La dignidad de “chuparse” un limber


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Por Samuel Caraballo-López

Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: “Deja ir a mi pueblo para que celebre en el desierto una fiesta en mi honor.” (Éxodo 5:1)

El domingo 27 de septiembre de 2015, se celebra por quinta vez el Festival del limber en la Playa Los Machos del Municipio de Ceiba, Puerto Rico. Este evento es la conmemoración y afirmación de la lucha de un pueblo pobre por recobrar sus tierras, costas y símbolos culturales del Barrio Guayacán, que fueron expropiados en la década del 40  por el poder militar norteamericano debido a la Segunda Guerra Mundial.  Permíteme explicarte brevemente con un ejemplo real esta aseveración.

Mi familia se mudó al municipio de Ceiba a principios de la decada del ’60, intentando buscar una mejor calidad de vida. Mi madre, luego de un divorcio, llegó con siete hijos al más oriental de todos los municipio. De inmediato comenzó a trabajar como empleada doméstica en las residencias de la Base Naval Roosevelt Roads. Cientos de amas de casa, que a su vez eran jefas de familia, llegaban temprano al “Gate #1”, esperando ser contratadas por las esposas de los soldados para la limpieza y mantenimiento de sus propiedades.

Con la pequeña cantidad de dinero, fruto de su trabajo como empleada doméstica, y la Gracia de Dios, logramos sobrevivir, con múltiples dificultades. Desde ese entonces, la Base Naval Roosevelt Roads fue parte de mi vida de niño y adolescente. Los constantes ruidos por los bombardeos de Vieques, las maniobras en el área de Ceiba y el movimiento del aeropuerto militar, fueron parte de todo el ambiente donde vivía, jugaba y soñaba. Siempre me preguntaba, ¿cómo llegaron estos norteamericanos a este municipio? ¿Cuándo llegaron? ¿Por qué están en el lugar más hermoso de la región? ¿Cómo adquirieron esas tierras? Todas esas preguntas pululaban en mi mente y posiblemente en la mente de muchos niños como yo. En la escuela, que yo recuerde, nunca me contestaron mis preguntas.

Puerto Rico
970519-N-8977R-001 Aerial view of naval Station Roosevelt Roads, Puerto Rico (May 19, 1997)

El 31 de marzo de 2004, luego de la salida del Navy de Vieques, ocurre el cierre permanente de la Base Naval Roosevelt Roads. Este cierre de la Base Roosevelt Roads, parece estar relacionada con las protestas masivas en Vieques, que provocan el cierre permanente del polígono de prácticas de tiro aeronaval de dicho cuerpo militar (Estrada, 2003).

Por otro lado esa salida rápida de Roosevelt Roads, fue acompañada por el interés del NAVY de vender en pública subasta, a desarrolladores externos, las 3,300 cuerdas de terreno de mayor valor económico de nuestra región, sin completar el proceso de limpieza ambiental requerido, siendo esto un motivo de gran preocupación para los residentes de este litoral. Sin embargo, el  7 de mayo de 2013, ocurrió una intervención divina: el Navy, luego de fracasar en varios intentos de subasta y de una lucha tenaz por nueve (9) años por parte de APRODEC, los terrenos fueron transferidos mediante un acuerdo de venta negociada al Gobierno de Puerto Rico.

Ahora bien este nuevo escenario no trajo los cambios esperado para los residentes de Ceiba y Naguabo. Es decir no todo fue “miel sobre hojuelas”.  También los lideres nombrados por  los gobiernos de turno (4 desde el cierre de la Base Naval) tienen agendas que no responden de ninguna manera a las necesidades de sus constituyentes.  Estos “líderes”, que al parecer tienen ciertos dones de clarividentes, creen saber lo que le conviene a las “pobres” comunidades,  sin tener que consultar con ellas. Esta patología masificada en los gobiernos de turno, y que llamamos soberbia, necesita ser sanada por las mismas comunidades que ellos desprecian.

El Festival del Limber es parte de ese aspecto terapéutico que la comunidad de Ceiba y la región oriental del país ofrecen a ese liderato anacrónico, que alcanzó su máxima expresión en la figura de  Jaime González Goenaga, Director Ejecutivo de la Autoridad para el Redesarrollo de Roosevelt Roads en el 2009.  Este “insigne” personaje  intentó menospreciar la capacidad de nuestro pueblo, declarando que frente a la grandeza de los proyectos “such if life” que él y su gobierno estaban proponiendo, los ceibeños se tenían que conformar con mirar  y   “chuparse un limber”.   De ahí en adelante el limber se convirtió en un símbolo de dignidad y resistencia. 

Such is life

El Festival de Limber  es un mensaje de afirmación a toda iniciativa esperanzadora de los pueblos y un rechazo a todos los que subestiman la capacidad de las comunidades para forjar su propio desarrollo. El Festival del limber es el reconocimiento que lo que margina en nuestra tierra no es el conocimiento, el pensamiento, ni la idea, sino el que no se pertenezca al círculo de amigos de aquellos que están en el poder.

La fiesta del limber es un reclamo a que se validen los principios del mérito, y que se les conceda la oportunidad a aquellos, que por su apego y compromiso con sus espacios vitales, trabajan con el corazón porque viven allí, sus familiares son de allí.  Estos empresarios nativos y locales, más que explotar económicamente los recursos de la región, son parte de esos recursos y cuando los desarrollan se están desarrollando a si mismo y a su pueblo. El Festival del Limber es la afirmación de que pequeños comerciantes, sin grandes recursos económicos, pero con conocimiento, entendimiento, pasión y compromiso empresarial con su pueblo, pueden desarrollar lo que los grandes proyectos de “such is life” no han podido.

Propuestas de APRODEC

Ven, te invitamos a comer limber como un acto de solidaridad con la lucha de un pueblo que se ha negado a arrodillarse ante sus verdugos y, que sueña con que un día no muy lejano la prosperidad que brota de la sustentabilidad pueda vivirse en el Barrio Guayacán, en Ceiba y Naguabo, y en toda la isla del encanto. !Muchas bendiciones!

¿Cuánto vale un solitario pecador?


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Por Samuel Caraballo-López

“Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”. (Lucas 15: 7 NVI)

El texto del 11 de septiembre de 2016, decimosexto domingo de Pentecostés, lo encontramos en Lucas 15: 1-10, aun cuando debemos leer todo el capítulo. Este pasaje tiene unas verdades que tenemos que recuperar urgentemente en este momento de la historia.

Es importante saber que este pasaje, exclusivo del evangelista Lucas, demuestra claramente su visión teológica. Primero, el texto nos enseña que Jesús acoge a <<TODOS>> los pecadores que se acercan a Él, y le reconoce su dignidad humana y valor personal, compartiendo el pan con ellos (versos 1-2).

Segundo, Jesús reconoce el papel del sector religioso dentro del cristianismo: “siempre han estado conmigo, y todo lo mío es tuyo” (verso 31). Interpretar estas parábolas como un rechazo al sector religioso per se, es incorrecto. Ellos han sido los custodios de la revelación de Dios, y los encargados de mantener la llama de la fe en el pueblo.  Así que el sector religioso es igualmente valioso para Dios, y debemos afirmar ese valor.

Tercero, y quizás lo más importante, Jesús llama a los religiosos a cambiar su actitud, frente a los pecadores y “fastidiados” de la tierra. Jesús los invita a ser solidarios con el “caído” y ver su valor particular, que no es menos que el de ellos, de la misma manera que Dios lo hace. Les invita a ver a cada ser humano, no como miembro de una colectividad o número en particular, sino como una persona valiosa, que el pecado ha lacerado y que requiere la misma redención que ellos recibieron.

Jesús nos llama a alegrarnos por ese ser valioso que llega, sin menospreciar su procedencia, naturaleza de su pecado o si su pecado aparece en el listado de los que consideramos más graves (publicanos). Nos llama, más bien, a alegrarnos con su llegada, y acogerlos como hermanos, colaborando con ellos en su camino de transformación (verso 32).  Para esto hay que romper con algunos paradigmas heredados. ¡Cuánta sabiduría hay en Jesús!

Muchas bendiciones.

Cuando la religión disiente de Dios


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Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 22 de agosto de 2016, lo encontramos en Lucas 13: 10-17. Me llama la atención las iluminadoras palabras de Jesús en los versos 15 y 16. Hay dos polos que la iglesia debe evitar en sus enseñanzas: la rigidez en las prácticas religiosas, ya superadas por el Evangelio, y la anarquía que rechaza doctrinas cristianas, cuya autoridad proviene del propio Evangelio de Jesucristo.

Decía Aristóteles que la virtud es el justo medio entre dos vicios; uno de estos representa un exceso, el otro un defecto. Por ejemplo la virtud de la valentía  esta ubicada entre el exceso de la temeridad y el defecto de la cobardía.  La pregunta entonces es, ¿cuál es el justo medio entre el exceso del  legalismo y el defecto del “liberalismo”*?

El pasaje que estamos considerando representa ese balance que la iglesia cristiana debe tener, en un mundo de extremos. Nos cuenta Lucas, que Jesús en su camino a Jerusalen entró a una sinagoga el sábado en la mañana y enseñaba. También había en la misma sinagoga un mujer que llevaba encorvada 18 años, y aunque deseaba no podía levantar la cabeza.  Posiblemente, ella nunca imaginó que tuviese alguna oportunidad de recobrar su salud, y estaba resignada a vivir con esta condición.  Ella se había hecho amiga de su encorvamiento.

Sin ella solicitarlo, sin siquiera rogarle, sin hacer largos ayunos, ni hacer penitencias; Jesús la ve y le declara: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”… e imponiendo las manos sobre ella,  la mujer se enderezó y daba gloria a Dios. Todos celebraban esa acción en que Jesús adelanta los signos del reino venidero para aquella mujer (en eso consiste un milagro). Dije todos…pero no fue así…el jefe de la sinagoga se enojó diciendo: “Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, estos días a curaros, y no en día de sábado.” (verso 14).

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¿Es posible que alguien se enoje porque ha ocurrido un acto de liberación, que produce esperanza y nuevas posibilidades a un ser humano? Sí es posible, cuando interpretamos la fe desde los extremos.  Cuando el exceso de la  rigidez y el defecto del libertinaje dominan la capacidad reflexiva, perdemos la capacidad de dialogar y de evaluar los actos de Dios, y mucho más, nuestros propios actos. Jesús declara una palabra que debemos considerar en esta mañana…quien llamándose religioso no celebra la manifestación de la gracia de Dios para el bienestar de sus hijos…es hipócrita (verso 15).

Jesús irrumpió en la vida de esta mujer de un modo no tradicional, pero su intervención trajo esperanza y nuevas oportunidades para esta mujer oprimida (verso 16). La intervención de Jesús trajo salud, plenitud y estima propia para esta hija de Dios.
Que nuestro mensaje manifieste la santidad, gracia y poder de Dios para traer bienestar a los pueblos. ¡Muchas bendiciones!

 

*Podemos decir que el legalismo significa “juicio sin misericordia”, mientras el liberalismo o hiper-gracia significa “misericordia sin juicio”.  En este escrito “liberalismo” se refiere al énfasis exagerado en todas las cosas “positivas” como gracia, gozo, bendiciones, libertad total, etc. Esta enseñanza hace que los cristianos abandonen todas las restricciones.

 

Un poco más allá de la tradición


Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 17 de Julio de 2016, lo encontramos en el Evangelio de Lucas 10: 38-42. Este pasaje aparece en la sección de la subida de Jesús  a Jerusalén, en la que el Maestro ofrece instrucciones sobre el camino cristiano (Lucas 9: 51-19:27). Este relato es una buena oportunidad para que las iglesias pueda discernir sobre sus políticas denominacionales  de reclutamiento y manejo de su cuerpo ministerial, y como atemperarlas, mas que a los tiempos, a los principios del Evangelio del Reino de Dios.

Me llama la atención los versos 41-42. Jesús entró en un pueblo y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. El Evangelio de Juan (11:1ss; 12: 1-11), nos habla de una familia de Betania que tenía características similares a la que nos narra Lucas, que estaba compuesta por tres hermanos: Lázaro, Marta y María. Ahora bien, Lucas no menciona a Lázaro y mucho menos parece que el lugar sea Betania, lo que puede significar que Lucas utiliza fuentes diferentes a Juan .  Parece ser que estas hermanas eran solteras y sus padres habían muerto, (aunque existe una tradición que los identifica como hijos de Simón el leproso–vea Mateo 26: 6ss  y Juan 12: 1ss), por lo tanto, esta familia no tradicional se organizaba para poder responder a los retos de su tiempo.

Marta, que parece ser la hermana mayor, y ante la ausencia de una figura masculina, era la que administraba la casa.  Marta era muy apegada a las prácticas culturales de su pueblo y época, muy especialmente en su hospitalidad.  Para ella el cumplir las normas de su cultura religiosa era requisito para agradar a Dios. El hecho de haber recibido a Jesús en su casa, no habiendo una figura masculina, indicaba que era una fiel creyente en las enseñanzas del Maestro.

Por otro lado, Marta, tenía una hermana menor llamada María. La hermana menor también cumplía con las costumbres y leyes de la hospitalidad, pero de una forma no tradicional para su época, en la que las mujeres estaban confinadas a la cocina y los quehaceres de la casa.  María también quería aprender y se sentó a los pies de Jesús para escucharle.  Cuántos se escandalizarían al ver este escenario!Foto de Samuel Caraballo.

Marta, al igual que la mayoría de los hombres, se molesta por la forma en que su hermana estaba actuando ya que no era “políticamente correcto”.   Para Marta el lugar de  María era la cocina, colaborando con ella, y no el sentarse  a los pies de Jesús. Marta, disgustada con la forma de conducirse de su hermana, acude al Maestro a buscar su apoyo.–“Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo?  Dile, pues, que me ayude.”  El Señor responde de una forma inesperada para ella– Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor de una sola–. Marta es sorprendida con esta respuesta inesperada.  Y Jesús le remacha: “María escogió la mejor parte y no se la quitarán.” Como dirían unos amigos míos: “No hay diablo que le pueda quitar el ministerio a esta mujer.”

Una gran enseñanza para las muchas Martas y “Martos” de nuestro tiempo.  El sexo no determina la capacidad de aprender y, mucho menos, para ejercer el ministerio cristiano.  El discipulado cristiano no es cuestión de género, sino de la gracia de Dios, que se encuentra con un “corazón” dispuesto para obedecerlo. Lo que le da valor al servicio cristiano, más que la actividad en si misma, es la actitud del corazón con que se hacen las cosas y la disposición del discípulo para obedecer a su Señor en todo lo que hace. Escogemos la mejor parte cuando nos disponemos obedecer a Jesús, sin poner como excusa factores vinculados a nuestras limitaciones físicas, personales, sociales, culturales o económicas.  Dios en Cristo tiene un lugar o un espacio para cada discípulo, que con un corazón generoso, desea honrar al Señor con su vida.  

La iglesia no puede cerrar los espacios que Jesús abrió.  Muchas bendiciones.

SER PRÓJIMO…el desafío supremo


 

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Por Samuel Caraballo-López

El relato de Lucas 10: 25-37, es la lectura asignada para el 10 de julio de 2016, octavo domingo de Pentecostés. Este relato forma parte de las instrucciones sobre el “camino” cristiano expresadas por Jesús en su último viaje a Jerusalén (9:  51-19:27), y que comúnmente llamamos la parábola del buen samaritano. Para mi reflexión tomaré como referencia un escrito de mi hijo Samuel Luis, titulado, LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO: LA PREGUNTA NO ES ¿QUIÉN? SINO ¿CÓMO?[1] Te recomiendo la lectura completa de este artículo.

La parábola del buen samaritano nos muestra tres (3) aspectos necesarios para “ser prójimo” de acuerdo a las enseñanzas del Señor Jesucristo:

a) El [ser prójimo] conlleva arriesgar nuestro bienestar personal por compasión a los que yacen tirados en las veredas de la vida. 

¿Cuán posible era que los mismos ladrones que atacaron al malherido también atacaran al sacerdote, al levita y/o al samaritano?  Muy posible. A pesar de lo peligroso del camino por donde transitaban, solo el samaritano asumió el riesgo y se detuvo por compasión. Muchos interpretan que el sacerdote y el levita no se detuvieron ayudar porque iban de prisa a sus labores litúrgicas. Por el contrario, el relato nos dice que estos bajaban de Jerusalén a Jericó (10: 31).  La descripción de Jesús nos permite inferir que ya habían terminado sus labores litúrgicas, y que la vereda por donde transitaban estos hombres era una desértica donde no había sinagogas en la proximidad (10: 30).

Al ver al hombre moribundo, el relato nos dice que tanto el sacerdote como el levita “pasaron por el otro lado del camino” (10: 31-32). Por lo tanto, para estos funcionarios del templo pesó más el inminente peligro y las consecuencias de ayudar al desconocido en una vereda desértica, y decidieron seguir su rumbo por el otro lado.

Es interesante notar que ambos religiosos pudieron identificar “quién era su prójimo”. Sin embargo, ambos rehusaron “ser prójimo” de la víctima. Quizás estos sintieron pena por el hombre o cuestionaron la efectividad de sus acciones en un lugar desolado. De hecho, por ser un lugar solitario nadie veía lo que estaban haciendo. Es posible que sus buenas intenciones fueron doblegadas por su sentido de inseguridad. Sin embargo, el samaritano motivado por la compasión, asumió el riesgo de ayudar al herido.

b) El [ser prójimo] conlleva invertir nuestro tiempo, bienes, y esfuerzos en el proceso de restauración de aquellos golpeados por la vida.

El samaritano tuvo compasión y se detuvo. Sin embargo, un simple “Dios te bendiga” no era suficiente para restituir el mal perpetrado contra la víctima. No sabemos cuánto tiempo le tomó al samaritano vendar las heridas de aquel moribundo. Tampoco sabemos cuán lejos estaba el samaritano de su destino final. Pero ante lo inesperado de la tragedia, el samaritano no escatimó usar su “vino y su aceite” (lo que sería su sustento durante su travesía) para ayudar a restaurar a una víctima desconocida. El proceso de restauración requirió llevar al abatido a un mesón y cuidar de él. ¡No hay duda que ser prójimo del caído conlleva tiempo, gastos y esfuerzo!

c) Para [ser prójimo] necesitamos romper los paradigmas socio-culturales que pautan nuestro comportamiento hacia a los demás.

En la sociedad Palestina existían parámetros que dictaban el nivel de interacción entre los judíos y los samaritanos. A la hora de ayudar al malherido, el samaritano trascendió las tensiones étnicas de su contexto en su trato hacia la víctima.

Hoy en día, los parámetros de nuestra sociedad nos llevan a adoptar patrones selectivos y parciales de beneficencia;

Como dice el dicho: “la sangre pesa más que el agua”. De acuerdo a los valores de este mundo, estamos llamados ayudar solo aquellos que guardan cierto vínculo con nosotros. ¿Pero, qué de aquel que no profesa mi misma fe, o al que no se subscribe a mis ideologías políticas, o al que no pertenece a mi grupo racial o étnico, o al que no adopta mis criterios de orientación o preferencia sexual, o al que no tienen mí mismo nivel socioeconómico o académico?

En segundo lugar, de acuerdo a los valores de este mundo, nuestras ayudas al prójimo están condicionadas por los parámetros de la “mutua beneficencia”;

Hoy por ti y mañana por mí”—así solemos decir. Por lo tanto, terminamos dándole la mano aquellos que tengan el potencial de compensar nuestras acciones en un futuro. Ayudamos a José porque él es una persona de influencia en la sociedad. Pero no ayudamos a Pedro, el “indigente”, porque no le vemos potencial alguno; a Pedro lo dejamos tendido en la vereda y cruzamos al otro lado del camino.

De hecho, la generosidad era vista tanto en la cultura romana y griega como un intercambio de favores (Lucas 7:1-5).  Para ser generoso se requería una “vena” de nobleza.  Los actos de generosidad respondían a propósitos claros: brindar honra y reconocimiento a los benefactores.  Es decir, la generosidad implicaba un acto recíproco de reconocimiento al acto, una especie de intercambio de servicios entre las partes.

Estos son algunos ejemplos de cómo usamos nuestros “actos de beneficencia selectiva” para cumplir con las expectativas cívicas de nuestra sociedad. Es por esta razón que el intérprete de la ley necesitaba determinar, mas que quién era su prójimo, el cómo ser prójimo.

Conclusión:

En la “parábola del buen samaritano”, lo que le interesa a Jesús es que aprendamos a ser la clase de prójimo que Él fue. Cristo no escatimó dar su vida por la humanidad, aun cuando ésta yacía moribunda a causa del germen del pecado. ¡Obviamente, es imposible ser como Cristo por nuestra propia moralidad o determinación! Por lo tanto, cuando Jesús nos dice “Ve y haz tú lo mismo” nos está invitando a reconocer lo tergiversado de nuestras acciones humanas. Sin la dirección del Maestro, hasta lo que preguntamos y expresamos tiene que ser transformado (por la boca comienza la transformación).

No obstante, la tarea de [ser prójimo] es un encargo que solo se cumple a cabalidad cuando rendimos nuestras vidas a los pies del que venció al pecado. Sin Cristo, no podemos ser como Cristo.Es solo en el poder regenerativo del Espíritu Santo que podemos ser la clase de samaritanos y samaritanas que Jesús desea formar, (2 Corintio 5:17). Sin el poder de la resurrección de Cristo en nosotros, nuestros actos de beneficencia son actos de moralidad hueca.

Por lo tanto, te invito a reflexionar en las implicaciones de ser prójimo a la luz del Evangelio. Es solo en el reconocimiento de nuestra imposibilidad y a través de la infusión de la naturaleza de Cristo en nuestras vidas podremos hacer la transición del “¿quién es mi prójimo?” al “¿cómo ser prójimo?”.  ¡Muchas bendiciones!

 

 

[1] En el Blog “Corriendo para ganar”, www.samuelcaraballo.com

Me llamó a levantar la cosecha… ¿cómo respondo?


Cosecha 2

Por Samuel Caraballo-López

El texto del 3 de julio de 2016, séptimo domingo de Pentecostés lo encontramos en el Evangelio de Lucas 10: 1-12; 17-20.  Las fuentes de este pasaje las encontramos en el Documento Q y en recursos que solo Lucas tenía acceso, lo que significa que en el texto se presenta la teología e intereses del evangelista.  De hecho, yo concibo que estos textos son consejos que cada seguidor de Jesús, que se siente convocado por Este, debe contextualizar y tomarlos seriamente como paradigmas para la ejecución hoy de la misión redentora de Dios. En este escrito haré un esfuerzo por contextualizar las enseñanzas esenciales para la misión que emergen de este pasaje bíblico.

Después del rechazo recibido por los samaritanos (9: 53) y la clarificación sobre el llamado al discipulado cristiano (9: 57-62), Jesús continua su camino a Jerusalén.  Al igual que el envío (apesteilen) de los doce (9:1-6), Jesús designa (anedeizen) a setenta y dos (72) discípulos a continuar el ministerio de Juan el Bautista (3: 3-6), es decir a anunciar en todas las ciudades por donde había de pasar el Maestro, su llegada.  El número setenta y dos (72), tiene cierto simbolismo. Se puede referir a la evangelización de todas las naciones, haciendo referencia a las naciones de Génesis 10: 2-31, que según la Septuaginta (versión LXX) eran 72.   También podría referirse a los setenta y dos (72) ancianos de Israel, escogidos por Moisés para su colaboración, y que fueron llenos del Espíritu de YHVH y profetizaron (Números 11: 20-26).

Al igual que Juan, quien fue enviado “delante de tu presencia” (7: 27), estos seguidores de Jesús son enviados de dos en dos “delante de sí” (pro prosopou), a cada ciudad y lugar por donde Jesús iría en su camino a Jerusalén (verso 1).  El enviarlos de dos (2) en dos (2) fue el patrón misionero utilizado en el libro de los hechos por tres (3) razones: la ayuda mutua; garantizar la verdad de su testimonio (cf. Dt. 19,15); y ser una expresión viviente del evangelio de la paz (cf. V. 5-6).

Es una buena estrategia misionera y evangelística enviar, previo a cualquier actividad pública de la iglesia, un grupo que se adelante para anunciar e invitar a la comunidad al evento a celebrarse.

Lucas explica lo racional de esta misión: “La mies es mucha y los obreros para recogerla son pocos” (verso 2).  Esto es una figura retórica común en el evangelio que llamamos “chreia”.  Lucas acostumbra a utilizar el “chreia” o anécdota, que es una figura retórica que consiste en un breve relato de un hecho, o un dicho de un personaje célebre que se utiliza como ilustración.  En este caso los setenta y dos (72 son obreros contratados por el Dueño para levantar la cosecha.  Ahora no podemos pasar por alto la segunda parte del verso 2b:

“Rogad pues al Señor de la mies, para que envíe obreros a la mies”.

La idea generalizada en nuestras denominaciones y congregaciones de que el remedio para la necesidad de más obreros cristianos es una mejor propaganda, reclutamiento y sin duda una mejor remuneración, es falsa. El remedio que Jesús propones para la necesidad de más obreros es pedir a Dios que envíe los obreros que faltan. (Lucas 10: 2b).  Hay un cuidado que debe tener el liderato de la iglesia, ya que podría ser detrimental para el crecimiento de esta, y es no rechazar o discriminar a los “obreros” que Dios trae para levantar la cosecha. La iglesia no puede perder la conciencia de que el dueño de la cosecha es Dios. Ahora bien, la iglesia siempre tendrá la responsabilidad de colaborar con el Espíritu en el proceso de equipar y regular a los “obreros”, para la tarea del ministerio (Hechos 15: 28; Efesios 4: 11-12).

Propaganda

El Señor de la cosecha, instruye sobre los peligros de esta asignación: “los envío como corderos en medio de lobos.” (10: 3). ¿Qué es un lobo en este contexto? Se refiere a personas sagaces, impíos, sangrientos, fácil de enojarse, viciosos al extremo, que rechazan lo que se les da u ofrece, pero roban lo que no se les da u ofrece. Jesús advierte a su audiencia, lo que ellos ya conocen–hay peligros inherentes a la misión.

Jesús, más que equipar a los discípulos para una “guerra santa” contra los infieles, Jesús los “de-equipa”:

NO lleven carteras

NO lleven mochilas ni maletas

NO lleven sandalias (ropa cara).

La ausencia de todo equipo estándar para viajar indica la total dependencia de los discípulos del que los envía.   La recomendación de NO saludar a nadie en el camino, no es un acto de descortesía, más bien, es una medida para ganar tiempo y priorizar la urgencia de la misión (verso 4).

Jesús da instrucciones con relación a la conducta de los discípulos cuando entren en una casa. En cualquier casa que entres, diga primero, ¡Paz sea sobre esta casa! (verso 5).  La declaración de paz, no es solo el adoptar el saludo judío, sino que este saludo caracteriza y cumple la promesa expresada en el Evangelio de la infancia de Jesús (Lucas 1: 79; 2: 14, 29), y anticipa el saludo del resucitado a sus discípulos (Lucas 24: 36), y que comunica una fuerte esperanza escatológica.

De hecho, este pasaje nos indica que Jesús anda buscando “hijos de paz”, cuya inclinación no es la belicosidad sino a buscar vías pacíficas para resolver sus diferencias y conflictos:

“vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.” (verso 6).

Jesús da otras instrucciones importantes, “posad en aquella misma casa”—comiendo y bebiendo lo que ellos provean, y de acuerdo a sus posibilidades (verso 7).  En este aspecto Jesus afirma el contenido social de la hospitalidad.  El comer y beber lo que el anfitrión provea, es la etiqueta estándar para un invitado en el contexto de la hospitalidad.  De hecho, este acto de la mesa sella la aceptación del Evangelio por los miembros de la casa.

hospitalidad

Además, los seguidores de Jesús no solicitan dinero como pago por su mensaje como otros grupos de la cultura helenista (los cínicos, sofistas, epicúreos, estoicos etc.), su pago es la hospitalidad (comida y hospedaje) (versos 7 y 8).  El discípulo de Jesús no puede ser una “parásito at large”, aprovechándose de la gente.

Las palabras de Jesus a los setenta y dos, tiene implicaciones en las prioridades de la vida. Por un lado, las estrictas leyes de alimentos deben ponerse a un lado por causa del Evangelio.  En el lugar donde te hospedes, haz bien a los moradores…sana a los enfermos, colabora con ellos, y declárales que el reino de Dios se ha acercado a vosotros (10: 8-9).

Jesús prepara también a los setenta y dos (72) para tiempos y lugares en los que hay más rechazo que recepción.  Jesús rechaza la venganza que pretendían proferir Juan y Santiago contra los samaritanos (Lucas 9: 54), con un gesto profético particular: “sacudan el polvo de la ciudad que se nos pegó a los pies”, haciéndoles saber: “El reino de Dios se ha acercado” (verso 11).  En el verso 12 se menciona a Sodoma, cuya impiedad era proverbial, y que uno de sus principales pecados fue la falta de la hospitalidad.   Esta mención de la ciudad de Sodoma, sirve de transición para la segunda parte del capítulo (10:13-24).

En los versos 13-16, Lucas utiliza una “chreia apocrítica” sobre Corazín, Betsaida y Cafarnaum, debido a la actitud que habían manifestado al mensaje del Evangelio. El verso 16 requiere nuestro énfasis porque el sentido de la misión cristiana se encuentra en esta frase lapidaria: “escuchar la palabra anunciada por los discípulos es escuchar la palabra de Jesús; y escuchar la palabra de Jesús es escuchar la palabra de Dios.” (Brown, 2004).

En los versos 17-20, tenemos otra figura retórica que llamamos una “chreia elaborada” que no tiene paralelos en la tradición sinóptica, lo que nos indica que es parte de la teología de Lucas.   Esta unidad comienza con el regreso de los setenta y dos (72). Su expresión de gozo nos evoca la acción anticipada en la anunciación (1: 14; 2: 10). Es el comentario de los recién llegados que provoca todo este análisis:

“Señor, ni aún los demonios se nos sujetan en tu nombre” (verso 17).

Aunque en el mandato del capítulo 10: 1-2, no está explícito el expulsar demonios, la presencia del reino es confirmada por la expulsión de los demonios (Lucas 11: 20; Mateo 12: 28), y por la sanidad de los enfermos (Lucas 9: 1; 4: 40-44).

Jesús, en el verso 18, expresa una visión que anticipa un evento futuro, como lo es la caída de Satanás, el principal adversario de Dios y humanidad.  No hay duda que Lucas utiliza como referencia los textos apocalípticos del judaísmo y el cristianismo primitivo.  Lo que los 72 celebran es cierto, el reino ha llegado y este se ha hecho presente en la predicación del Evangelio de Jesucristo.  El reino escatológico, que era una promesa futura (Apocalipsis 21:4), ahora se adelanta en Jesus, y la derrota de Satanás y sus “minions”, es una realidad.  Así que la misión de los 72 es una representación en menor escala de la gran batalla cósmica entre Dios y Satán.

En Lucas 10:19, “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones y el poder del enemigo, y nada os dañará”.  A través de Cristo los discípulos tienen autoridad para manejar “escorpiones y serpientes”, símbolos bien conocidos de los poderes del mal (Deuteronomio 8: 15).   Según el Evangelio de Lucas, Satanás ha sido derrotado decisivamente a través de los eventos de la exaltación de Jesús.  Jesús en su ministerio terrenal debilitó los cimientos del imperio del diablo, en la cruz lo derrotó, en la resurrección anuló su poder y en la exaltación lo expulso de los lugares celestiales (10: 18).

El reino de Dios

Ahora bien, ¿qué realmente debe regocijar a los discípulos?  Jesús va a contestar en forma contundente: “Pero no os regocijéis por esto, de que los espíritus se os sometan, sino regocijaos de que vuestros nombres están inscritos en los cielos” (verso 20). La fuente del gozo no es simplemente que podamos reprender demonios o manifestar poderes extraordinarios, sino que, tanto a los 72 como para a los que recibieron el mensaje, Dios ha revelado que es a través de Cristo que somos registrados como ciudadanos del reino de los cielos, y esto no es de vosotros, pues es don de Dios (Lucas 10: 21-22; Efesios 2: 8-10).

De hecho, el fin del mensaje del Evangelio es que más seres humanos reciban el regalo que Jesús nos ofrece…Ser parte del reino de Dios.  ¡Muchas bendiciones!

Con la mano derecha cerrada y la izquierda abierta


Por Samuel Caraballo-López

Aunque la mayoría de las Denominaciones históricas de corte evangélico han estado reduciendo su membrecía en los Estados Unidos, hay otras de tradición pentecostal que continúan creciendo. Este fenómeno requiere que reflexionemos ponderadamente y sin apasionamientos, de tal forma que encontremos alguna explicación racional, que nos ayude a detener la inminente caida.

Para un entendimiento correcto de este fenómeno se requiere examinar como la iglesia, en sus diferentes instancias y contextos, está realizando la misión redentora de Dios.  Además, podría ser iluminador el examinar el discurso sobre el Evangelio, en estas congregaciones que están reduciendo aceleradamente su feligresía, para determinar si existe alguna correlación entre estas dos variables.

Hoy temprano tuve la oportunidad de leer un artículo muy inspirador de Ed Stetzer, Presidente de LifeWay Research y misionólogo de esa misma organización, titulado Advertencia de Peligro: El futuro de la iglesia y la misión[1].  En este escrito el autor nos llama la atención sobre el desplazamiento que está sufriendo la iglesia hacia los márgenes de la sociedad, empujada por la cultura hegemónica, que es sostenida por los medios informativos, la literatura, las artes, y la política.  De alguna manera esta cultura ha creado formas de espiritualidad secular que ha sustituido a la iglesia. Dicho en “arroz y habichuela”, las masas poblacionales han decidido que nuestras iglesias no tienen las respuestas a sus preguntas y necesidades espirituales, y buscan otras fuentes alternas para satisfacer dicha necesidad.

Ahora bien, Stetzer, ve este movimiento hacia los márgenes de la iglesia como algo positivo, porque plantea el que la iglesia vuelva a ser lo que fue en sus primeras etapas, una iglesia que realiza la misión de Dios desde los márgenes de la sociedad, manteniendo simultaneamente solidaridad y tensión con esta. No hay duda que, desde la perspectiva histórica-social, Jesús y sus primeros seguidores cumplieron su misión en medio de una cultura que rechazaba su mensaje y marginaba a la iglesia.

Así que, tanto el Jesús histórico como la iglesia de los primeros siglos vivieron en un mundo en que ellos eran minoría, y su mensaje no era validado por la inmensa mayoría de las culturas de su época.  Esto nos alerta sobre la posibilidad de que el paganismo vuelva a ser hegemónico, y la iglesia tenga que volver a sus recursos básicos para proclamar el mensaje redentor de Dios. A mi me parece esto como una buena noticia para la iglesia.

Un buen ejercicio, que podríamos realizar, es visitar alguna de las denominaciones evangélicas que están decayendo en forma vertiginosa en nuestro entorno, para escuchar su proclamación del evangelio. Una de las cosas que quizás observemos de inmediato es la tendencia a acomodar el mensaje cristiano, a los cambios culturales y legales que se están manifestando en casi todo el mundo.  De hecho, en la década del 90, fui pastor en los Estados Unidos en una de las denominaciones que más rápido está decayendo en la actualidad. Una práctica que ya se veía en aquel tiempo era el pasar por alto o ignorar aquellos relatos y enseñanzas bíblicas que de alguna manera podían ser cuestionados por la cultura hegemónica.

Iglesia-estadística

Al tratar de pasar por alto los textos que algunos llaman “de terror”, porque parecían ser muy sangrientos, discriminatorios o no creíbles, era una forma de acomodar la Biblia a la nueva cultura. Siendo honestos, no se puede leer la Biblia y esconder el hecho de que el Evangelio se centra en dos (2) eventos, uno violento (la muerte en la cruz) y el otro increíble (una tumba vacía). El evangelio que proclama la iglesia tiene como eje central un Salvador que murió crucificado y resucitó, para libertar y producir vida en la humanidad caida. Si los creyentes no pueden creer esta verdad, entonces, reduciremos nuestro mensaje a uno simplemente de  “no-violencia”  y de afirmación de los derechos humanos.

Hace un año, el 28 de junio de 2015, se celebró mi ceremonia de jubilación.  El orador invitado para dicha actividad fue mi hijo Samuel Luis, trayendo un mensaje que nos ayudó a redescubrir el libro olvidado de Judas.  La Carta de Judas es un libro que frente a una cultura hegemónica anticristiana, que pretendía “tragarse” el Evangelio de Jesucristo, nos trae una de las más vibrante exhortaciónes del Nuevo Testamento:

“Amados, poniendo toda diligencia en escribiros acerca de nuestra común salvación, tuve necesidad de escribiros exhortándoos Que contendáis ardientemente por la fe una vez dada a los santos” (Judas, 3).

Stetzer, propone a la luz de esta exhortación universal de Judas, que en el Evangelio que nos ha sido dado, hay creencias que tenemos que retener tal como se han trasmitido y otras que debemos contextualizar.  Como parte del proceso de reflexión, la iglesia debe definir aquellas creencias que forman el “cinturón protector” del Evangelio y que le dan estabilidad, junto a las creencias que requieren ser contextualizadas para que el Evangelio hable a las nuevas generaciones y pueblos. Así que, tenemos que distinguir entre dos (2) clases de creencias en el Evangelio, aquellas por las que vamos a contender ardientemente, y las otras que vamos a contextualizar con ese mismo ardor.

Ed Stetzer, utiliza una metáfora que nos puede ser muy útil, y que consiste en poner en la mano derecha cerrada las creencias que forman el “cinturón protector” del Evangelio, y poner en nuestra mano izquierda abierta aquellas creencias que deben ser contextualizadas.   Ahora bien, esta tarea no es fácil, porque tenemos que definir, con la sabiduría del Espíritu, el mejor conocimiento de las Escrituras y el consenso de los hermanos (Hechos 15,22-29), qué creencias vamos a mantener en la mano derecha cerrada, y qué creencias mantendremos en la mano izquierda abierta. Este ha sido un tema recurrente en mis escritos, y me parece que es el más grande reto que tiene la iglesia.

Siguiendo el consejo de Judas, lo importante es que podamos “contender con” y “resistir” las fuerzas que están presionando para que abramos la mano derecha. Hay que dejar meridianamente claro y con firmeza, en todos los foros, que hay creencias que le dan sentido y estabilidad al Evangelio, y que estas han permanecido intactas a través de 21 siglos de historia, y la iglesia las va a guardar con celo y dedicación. Estas creencias, algunas no simpáticas a la cultura dominante, son las que le han dado a la iglesia la solidez y confiabilidad para ofrecer luz al mundo, y a su vez  le dan credibilidad  en la proclamación del mensaje redentor de Dios.

Reconciliación

El consejo final de Stetzer, hay que repetirlo hoy:  Debemos enseñar a los líderes cristianos, sean pastores, maestros, evangelistas, capellanes, etc., y a los miembros de las iglesias a mantener firmemente cerrados los asuntos de la mano derecha.   Nuestra mano izquierda se mantendrá abierta a la contextualización para mejor entendimiento de nuestro mensaje entre las diversas culturas y contextos.  Hay que aceptar de buena gana que la iglesia seguirá siendo marginada por la cultura, pero enviada, guiada y alimentada por el Dios Trino y Uno, que nos legó las Buenas Noticias de que en Cristo, Dios está reconciliando al mundo consigo mismo, y que la reconciliación es la piedra angular de Su misión redentora en el mundo.  ¡Muchas bendiciones!

 

[1] http://ag.org/enrichmentjournal_sp/200802/200802_036_Writing.cfm

 

¿Cómo ser la iglesia que Jesús siempre quiso que fuéramos?


agricultura

Por Samuel Caraballo-López

Introducción

A partir del 20 de marzo hasta el 20 de junio, ocurre en el hemisferio norte de nuestro planeta la primavera, la estación más hermosa del año.  La primavera es la época de floración y cosecha en el mundo vegetal.  Cuando se siembra, cultiva y cosecha los productos de la tierra, se genera una dinámica tal en todo nuestro ser que hace olvidar todos los grandes esfuerzos físicos y mentales hechos durante el proceso agrícola.

Todo proceso agrícola se inicia con la selección de los espacios terrestres o suelos que han de servir de contexto, seguidos de su preparación y acondicionamiento, que nos permitan las siembras que formarán nuestros pequeños ecosistemas agrícolas.  En ese proceso inicial puede estar la victoria o el fracaso de toda empresa agrícola.

Un sueño que siempre he tenido es ver los campos, montañas y llanos poblados de fincas de agricultura intensiva y diversificada, sean pequeñas, medianas y grandes.  Veo en mis sueños una diversidad de fincas produciendo vegetales, frutas, plantas medicinales y aromáticas, miel, huevos, animales domésticos y todo tipo de producto agrario; y que a su vez nuevas generaciones de agricultores aprendan a trabajar la tierra sin erosionarla, a usar el agua sin contaminarla, y aprovechar la biodiversidad sin destruirla.

agricultura ecol

Son de estos sueños y visiones que surgen la metáfora que utilizo para expresar mi concepción de la iglesia del Señor en el mundo.  Esta metáfora de la agricultura ecológica y sustentable, me sirve para caracterizar el ministerio de la iglesia, que consiste en propiciar la misión redentora de Dios en el mundo.  La misión redentora de Dios consiste en salvar, transformar y bendecir, por Su Gracia, a los seres humanos, que mediante la fe en Jesucristo se acercan a El (Efesios 2: 8-9).  El plan de Dios es devolver al ser humano, por medio de Cristo, el lugar privilegiado y la relación de amistad con Dios, el prójimo, la naturaleza y consigo mismo, que tenía en el principio de la Creación.  Por lo tanto, la iglesia tiene la tarea suprema de propiciar la misión redentora de Dios mediante su colaboración, proclamación, testimonio, servicio, acompañamiento y entrega de si, aunque el acto lleve al sacrificio personal o colectivo.

Desarrollo

Desde esta metáfora veo a las congregaciones cristianas, pequeñas, medianas y grandes, como comunidades que siembran armoniosamente todo tipo de plantas, cosechando y criando animales domésticos, según su naturaleza, y produciendo frutos diversos que alimenten al mundo y satisfagan el anhelo de Dios de unir todas las cosas en Cristo Jesús (Efesios 2: 14-16).  Las congregaciones cristianas, que, con su diversidad de dones, operaciones y ministerios propician que la vida de Dios sustente la vida plena de ésta y futuras generaciones.

Todo esto parece una utopía inalcanzable, sin embargo, las Sagradas Escrituras, la historia de la iglesia y la experiencia nos demuestra que esto es posible (Hechos 2, 44-47, Efesios 2: 17-22).  Quizás lo que falta es el entendimiento, la voluntad y las medidas necesarias que apoyen esta iniciativa que tanta bendición traería al mundo, permitiendo que cada congregación en forma participativa y armoniosa, y dentro de su llamado y contexto particular, y utilizando los dones que Dios les ha dado, puedan propiciar, en forma particularizada la obra redentora de Dios en el mundo. ¿Será esto posible? ¿Cómo podríamos hacerlo?

  1. Primero, hay que entender que la Iglesia es solidaria incondicionalmente con el mundo.

En artículos anteriores he escrito sobre esta gran verdad que no podemos ignorar. Es necesario recalcar que la Iglesia a ha sido llamada a ser solidaria incondicionalmente con el mundo (Juan 3: 16; 17: 18; Marcos 16: 15; Mateo 28: 19).

La solidaridad cristiana implica afecto, respeto e identificación: la fidelidad del amigo o del desconocido, la comprensión del maltratado, el apoyo al perseguido, la valoración e inclusión al discapacitado, el estar presente en el dolor y la alegría, el respaldo a causas que pueden ser impopulares o perdidas, todo eso puede no constituir propiamente un deber de justicia, pero si es un deber de solidaridad.

Iglesia solidaria

  1. Segundo, es urgente que afirmemos que el Dios Trino y uno, nos ha dado herramientas para propiciar la misión redentora de Dios.

El teólogo y pastor protestante   Aiden Wilson Tozer (1897-1963) declaró lo siguiente: 

A. W. Tozer“La noción popular de que la primera obligación es difundir el Evangelio a todo el mundo es falsa. La primera obligación del creyente es ser espiritualmente digno de difundirlo”.

Solo se puede llegar a ser digno cuando la gracia inmerecida de Dios inunda mi vida, y por la fe en Jesucristo soy libertado del pecado, y por su Espíritu formó parte de una nación sacerdotal (Efesios 2: 8-9; Apoc. 1: 5-6).  Solo los sacerdotes de Dios, pueden experimentar, vivir y proclamar simultáneamente las buenas noticias de la redención que Dios en Cristo ha realizado en la Cruz del Calvario (Apocalipsis 1: 5-6). Es en Pentecostés que se recibe el Espíritu que capacita a la iglesia para hacer real y presente la obra redentora de Cristo, por palabras y acciones de gracia (Hechos 2: 1-4; 33-38).

La iglesia que quiere propiciar la obra redentora de Dios va al mundo y se hace solidaria con este (Juan 17:18).  Sin embargo, no podrá trascender y propiciar eficazmente la misión redentora de Dios, sino es investida del Espíritu de Jesús (Lucas 24: 47-49).  Antes de ir, hay que “quedarse” para recibir la investidura sacerdotal.

Ustedes son testigos de estas cosas. Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto (Lucas 24: 47-49).

El Apóstol Pablo, luego de la gran experiencia, previa a su ministerio en Europa en su segundo viaje (Hechos 16: 6-9), aprendió lo que todos los creyentes tenemos que aprender:

“Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado. Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo. No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios”. (1 Corintios 2: 1-5)

Conclusión

Es importante recalcar que la investidura del Espíritu antecede a la solidaridad con el mundo, pero no la sustituye.  De hecho, la investidura del Espíritu y  la solidaridad con el mundo forman el entramado que propicia la misión redentora de Dios. El poder espiritual que se hace presente en Pentecostés tiene como propósito hacer al creyente testigo de Jesucristo en el mundo en el que es solidario.

John Wesley  El gran pastor anglicano y teólogo cristiano británico, John Wesley (1703-1791), expresó la siguiente frase, “El mundo es mi parroquia”. Esta frase establece la postura de la iglesia, que es ser solidaria con el mundo.  Es decir, el acompañamiento misericordioso de la iglesia se manifiesta en todos los lugares donde existan seres vivos, y por lo tanto, el compromiso no se limita a un país, una cultura, un sistema o un grupo étnico particular.

Mi compromiso como iglesia es el mismo que tiene mi Señor Jesús con su creación. Las mismas herramientas de Jesús para manifestar su “gloria” en el mundo, están disponibles para Su iglesia; El Espíritu de Dios y Su Palabra. Muchas Bendiciones.