (3) razones: la ayuda mutua; garantizar la verdad de su testimonio (cf. Dt. 19,15); y ser una expresión viviente del evangelio de la paz (cf. V. 5-6).

Es una buena estrategia misionera y evangelística enviar, previo a cualquier actividad pública de la iglesia, un grupo que se adelante para anunciar e invitar a la comunidad al evento a celebrarse.

Lucas explica lo racional de esta misión: “La mies es mucha y los obreros para recogerla son pocos” (verso 2).  Esto es una figura retórica común en el evangelio que llamamos “chreia”.  Lucas acostumbra a utilizar el “chreia” o anécdota, que es una figura retórica que consiste en un breve relato de un hecho, o un dicho de un personaje célebre que se utiliza como ilustración.  En este caso los setenta y dos (72 son obreros contratados por el Dueño para levantar la cosecha.  Ahora no podemos pasar por alto la segunda parte del verso 2b:

“Rogad pues al Señor de la mies, para que envíe obreros a la mies”.

La idea generalizada en nuestras denominaciones y congregaciones de que el remedio para la necesidad de más obreros cristianos es una mejor propaganda, reclutamiento y sin duda una mejor remuneración, es falsa. El remedio que Jesús propones para la necesidad de más obreros es pedir a Dios que envíe los obreros que faltan. (Lucas 10: 2b).  Hay un cuidado que debe tener el liderato de la iglesia, ya que podría ser detrimental para el crecimiento de esta, y es no rechazar o discriminar a los “obreros” que Dios trae para levantar la cosecha. La iglesia no puede perder la conciencia de que el dueño de la cosecha es Dios. Ahora bien, la iglesia siempre tendrá la responsabilidad de colaborar con el Espíritu en el proceso de equipar y regular a los “obreros”, para la tarea del ministerio (Hechos 15: 28; Efesios 4: 11-12).

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El Señor de la cosecha, instruye sobre los peligros de esta asignación: “los envío como corderos en medio de lobos.” (10: 3). ¿Qué es un lobo en este contexto? Se refiere a personas sagaces, impíos, sangrientos, fácil de enojarse, viciosos al extremo, que rechazan lo que se les da u ofrece, pero roban lo que no se les da u ofrece. Jesús advierte a su audiencia, lo que ellos ya conocen–hay peligros inherentes a la misión.

Jesús, más que equipar a los discípulos para una “guerra santa” contra los infieles, Jesús los “de-equipa”:

NO lleven carteras

NO lleven mochilas ni maletas

NO lleven sandalias (ropa cara).

La ausencia de todo equipo estándar para viajar indica la total dependencia de los discípulos del que los envía.   La recomendación de NO saludar a nadie en el camino, no es un acto de descortesía, más bien, es una medida para ganar tiempo y priorizar la urgencia de la misión (verso 4).

Jesús da instrucciones con relación a la conducta de los discípulos cuando entren en una casa. En cualquier casa que entres, diga primero, ¡Paz sea sobre esta casa! (verso 5).  La declaración de paz, no es solo el adoptar el saludo judío, sino que este saludo caracteriza y cumple la promesa expresada en el Evangelio de la infancia de Jesús (Lucas 1: 79; 2: 14, 29), y anticipa el saludo del resucitado a sus discípulos (Lucas 24: 36), y que comunica una fuerte esperanza escatológica.

De hecho, este pasaje nos indica que Jesús anda buscando “hijos de paz”, cuya inclinación no es la belicosidad sino a buscar vías pacíficas para resolver sus diferencias y conflictos:

“vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.” (verso 6).

Jesús da otras instrucciones importantes, “posad en aquella misma casa”—comiendo y bebiendo lo que ellos provean, y de acuerdo a sus posibilidades (verso 7).  En este aspecto Jesus afirma el contenido social de la hospitalidad.  El comer y beber lo que el anfitrión provea, es la etiqueta estándar para un invitado en el contexto de la hospitalidad.  De hecho, este acto de la mesa sella la aceptación del Evangelio por los miembros de la casa.

hospitalidad

Además, los seguidores de Jesús no solicitan dinero como pago por su mensaje como otros grupos de la cultura helenista (los cínicos, sofistas, epicúreos, estoicos etc.), su pago es la hospitalidad (comida y hospedaje) (versos 7 y 8).  El discípulo de Jesús no puede ser una “parásito at large”, aprovechándose de la gente.

Las palabras de Jesus a los setenta y dos, tiene implicaciones en las prioridades de la vida. Por un lado, las estrictas leyes de alimentos deben ponerse a un lado por causa del Evangelio.  En el lugar donde te hospedes, haz bien a los moradores…sana a los enfermos, colabora con ellos, y declárales que el reino de Dios se ha acercado a vosotros (10: 8-9).

Jesús prepara también a los setenta y dos (72) para tiempos y lugares en los que hay más rechazo que recepción.  Jesús rechaza la venganza que pretendían proferir Juan y Santiago contra los samaritanos (Lucas 9: 54), con un gesto profético particular: “sacudan el polvo de la ciudad que se nos pegó a los pies”, haciéndoles saber: “El reino de Dios se ha acercado” (verso 11).  En el verso 12 se menciona a Sodoma, cuya impiedad era proverbial, y que uno de sus principales pecados fue la falta de la hospitalidad.   Esta mención de la ciudad de Sodoma, sirve de transición para la segunda parte del capítulo (10:13-24).

En los versos 13-16, Lucas utiliza una “chreia apocrítica” sobre Corazín, Betsaida y Cafarnaum, debido a la actitud que habían manifestado al mensaje del Evangelio. El verso 16 requiere nuestro énfasis porque el sentido de la misión cristiana se encuentra en esta frase lapidaria: “escuchar la palabra anunciada por los discípulos es escuchar la palabra de Jesús; y escuchar la palabra de Jesús es escuchar la palabra de Dios.” (Brown, 2004).

En los versos 17-20, tenemos otra figura retórica que llamamos una “chreia elaborada” que no tiene paralelos en la tradición sinóptica, lo que nos indica que es parte de la teología de Lucas.   Esta unidad comienza con el regreso de los setenta y dos (72). Su expresión de gozo nos evoca la acción anticipada en la anunciación (1: 14; 2: 10). Es el comentario de los recién llegados que provoca todo este análisis:

“Señor, ni aún los demonios se nos sujetan en tu nombre” (verso 17).

Aunque en el mandato del capítulo 10: 1-2, no está explícito el expulsar demonios, la presencia del reino es confirmada por la expulsión de los demonios (Lucas 11: 20; Mateo 12: 28), y por la sanidad de los enfermos (Lucas 9: 1; 4: 40-44).

Jesús, en el verso 18, expresa una visión que anticipa un evento futuro, como lo es la caída de Satanás, el principal adversario de Dios y humanidad.  No hay duda que Lucas utiliza como referencia los textos apocalípticos del judaísmo y el cristianismo primitivo.  Lo que los 72 celebran es cierto, el reino ha llegado y este se ha hecho presente en la predicación del Evangelio de Jesucristo.  El reino escatológico, que era una promesa futura (Apocalipsis 21:4), ahora se adelanta en Jesus, y la derrota de Satanás y sus “minions”, es una realidad.  Así que la misión de los 72 es una representación en menor escala de la gran batalla cósmica entre Dios y Satán.

En Lucas 10:19, “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones y el poder del enemigo, y nada os dañará”.  A través de Cristo los discípulos tienen autoridad para manejar “escorpiones y serpientes”, símbolos bien conocidos de los poderes del mal (Deuteronomio 8: 15).   Según el Evangelio de Lucas, Satanás ha sido derrotado decisivamente a través de los eventos de la exaltación de Jesús.  Jesús en su ministerio terrenal debilitó los cimientos del imperio del diablo, en la cruz lo derrotó, en la resurrección anuló su poder y en la exaltación lo expulso de los lugares celestiales (10: 18).

El reino de Dios

Ahora bien, ¿qué realmente debe regocijar a los discípulos?  Jesús va a contestar en forma contundente: “Pero no os regocijéis por esto, de que los espíritus se os sometan, sino regocijaos de que vuestros nombres están inscritos en los cielos” (verso 20). La fuente del gozo no es simplemente que podamos reprender demonios o manifestar poderes extraordinarios, sino que, tanto a los 72 como para a los que recibieron el mensaje, Dios ha revelado que es a través de Cristo que somos registrados como ciudadanos del reino de los cielos, y esto no es de vosotros, pues es don de Dios (Lucas 10: 21-22; Efesios 2: 8-10).

De hecho, el fin del mensaje del Evangelio es que más seres humanos reciban el regalo que Jesús nos ofrece…Ser parte del reino de Dios.  ¡Muchas bendiciones!

Con la mano derecha cerrada y la izquierda abierta


Por Samuel Caraballo-López

Aunque la mayoría de las Denominaciones históricas de corte evangélico han estado reduciendo su membrecía en los Estados Unidos, hay otras que continúan creciendo. Este fenómeno requiere que reflexionemos ponderadamente y sin apasionamientos, de tal forma que encontremos alguna explicación racional.  Un entendimiento correcto de este fenómeno puede arrojar luz para examinar como la iglesia, en sus diferentes instancias y contextos, está realizando la misión redentora de Dios.  Además, puede ayudarnos a evaluar el contenido del Evangelio que vivimos y proclamamos, de tal forma que tengamos mayor credibilidad y confiabilidad en nuestras tareas misionales.

Hoy temprano tuve la oportunidad de leer un artículo muy inspirador de Ed Stetzer, Presidente de LifeWay Research y misionólogo de esa misma organización, titulado Advertencia de Peligro: El futuro de la iglesia y la misión[1].  En este escrito el autor nos llama la atención sobre el desplazamiento que está sufriendo la iglesia hacia los márgenes de la sociedad, empujada por la cultura hegemónica, que es sostenida por los medios informativos, la literatura, las artes, y la política.  De alguna manera esta cultura ha creado formas de espiritualidad secular que ha sustituido a la iglesia. Dicho en “arroz y habichuela”, las masas poblacionales han decidido que nuestras iglesias no tienen las respuestas a sus preguntas y necesidades espirituales.

Ahora bien, Stetzer, ve este movimiento hacia los márgenes de la iglesia como algo positivo, porque plantea el que la iglesia vuelva a ser lo que fue en sus primeras etapas, una iglesia que realiza la misión de Dios desde los márgenes de la sociedad, manteniendo solidaridad y tensión con esta. No hay duda que, desde la perspectiva histórica social, Jesús y sus primeros seguidores cumplieron su misión en medio de una cultura que rechazaba su mensaje y marginaba a la iglesia.

Así que, tanto el Jesús histórico como la iglesia de los primeros siglos vivieron en un mundo en que ellos eran minoría, y su mensaje no era validado por la inmensa mayoría de las culturas del mundo.  Esto nos alerta de la posibilidad de que el paganismo vuelva a ser hegemónico, y la iglesia tenga que volver a sus recursos básicos para proclamar el mensaje redentor de Dios.

Un ejercicio que podemos realizar es visitar las denominaciones evangélicas que están decayendo en forma vertiginosa. Una de las cosas que quizás observemos de inmediato es la tendencia a acomodar el mensaje de la Biblia, a los cambios culturales y legales que se están manifestando en la nación norteamericana.  De hecho, en la década del 90, fui pastor en los Estados Unidos en una de las denominaciones que más rápido está decayendo en la actualidad. Una práctica que ya se veía en aquel tiempo era el pasar por alto todos los relatos y enseñanzas bíblicas que de alguna manera podían ser cuestionados por la cultura hegemónica.

Iglesia-estadística

Al tratar de pasar por alto los textos que algunos llamaban “de terror”, porque parecían ser muy sangrientos, discriminatorios o no creíbles, era una forma de acomodar la Biblia a la nueva cultura. Siendo honestos, no se puede leer la Biblia y esconder el hecho de que el Evangelio se centra en dos (2) eventos, uno violento (la muerte en la cruz) y el otro increíble (una tumba vacía). El evangelio que proclama la iglesia tiene como eje central un Salvador que murió crucificado y resucitó, para libertar y producir vida en la humanidad. Si los creyentes no pueden creer en esta verdad, reduciremos nuestro mensaje a uno simplemente de  “no-violencia”  y de afirmación de los derechos humanos.

Hace un año, el 28 de junio de 2015, se celebró mi ceremonia de jubilación.  El orador invitado para dicha actividad fue mi hijo Samuel Luis y trajo un mensaje que nos ayudó a redescubrir el libro olvidado de Judas.  La Carta de Judas es un libro que frente a una cultura hegemónica anticristiana, que pretendía “tragarse” el Evangelio de Jesucristo, nos trae la siguiente vibrante exhortación:

“Amados, poniendo toda diligencia en escribiros acerca de nuestra común salvación, tuve necesidad de escribiros exhortándoos Que contendáis ardientemente por la fe una vez dada a los santos” (Judas, 3).

Stetzer, propone a la luz de esta exhortación universal de Judas, que en el Evangelio que nos ha sido trasmitido, hay creencias que tenemos que retener tal como se han trasmitido y otras que debemos contextualizar.  Como parte del proceso de reflexión, la iglesia o denominación debe definir aquellas creencias que forman el “cinturón protector” del Evangelio, junto a las creencias que requieren ser contextualizadas para que el Evangelio hable a las nuevas generaciones y pueblos.

Asi que tenemos que distinguir entre dos (2) clases de creencias en el Evangelio, aquellas por las que vamos a contender ardientemente, y las otras que vamos a contextualizar.  Ed Stetzer, utiliza una metáfora que nos puede ser muy útil, y que consiste en poner en la mano derecha cerrada las creencias que forman el “cinturón protector” del Evangelio, y poner en nuestra mano izquierda abierta aquellas creencias que deben ser contextualizadas.   Ahora bien, esta tarea no es fácil, porque tenemos que definir, con la sabiduría del Espíritu, el mejor conocimiento de las Escrituras y el consenso de los hermanos (Hechos 15,22 al 29), qué creencias vamos a mantener en la mano derecha cerrada, y qué creencias mantendremos en la mano izquierda abierta. Este ha sido un tema recurrente en mis escritos.

Siguiendo el consejo de Judas, lo importante es que podamos contender y resistir las fuerzas que están presionando para que abramos la mano derecha. Hay que dejar meridianamente claro y con firmeza, en todos los foros, que hay creencias que le dan sentido y estabilidad al Evangelio, y que estas han permanecido intactas a través de 21 siglos de historia, y la iglesia las va a guardar con celo y dedicación. Estas creencias, algunas no simpáticas a la cultura dominante, son las que le han dado a la iglesia la estabilidad y confiabilidad para ofrecer luz al mundo, y a su vez  le dan credibilidad  en la proclamación del mensaje redentor de Dios.

Reconciliación

El consejo final de Stetzer, hay que repetirlo hoy:  Debemos enseñar a los líderes cristianos, sean pastores, maestros, evangelistas, capellanes, etc., y a los miembros de las iglesias a mantener firmemente cerrados los asuntos de la mano derecha.   Nuestra mano izquierda se mantendrá abierta a la contextualización para mejor entendimiento de nuestro mensaje entre las diversas culturas y contextos.  Hay que aceptar de buena gana que la iglesia seguirá siendo marginada por la cultura, pero enviada, guiada y alimentada por el Dios Trino y Uno, que nos legó las Buenas Noticias de que en Cristo, Dios está reconciliando al mundo consigo mismo, y que la reconciliación es la piedra angular de Su misión redentora en el mundo.  ¡Muchas bendiciones!

 

[1] http://ag.org/enrichmentjournal_sp/200802/200802_036_Writing.cfm

 

¿Cómo ser la iglesia que Jesús siempre quiso que fuéramos?


agricultura

Por Samuel Caraballo-López

Introducción

A partir del 20 de marzo hasta el 20 de junio, ocurre en el hemisferio norte de nuestro planeta la primavera, la estación más hermosa del año.  La primavera es la época de floración y cosecha en el mundo vegetal.  Cuando se siembra, cultiva y cosecha los productos de la tierra, se genera una dinámica tal en todo nuestro ser que hace olvidar todos los grandes esfuerzos físicos y mentales hechos durante el proceso agrícola.

Todo proceso agrícola se inicia con la selección de los espacios terrestres o suelos que han de servir de contexto, seguidos de su preparación y acondicionamiento, que nos permitan las siembras que formarán nuestros pequeños ecosistemas agrícolas.  En ese proceso inicial puede estar la victoria o el fracaso de toda empresa agrícola.

Un sueño que siempre he tenido es ver los campos, montañas y llanos poblados de fincas de agricultura intensiva y diversificada, sean pequeñas, medianas y grandes.  Veo en mis sueños una diversidad de fincas produciendo vegetales, frutas, plantas medicinales y aromáticas, miel, huevos, animales domésticos y todo tipo de producto agrario; y que a su vez nuevas generaciones de agricultores aprendan a trabajar la tierra sin erosionarla, a usar el agua sin contaminarla, y aprovechar la biodiversidad sin destruirla.

agricultura ecol

Son de estos sueños y visiones que surgen la metáfora que utilizo para expresar mi concepción de la iglesia del Señor en el mundo.  Esta metáfora de la agricultura ecológica y sustentable, me sirve para caracterizar el ministerio de la iglesia, que consiste en propiciar la misión redentora de Dios en el mundo.  La misión redentora de Dios consiste en salvar, transformar y bendecir, por Su Gracia, a los seres humanos, que mediante la fe en Jesucristo se acercan a El (Efesios 2: 8-9).  El plan de Dios es devolver al ser humano, por medio de Cristo, el lugar privilegiado y la relación de amistad con Dios, el prójimo, la naturaleza y consigo mismo, que tenía en el principio de la Creación.  Por lo tanto, la iglesia tiene la tarea suprema de propiciar la misión redentora de Dios mediante su colaboración, proclamación, testimonio, servicio, acompañamiento y entrega de si, aunque el acto lleve al sacrificio personal o colectivo.

Desarrollo

Desde esta metáfora veo a las congregaciones cristianas, pequeñas, medianas y grandes, como comunidades que siembran armoniosamente todo tipo de plantas, cosechando y criando animales domésticos, según su naturaleza, y produciendo frutos diversos que alimenten al mundo y satisfagan el anhelo de Dios de unir todas las cosas en Cristo Jesús (Efesios 2: 14-16).  Las congregaciones cristianas, que, con su diversidad de dones, operaciones y ministerios propician que la vida de Dios sustente la vida plena de ésta y futuras generaciones.

Todo esto parece una utopía inalcanzable, sin embargo, las Sagradas Escrituras, la historia de la iglesia y la experiencia nos demuestra que esto es posible (Hechos 2, 44-47, Efesios 2: 17-22).  Quizás lo que falta es el entendimiento, la voluntad y las medidas necesarias que apoyen esta iniciativa que tanta bendición traería al mundo, permitiendo que cada congregación en forma participativa y armoniosa, y dentro de su llamado y contexto particular, y utilizando los dones que Dios les ha dado, puedan propiciar, en forma particularizada la obra redentora de Dios en el mundo. ¿Será esto posible? ¿Cómo podríamos hacerlo?

  1. Primero, hay que entender que la Iglesia es solidaria incondicionalmente con el mundo.

En artículos anteriores he escrito sobre esta gran verdad que no podemos ignorar. Es necesario recalcar que la Iglesia a ha sido llamada a ser solidaria incondicionalmente con el mundo (Juan 3: 16; 17: 18; Marcos 16: 15; Mateo 28: 19).

La solidaridad cristiana implica afecto, respeto e identificación: la fidelidad del amigo o del desconocido, la comprensión del maltratado, el apoyo al perseguido, la valoración e inclusión al discapacitado, el estar presente en el dolor y la alegría, el respaldo a causas que pueden ser impopulares o perdidas, todo eso puede no constituir propiamente un deber de justicia, pero si es un deber de solidaridad.

Iglesia solidaria

  1. Segundo, es urgente que afirmemos que el Dios Trino y uno, nos ha dado herramientas para propiciar la misión redentora de Dios.

El teólogo y pastor protestante   Aiden Wilson Tozer (1897-1963) declaró lo siguiente: 

A. W. Tozer“La noción popular de que la primera obligación es difundir el Evangelio a todo el mundo es falsa. La primera obligación del creyente es ser espiritualmente digno de difundirlo”.

Solo se puede llegar a ser digno cuando la gracia inmerecida de Dios inunda mi vida, y por la fe en Jesucristo soy libertado del pecado, y por su Espíritu formó parte de una nación sacerdotal (Efesios 2: 8-9; Apoc. 1: 5-6).  Solo los sacerdotes de Dios, pueden experimentar, vivir y proclamar simultáneamente las buenas noticias de la redención que Dios en Cristo ha realizado en la Cruz del Calvario (Apocalipsis 1: 5-6). Es en Pentecostés que se recibe el Espíritu que capacita a la iglesia para hacer real y presente la obra redentora de Cristo, por palabras y acciones de gracia (Hechos 2: 1-4; 33-38).

La iglesia que quiere propiciar la obra redentora de Dios va al mundo y se hace solidaria con este (Juan 17:18).  Sin embargo, no podrá trascender y propiciar eficazmente la misión redentora de Dios, sino es investida del Espíritu de Jesús (Lucas 24: 47-49).  Antes de ir, hay que “quedarse” para recibir la investidura sacerdotal.

Ustedes son testigos de estas cosas. Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto (Lucas 24: 47-49).

El Apóstol Pablo, luego de la gran experiencia, previa a su ministerio en Europa en su segundo viaje (Hechos 16: 6-9), aprendió lo que todos los creyentes tenemos que aprender:

“Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado. Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo. No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios”. (1 Corintios 2: 1-5)

Conclusión

Es importante recalcar que la investidura del Espíritu antecede a la solidaridad con el mundo, pero no la sustituye.  De hecho, la investidura del Espíritu y  la solidaridad con el mundo forman el entramado que propicia la misión redentora de Dios. El poder espiritual que se hace presente en Pentecostés tiene como propósito hacer al creyente testigo de Jesucristo en el mundo en el que es solidario.

John Wesley  El gran pastor anglicano y teólogo cristiano británico, John Wesley (1703-1791), expresó la siguiente frase, “El mundo es mi parroquia”. Esta frase establece la postura de la iglesia, que es ser solidaria con el mundo.  Es decir, el acompañamiento misericordioso de la iglesia se manifiesta en todos los lugares donde existan seres vivos, y por lo tanto, el compromiso no se limita a un país, una cultura, un sistema o un grupo étnico particular.

Mi compromiso como iglesia es el mismo que tiene mi Señor Jesús con su creación. Las mismas herramientas de Jesús para manifestar su “gloria” en el mundo, están disponibles para Su iglesia; El Espíritu de Dios y Su Palabra. Muchas Bendiciones.

Solidaridad con el mundo…caminando sin claudicar


solidaridad

Por Samuel Caraballo-López

“Como me enviaste al mundo, también Yo los envié al mundo;” (Juan 17: 18)

Hay verdades que no podemos ignorar…la iglesia ha sido llamada a ser solidaria incondicionalmente con el mundo (Juan 3: 16; 17: 18; Marcos 16: 15; Mateo 28: 19). La solidaridad cristiana implica afecto, respeto e identificación: la fidelidad del amigo o del desconocido, la comprensión del maltratado, el apoyo al perseguido, la valoración e inclusión al discapacitado, el estar presente en el dolor y la alegría, el respaldo a causas que pueden ser impopulares o perdidas, todo eso puede no constituir propiamente un deber de justicia, pero si es un deber de solidaridad.

Esta solidaridad con el mundo, se sostiene en el amor con que Dios nos ha equipado en Cristo (Efesios 2; 4).  La solidaridad de la iglesia no puede detenerse por las calumnias, persecución, presiones que el mundo y sus poderes puedan hacernos. La realidad es que estamos luchando, desde los comienzos, con los poderes ilegítimos de las tinieblas que se resisten al nuevo orden divino. Ahora bien, estos no pueden apagar nuestras acciones solidarias a favor de los más vulnerables de este mundo.  Al contrario, la oposición y la lucha, afirma nuestro carácter y nos hace militantes y resistentes a sus ataques (Efesios 6:13).

Es por eso que la solidaridad de la iglesia es incondicional. La solidaridad con el mundo no depende de que los que gobiernan tenga una actitud favorable e inclusive de tolerancia hacia la iglesia. Aun cuando el mundo y los poderes que lo rigen muestre una postura de rechazo y persecución contra la iglesia, ésta no deja de ser solidaria (Mateo 5: 43-48). Aunque mantengamos tensiones y luchas (no guerra) contra los poderes rebeldes a Dios y que actúan en el mundo, la iglesia no deja de ser solidaria.

Aun cuando los días sean malos (Efesios 5:16), el mundo sea dirigido por las tinieblas (Efesios 6: 12) y Satanás utilice artimañas de seducción contra la iglesia, ésta sigue siendo solidaria, porque sin solidaridad con el mundo, no podremos propiciar la misión redentora de Dios en Cristo (Mateo 28:19).

Ahora bien, Dios nos ha modelado con su actuar, lo que necesitamos para manifestar su santidad al ejercer Su misión en el mundo (Isaías 59: 17, 1 Pedro 1; 13-16).  Estas herramientas o armaduras de Dios (Efesios 6: 10-20), tiene siete (7) componentes que debemos considerar al realizar la misión de ser solidarios con el mundo.

El primer componente que debe apretar la cintura de la iglesia es la verdad.  La iglesia dice y vive la verdad coloreada por el amor (Efesios 4: 15). La sinceridad y el respeto en todo lo que decimos, y la forma que nos relacionados con el mundo es crucial para el cumplimiento de la misión redentora de Dios (1 Pedro 1: 22). Toda denuncia o comentario crítico que la iglesia haga, debe hacerlo en un espíritu de respeto y humildad, velando por no dar falso testimonio acerca de otras personas, instituciones o grupos. ¡Mucho cuidado!

El segundo componente es “revestirnos” con la coraza de la integridad.  Es la integridad lo que nos da transparencia en todas nuestras acciones. Según el prominente Profesor de la Escuela de Derecho de Yale, Stephen L. Carter en su libro Integrity (1997), la integridad tiene tres movimientos armoniosos entre sí: (a) discernir entre el bien y el mal, entre lo que es correcto e incorrecto, con la asistencia del Espíritu y la Palabra; (b) escoger e incorporar a la vida lo que lo es bueno, lo correcto, y; (c) articular lo escogido en un discurso público.  La integridad nos obliga a expresarnos claramente, y a incorporar lo expresado en todas nuestra acciones y prácticas.

transparencia 2

El tercer componente está relacionado con los “pies” y la proclamación del evangelio de la paz (Efesios 6: 15). Hay que estar dispuesto a “enrollarse” las mangas y ponerse en el camino para compartir el Evangelio de la reconciliación con palabras y obras de servicios en el mundo. La iglesia da a conocer y trae lo que Dios hizo por el mundo, es decir, la reconciliación y unidad de todas las cosas en Cristo. Por lo tanto, la iglesia es instrumento de Cristo para traer la reconciliación al mundo.  El “muro de la discordia” que Dios por medio de la sangre de Cristo elimino entre judíos y paganos, nos afirma que ahora la iglesia es portadora de un mensaje de paz.  Aunque parezca increíble Dios ha hecho a la iglesia portadora de la paz, y nos dice que todo elemento discordante puede ser ahora superado por medio de la cruz (Efesios 2: 16-17).

El cuarto componente, se relaciona a la fe (Efesios 6: 16).  La fe es la confianza absoluta en Jesucristo, que nos llamó y nos envió al mundo. Vivir en la fe de Jesucristo significa que la iglesia mientras es solidaria con el mundo, manifiesta las marcas distintivas y especifica de la vida de Dios, tanto a los que sirve como con aquellos que son sus colegas de misión (Efesios 4: 18).

El quinto componente es sencillo hay que ponerse el casco de la salvación para hacer frente a los poderes rebeldes a Dios (Efesios 6: 17).  La salvación es un acto de gracia de Dios, validado por medio del sacrificio de amor de Jesús en la cruz del Calvario, y que ahora se hace concreta cuando el ser humano acepta por la fe a Jesucristo (Efesios 2: 6-10).  Esa salvación debe estar clara en nuestra “cabeza”, que es algo que no merecemos, sino que hemos recibido y seguimos recibiendo exclusivamente por el gran amor de Dios.

El sexto componente es “agarrar” la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios (Efesios 6: 17). Creo que este principio requiere un artículo completo y solo me limitaré a decir que nunca podremos enfrentar en buena lid a los poderes de las tinieblas, sin manejar adecuadamente el Libro de Dios. De hecho, esta falta de manejo de la “espada del Espíritu” ha sido una limitación en las luchas contra las tinieblas en todas las épocas.

Finalmente, el séptimo componente es la oración (Efesios 6: 18).  Notemos tres cosas que el Apóstol nos recomienda en cuanto a la oración como armadura de Dios: (a) la oración debe ser constante, en todo tiempo, bajo cualquier circunstancia.  Para enfrentar a los poderes de las tinieblas, hay que aprender a orar, porque es allí donde el creyente encuentra la energía y fortaleza para la lucha diaria; (b) la oración debe ser profunda, y no meramente ritual. Por lo tanto, la oración será con la totalidad de nuestro ser; (c) la oración es también solidaria, nunca egoísta.  La oración es una forma de cubrir, supervisar y colaborar con nuestros hermanos de lucha en diversos lugares del mundo.  La oración es la principal herramienta ecuménica de la iglesia. 

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La oración con perseverancia, y como instrumento de vigilancia de aquellos nuestros hermanos que, también son enviados al mundo por Cristo, nos permitirá proclamar el evangelio con osadía, por medio de palabras, testimonio y acciones de gracia del Espíritu de Dios. ¡Muchas bendiciones!

 

Cuando el opresor pretende ser portavoz de la verdad


 

mentiras

Por Samuel Caraballo-López

Uno de los textos del 8 de mayo de 2016, séptimo domingo de resurrección, lo encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles 16: 16-34. En este artículo enfatizaré los versos 16-22.   Este pasaje es una continuación del tema del pasado domingo, sobre el inicio del ministerio en Macedonia, puerta de entrada a Europa.  El pasado domingo mencionamos la decisión tomada por los misioneros de hablar del Evangelio a las mujeres reunidas a las orillas del río Gangites.  De esa experiencia surge la respuesta positiva de Lidia, una empresaria de Tiatira, que es la primera convertida en el territorio europeo y líder de la naciente iglesia en Filipo.

El texto de hoy inicia también con otra mujer, pero sin nombre.  Esta segunda mujer, doblemente esclavizada, por un “espíritu de adivinación” y por el “cartel” de Filipo, un grupo de esclavistas que se enriquecían con su “don” de clarividencia, se encuentra con los misioneros cristianos (verso 16). Esta muchacha esclava no tenía el poder, estatus y libertad de la que gozaba Lidia, sino que solo era valorada por aquella “cosa” que daba gran ganancia a sus amos.

Como mencionamos la semana pasada, la ciudad de Filipos, por ser una colonia romana y tener una gran población de veteranos de guerra, era como una vitrina del imperio romano para el mundo helénico.  La aparente tolerancia a la pluri-religiosidad en la ciudad era totalmente selectiva, y se aplicaba a movimientos religiosos que fuesen cónsonos con la manera de vivir el imperio romano (Hechos 16: 21).  De hecho, esta forma de mirar el pluralismo religioso es muy común en nuestro mundo occidental.

Ahora bien, sucedió lo que era necesario que ocurriera para destapar esta realidad de la tolerancia selectiva que se ve en muchas ciudades modernas.  Ahora, la otra mujer, la joven esclava con “un espíritu de adivinación” y que emitía oráculos, comienza a seguir a los misioneros mientras estos se dirigían al lugar de oración fuera de la ciudad (verso 16). Sus gritos se escuchaban por toda la ciudad: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes anuncian un camino de salvación.”  (verso 17). -–Y esto hacía por muchos días…

pitonisa de Filipo2

Quiero detenerme en este detalle y trasladarme a ese momento de la historia, posiblemente el año 49 d. C.  ¿En qué momento esta joven esclava “pitonisa” descubre la presencia de los misioneros?  Una pitonisa es una mujer que hace predicciones o pretende descubrir cosas ocultas o desconocidas por medio de la magia, la comunicación con “espíritus” o la interpretación de signos de la naturaleza.  También existían las pitonisas del templo de Apolo en Delfos, cerca de Corinto, y que eran llamadas así porque emitían oráculos predictivos.  No sabemos por el texto la procedencia de esta muchacha pitonisa, pero si sabemos que el culto a Apolo estaba difundido por todo el mundo helénico.

Observe, que estos misioneros no celebraron ninguna campaña evangelística, ni visitación casa por casa, ni ninguna otra actividad proselitista.  Ellos trataron de pasar desapercibidos en este nuevo campo misionero que representaba la ciudad de Filipo.  Sin embargo, la joven pitonisa identifica a estos hombres como servidores del Dios Altísimo, un título ya utilizado por el Evangelio de Lucas (8: 28), y relacionado con el endemoniado de Gerasa, que nos anticipa la fuente de inspiración de los oráculos de la esclava.

Aun cuando parece una expresión de elogio y en cierta medida promocional para la causa de los misioneros, no se puede desprender del texto el tono utilizado por la pitonisa para referirse a los misioneros…solo tenemos el detalle que Lucas nos dice de ella–“nos salió al encuentro” y “seguía a Pablo y a nosotros, gritando”.  Parece ser que esta muchacha pitonisa, ve a los misioneros como sus competidores, lo que puede indicar que estaba vinculada al culto greco-romano de Apolo.

Las expresiones atribuidas por Lucas a esta joven mujer: “os anuncian un camino de salvación”, parecen estar cargadas de cierta ironía hacia la visión de los misioneros de que Jesús era el único Camino de salvación. Este desafío por varios días, aunque fue tolerado por los misioneros para no crear confrontación, llegó a su punto crítico, cuando la paciencia del Apóstol Pablo se acaba (verso 18).

Hay un punto que he tocado en otros artículos y es importante recalcar en este momento; la verdad, cuando es expresada por organizaciones, sistemas o individuos opresivos y de dudosa conducta o reputación, pierde su poder para libertar. Esto puede explicar el porque a pesar de la masiva predicación del Evangelio en pueblos y ciudades, en muchas ocasiones no vemos los resultados transformadores de dicho mensaje. Me parece medular recalcar este punto: cuando se proclamar la verdad de Dios, es necesario que el instrumento que la proclame no contradiga con su conducta y práctica dicha verdad.

Los misioneros sabían cómo la verdad pierde su poder liberador cuando las organizaciones e individuos que la proclaman son opresivas y niegan la dignidad del ser humano.  Las expresiones de la pitonisa eran relativamente ciertas, sin embargo, eran expresadas bajo el dominio de un “espiritu de adivinación”, que era contrario a las enseñanzas de Dios (Jer. 29: 8-9; Hechos 13: 6-12; 19: 19-20).  Había que proceder, aunque esto tuviese consecuencias—“¡En nombre de Jesucristo te ordeno que salgas de ella! Y al momento salió de ella (verso 18)

Lo ocurrido crea una conmoción entre los testigos oculares.  De inmediato, se percatan de lo que realmente había ocurrido; el “espíritu de adivinación” de la joven pitonisa, fuente de ganancia para aquel “cartel” había desaparecido.

La joven pitonisa, aunque la perdemos en el texto, quedó libre de aquel “espíritu” que la oprime, y que provocaba su doble esclavitud.  La “mafia” de Filipo, al perder su fuente de ganancias reclaman indemnización a los misioneros, y los arrastran hasta la plaza pública o ágora, sede de los magistrados, para que respondan por la acción de liberación efectuada. Y sin mediar ningún proceso judicial, los pretores les arrancan los vestidos, ordenan azotarlos con varas y los echan en la cárcel. El Dios que los había llamado tenía un plan muchos más glorioso de lo que ellos pensaban.

azotados en Filipos

Finalmente, aquellos sistemas, organizaciones e individuos, sean religiosos o laicos, que pretendan ser portavoces de valores, principios y verdades, sin tener una conducta organizacional o personal congruente con lo que proclaman, distorsionan la causa que promueven.  Ahora bien, cuando nos hacemos conscientes de esa realidad, no nos queda otra opción que asumir las consecuencias, y en el Nombre de Jesús, ordenarles a estas que alineen  sus normas, procedimientos y programas a la misión primordial que le dio origen. De no hacerlo se convierten en poderes rebeldes, que responden al “príncipe” de este mundo.  ¡Muchas bendiciones!