Juan…un profeta popular, que nos invita al desierto


 

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Por Samuel Caraballo-López

sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra, cuya aprobación no proviene de hombres, sino de Dios (Romanos 2: 29 BTX)

La época de adviento, primera en el calendario eclesiástico de la Iglesia cristiana, se distingue por una serie de elementos, en los que Juan el bautista es el personaje predominante.  Es por eso por lo que no puedo considerar adviento sin esa figura cautivante de Juan el bautista.

El Evangelio de Marcos inicia sus relatos con Juan:

Apareció Juan bautizando en el desierto, y proclamando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. (1, 4 BTX)

Si observamos la declaración de Marcos podemos decir que Juan ejercía dos (2) ministerios interconectados entre sí: bautizar y proclamar la palabra de Yahvé.  Ahora bien, estas dos actividades tienen que ser consideradas desde el contexto del judaísmo del siglo primero, y por supuesto dentro de la teología de los evangelios.

La mayoría de los estudios que se hacen de los evangelios enfoca su atención, naturalmente en Jesús, dejando a Juan el Bautista en cierto grado de invisibilidad.[1]  A mí se me hace muy difícil ver a Jesús sin considerar a Juan como compañero de misión, y más que nada como el que realmente preparó desde el desierto “camino al Señor” (Isaías 40: 3-4).  En varios escritos anteriores he discutido la gran aportación de Juan al pleno entendimiento del mensaje y ministerio de Jesús.  De hecho, Jesús menciona esa labor excepcional de Juan:

Y mientras ellos iban, Jesús comenzó a decir a las multitudes acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de fino ropaje? Mirad, los que llevan ropas finas están en las casas de los reyes.  Entonces, ¿Qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Si, os digo, mucho más que un profeta.  De cierto os digo: Entre los nacidos de mujer, no ha sido levantado uno mayor que Juan el bautista…Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan, y si queréis aceptarlo, él es Elías, que estaba a punto de venir. (Mateo 11, 7-9; 11, 13-14 BTX).

Según Josefo los profetas pueden ser clasificados en alguna de estas tres (3) categorías:

  • Los profetas clericales, o sea, los sacerdotes que se involucraban en actividades de índole profética.
  • Los profetas sapienciales, es decir, los profetas que desempeñaban también el papel de sabios. Esta categoría, a la cual damos el nombre de profetas sapienciales, se puede aún subdividir de acuerdo con la secta a la cual pertenecía la persona: si era esenio, o si era fariseo.
  • Los profetas populares, un término que indica que su esfera social era el populacho, o sea, la gente común y corriente. Esta categoría también se puede subdividir de acuerdo con la relación que mantenían con el pueblo; ya sea que ellos se destacaran como líderes de movimientos proféticos, o que permanecieran

viviendo en la soledad.

Conforme a estas categorías el ministerio profético de Juan lo podemos ubicar con mayor exactitud entre los profetas populares, tanto por las personas a quienes él se dirigió como por las características específicas de su ministerio (Mateo 21:25-26).

Es altamente llamativo que el ministerio de Juan, hijo del sacerdote Zacarías, según Lucas 1:5-25, 57-80, comenzó en el desierto, lugar en que Dios se reveló a Moisés y le dio a conocer su nombre (Éxodo 3: 1, 4-6, 13-15).  Esta unidad narrativa de Éxodo 3, tiene implicaciones muy significativas para el ministerio profético de Juan.  Aunque en el la narrativa de Éxodo hay una intención etimológica del nombre de Yahvé, es decir, se explica el origen de dicho nombre y su relación con el entorno socio-cultural que lo rodea, también se destaca la importancia de que estos eventos ocurrieran en un lugar del desierto cerca del Monte Horeb (Sinaí). El desierto es el lugar donde no hay nada, y allí comienza la alianza entre Yahvé e Israel.

El culto Yahvista surge del desierto, no de proposiciones teológicas abstractas, sino que se concreta en el testimonio de las experiencias de Israel a partir de su alianza con Yahvé.  Israel conocía la importancia del desierto, fue allí donde comenzó todo, y es allí donde hay que volver a comenzar (Isaías 40:3). Al Juan comenzar su ministerio con el bautismo de arrepentimiento en el desierto, está llamando a Israel a iniciar una Alianza Nueva con Yahvé, bajo nuevas condiciones, ya que la anterior había sido múltiples veces resquebrajada:

Y proclamaba, diciendo: después de mi viene el que es más poderoso que yo, de quien no soy digno de inclinarme y desatar la correa de sus sandalias. Yo os bauticé con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo (Marcos 1: 7-8).

El mensaje profético de Juan era claro y consistente, Israel tenía que volver al desierto a encontrarse con Yahvé.  Israel había perdido su norte, y era necesario reencontrarlo en el lugar donde todo comenzó, el desierto.  Es por esto por lo que el ministerio de Juan polariza a Israel entre aquellos que aceptaban el bautismo, y por ende aceptaban iniciar una Alianza Nueva con Yahvé, y aquellos que no estaban dispuestos a arrepentirse. Su mensaje era claro; hay que iniciar desde el desierto una Nueva Alianza, y ya Yahvé había enviado a su Mediador para iniciarla.  El distintivo de este Mediador era su poder para bautizar con el Espíritu Santo (Marcos 1:8).

Así que Juan vincula El que viene después de él, con el mensaje del Profeta Isaías (11:1-8):

Y sobre El reposará el Espíritu de Yahvé; Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor a Yahvé. (verso 2)

Ese Espíritu que reposa permanente en Jesús, será compartido con el pueblo en esta Nueva Alianza, para que estos a su vez pueda vivir su completa humanidad bajo la voluntad de Dios.   El profeta Ezequiel había anticipado estos tiempos que ahora Juan el bautista anuncia:

Os daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros, y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.  Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Ezequiel 36: 26-27).

Adviento, es la época del año en que se nos invita a prepararnos para recibir y celebrar la llegada de Jesús.  Este el momento del año para reflexionar sobre nuestras acciones, y evaluar cuan congruentes han sido estas con el carácter del Dios clemente y misericordioso que nos ama, y, que, ante todo, desea que nos unamos a su proyecto de transformar el mundo.

Adviento, es tiempo de prepararnos para la Nueva Alianza que comienza en Navidad, examinando nuestros caminos, y si descubrimos perversidad en estos, pedir a Dios por medio de Jesucristo, que nos guie por el camino eterno.

¡Feliz Adviento!

 

 

[1] Vea excelente artículo de Robert L. Webb, “Juan el bautista: un profeta de su tiempo”, Kairós (Guatemala), no. 16 (Jan – Jun 1995): 23-38, Accesado el 3 de diciembre de 2016, http://0-eds.a.ebscohost.com.library.acaweb.org/eds/detail/detail?vid=1&sid=dd014ebe-983d-4044-b112-641263832ae1%40sessionmgr4006&hid=4108&bdata=JnNpdGU9ZWRzLWxpdmU%3d#AN=ATLA0001001439&db=rfh

PROCLAMANDO CON MAYOR EXACTITUD EL CAMINO DE DIOS


 

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Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, hombre elocuente, poderoso en las Escrituras.  Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solo conocía el bautismo de Juan.  Comenzó, pues, a hablar con valentía en la sinagoga; pero cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron aparte y le expusieron con más exactitud el camino de Dios (Hechos 18:24-26, RV).

Los creyentes de Éfeso se sorprendieron al escuchar a Apolos proclamar el Evangelio de Jesucristo. Su elocuencia y fervor religioso hacía que el pueblo prestara atención a aquel novel predicador.  Su valentía al proclamar el mensaje generaba la admiración de sus oyentes, aun de aquellos que no simpatizaban con las nuevas enseñanzas sobre Jesús el Mesías. Aquila y Priscila, una pareja cristiana que había colaborado en el ministerio del apóstol Pablo también estaban admirados, pero se percataron que había algo que era necesario mejorar en la proclamación de Apolos; la exactitud de sus enseñanzas cristianas.

¿Cuán importante es la exactitud de lo que se proclama?  ¿Cuán importante es la exactitud al comunicar la verdad del Evangelio?  Por exactitud nos referimos a cuan cerca del Evangelio se encuentra la proclamación de la iglesia.  La exactitud se relaciona con el objetivo de la proclamación.  En términos estadísticos, la exactitud está relacionada con el sesgo de una estimación, es decir, cuánto de mi propio juicio le estoy impartiendo a la proclamación del Evangelio.  En la medida que el contenido de la proclamación responda a intereses, visiones o ideologías particulares, menos exacta es.

Un ejemplo para explicar la exactitud es el siguiente: Varias flechas son disparadas hacia un objetivo o blanco. La exactitud describe la proximidad de las flechas al centro del objetivo. Las flechas que impactaron más cerca del centro se consideran más exactas. Cuanto más cerca están las medidas a un valor aceptado o establecido, más exacto es un sistema.  En la proclamación la exactitud está dada por lo cercano de lo comunicado al centro del Evangelio.

La exactitud es el grado de veracidad de la proclamación de la iglesia.  Cuando nuestro discurso y vivencia están alineados al Evangelio podemos hablar de la veracidad de nuestro mensaje.  A mayor cercanía de nuestro discurso al contenido del Evangelio del Reino de Dios, mayor será nuestra fidelidad a éste y el resultado de nuestro mensaje será la glorificación de Dios en los oyentes (1 Corintios 3: 6; 1 Pedro 4:11).

Apolo efeso

Aquila y Priscila dado su apego al mensaje del Evangelio y su capacidad para discernir, descubren en qué consistía el sesgo en la proclamación de Apolo, y de inmediato lo corrigen.  Ellos deseaban que Apolo, que poseía grandes cualidades como orador, fuera exacto en su proclamación, de tal forma que los que le oyeren pudiesen confiar en la certeza del mismo y pudiesen ser transformados conforme al propósito de Dios en Jesucristo.

Es fundamental que la iglesia desarrolle ministerios como el de Aquila y Priscila en nuestras comunidades; que con amor, competencia y sabiduría corrijan las desviaciones de la proclamación del Evangelio, de tal forma que la respuesta al mensaje sea igualmente transformadora.  Mi oración es para que más “Apolos” surjan, pero acompañados de más “Aquilas y Priscillas” en nuestras congregaciones cristianas. Recibe mis bendiciones,

¡A Mí lo hicisteis! ¡A mí no lo hicisteis! El núcleo de la ética de Jesús… Mateo 25: 31-46


Mateo 25 2

Por Samuel Caraballo López

Introducción

El texto del domingo 26 de noviembre de 2017 nos invita a reflexionar sobre nuestro actuar presente, utilizando una escena imaginaria del juicio final.  En esta escena construida por el evangelista Mateo, se encuentra el núcleo de la ética de Jesús.

De hecho, es un pasaje que solo el evangelista Mateo relata. Esta escena imaginaria del juicio final no es una revelación en sí (compare con Mateo 19: 28, y Lucas 22: 30), sino una instrucción dramatizada sobre lo que el creyente tiene que hacer frente al juicio inminente que le espera, y el valor central de la persona de Jesús como criterio para el enjuiciamiento de toda conducta humana.

Dado que este relato se encuentra en la última parte del discurso escatológico de Jesús, que comienza en el capítulo 24: 1 hasta 25: 46, y es precedido por dos parábolas, las diez vírgenes (1-13) y la parábola de los talentos (14-30), dicha construcción teológica parece más cercana a una parábola que un evento real.

Las parábolas tienden a ser disruptivas, ya que te confronta con una verdad que no necesariamente te agrada o que no deseas considerar. De hecho, la parábola no tiene la intención de afirmar un contenido, sino traer una enseñanza que brota de la totalidad de la narración.

El uso de la parábola es útil cuando la verdad que se desea compartir es difícil de oír, comprender y aceptar. Una parábola es como una bomba de tiempo…tú la escuchas—tic tac–te maravillas de ellas y sigues tu camino—tic tac–el próximo día piensa en ella—tic tac–de repente la verdad que Jesús te propone explota en tu mente… BOOM…y amplia tu visión.

Análisis de la escena del juicio final

La escena de esta perícopa describe una visión del juicio final en la que están reunidas todas las naciones, pero dicho juicio no es al colectivo, sino a los participantes en lo personal.  En este juicio están reunidos todos los seres humanos, y se presentan las normas para juzgar su conducta diaria con relación al indigente. ¿Cómo debo actuar como creyente en Jesucristo frente a la necesidad o injusticia?

En el relato se presenta una escena del Hijo del Hombre que, viniendo en gloria acompañado con sus santos ángeles, se sienta en su trono a juzgar.  A Jesús se le da el título de Rey, lo que implica la concepción que tiene Mateo de quién es Jesús, además de afirmar su autoridad para juzgar.

Mateo 25

En esta escena imaginaria se toman las categorías de la visión rabínica judía  que divide a los seres humanos en el día del juicio.  En esta concepción se dividen los seres humanos entre ovejas y cabras, los primeros a la derecha y los segundos a la izquierda (verso 32).

¿En qué se basa esta separación en el relato?  Solo en dos criterios: en lo que hicieron  o no hicieron en el trato  con el indigente y marginado. Estos dos únicos criterios nos demuestra que estamos ante una  construcción teológica de Mateo, cuya intención es responder a una situación específica de su contexto. Sin duda los juzgados, los de la izquierda y la derecha,  no tenían, previo al juicio, una idea del criterio de evaluación que utilizaría el Rey en dicho juicio (vea verso 37 y 44).

Las obras de caridad que se mencionan en este juicio son las mismas que mencionan la ley y los profetas, con ciertas particularidades.  Estas seis (6) clases de obras de caridad son mencionadas  en:

  1. Job 31, 16 -21, se menciona el dar de comer a hambriento, la atención de los pobres (viudas y huérfanos), albergar a los sin techo, vestir al desnudo, no abusar del inocente.
  2. Ezequiel 18: 7, 16:
    1. no explotar a nadie.
    2. al deudor se le devuelve la prenda.
    3. No cometer robo.
    4. dar su pan al hambriento
    5. Cubrir con su vestido al desnudo.
    6. No prestar con usura, ni cobrar intereses.
    7. juzgar imparcialmente
  1. Isaías 58: 6-7:
    1. Desatar ligadura de maldad.
    2. Soltar las cargas de opresión.
    3. Y dejar libre a los quebrantados y que rompáis todo yugo.
    4. Compartir el pan con el hambriento.
    5. Albergar a los pobres en casa.
    6. Cubrir al desnudo.
    7. Y no te escondas de tu hermano.

Este juicio imaginario tiene como única norma o criterio el servir  o no, a las necesidades del indigente y marginado.  Se juzga a los de la izquierda y los de la derecha solo por su trato o no trato de misericordia hacia el indigente y marginado. Lo particular de este juicio es que Jesús se identifica tanto con aquel a quien se le presta un servicio de misericordia como con aquel a quien se le niega dicho servicio.

En Mateo 22: 34 -40, Jesús en respuesta a la pregunta del experto en la ley, le había declarado que el segundo mandamiento era semejante al primero, y que de estos pendían toda la ley y los profetas, es decir toda la revelación del AT.  Es decir, el mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas (Deut. 6, 5), no se puede desligar del mandamiento de amar al prójimo como a ti mismo (Lev. 19: 18).

Para los fariseos la razón para hacer obras de caridad era la retribución; Dios me bendice si lo hago y me castiga si no lo hago.  (Salmo 41, 1; Job 31: 16-23). Para el fariseo el mandamiento de Amar a Dios está sobre todos los mandamientos (Deut. 6: 5), y jamás mandamiento alguno se le compara. Para Jesús ambos mandamientos son similares  de estos  pende la Ley y los Profetas.  Uno sin el otro no puede funcionar.

Aplicación

Jesús iguala en importancia el amor a Dios  (Deut. 6:5) y el Amor al prójimo (Lev. 19: 18).  Lo deberes hacia Dios, tienen igual peso que los deberes hacia el prójimo.  No podemos hacer diferencias.  El juicio del discípulo será basado en la respuesta de amor hacia el prójimo, especialmente al indigente.  El culto cristiano sin obras cotidianas  de servicio por amor a Jesús es incompleto.  Toda adoración a Dios y Culto al  tiene su complemento en el servicio amoroso al prójimo en necesidad por cada seguidor de Jesús.

Cuando servimos al indigente estamos adorando y reconociendo a Jesús en dicha persona…”A mí lo hicisteis”… “A mí NO me lo hicisteis“.    Jesús declara que el ser generoso y misericordioso con el indigente y marginado es una expresión del amor a Él.  De hecho, hacerlo es como si lo hiciéramos a Jesús.

Ni las ovejas, ni los cabros jamás concibieron de que se encontraban con Jesús cuando somos misericordiosos o no lo somos con los necesitados y marginados.  De hecho, el no ver como prioridad el servir en forma misericordiosa al indigente y marginado, hace que se nos vea como a los malvados (verso 41, 46).

El núcleo del fundamento ético de Jesús lo encontramos en este pasaje. Cuando  damos un servicio necesario…lo estamos dando a Jesús. Cuando negamos los servicios necesarios  lo estamos negando a Jesús.  El criterio para juzgar toda nuestra conducta humana es la persona de Jesús.  Ahora Jesús traslada el servicio al necesitado fuera del ámbito religioso y lo pone en la visibilidad del actuar cotidiano del ser humano.

La Primera Carta de Juan 2: 9-11 y 3: 13 -18, nos afirma este principio:

Si alguno dijere: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso, porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto.  Y este mandamiento tenemos de parte de Él, el que ama a Dios, ame también a su hermano.

De hecho, la obra de servicio que realizamos por amor a Jesús, y con Jesús en mente, se convierte en obra que ofrece redención tanto para el indigente y marginado como para el ser humano que actúa (verso 34).  De la misma forma, cuando negamos  el servicio al indigente y necesitado, lo privamos, no solo de la bendición de recibir, sino que negamos la obra redentora de Jesús (versos 41 y 46)

Mateo invita a la iglesia a una nueva forma de acercarnos al indigente y marginado, no más como una obra  religiosa o proselitista,  sino como una acción de solidaridad para con Jesús.  Hay que poner siempre a Jesús en el lugar del necesitado: ¡A mí lo hicisteis! ¡A mí no lo hicisteis!  Muchas bendiciones.

Cuando se acaba el combustible… ¿QUÉ HACER?: LA PARÁBOLA DE LAS DIEZ VÍRGENES (Mateo 25: 1-13)


DIEZ VIRGENES

Por Samuel Caraballo-López

Y a la medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí viene el novio, salid a recibirlo!” Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.  Y las insensatas dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.” Pero las prudentes respondieron diciendo: “Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad para vosotras mismas” (Mateo 25: 6-9).

INTRODUCCIÓN

Las parábolas son narraciones que contienen una enseñanza a partir de una comparación o un ejemplo, y tienen como finalidad provocar la reflexión sobre alguna verdad espiritual o existencial.  En el caso particular de la Biblia, y específicamente el Nuevo Testamento, su intención es ilustrar una verdad sobre el Reino de Dios.  Es importante mencionar que una parábola, diferente a otros textos bíblicos, no pretende resaltar un contenido en particular.  Por lo tanto, su interpretación no puede basarse en su contenido literal.

Desde el punto de vista del de los evangelios, la parábola es una técnica pedagógica para enseñar verdades sobre el Reino de Dios.  Así que es sumamente importante entender el significado de una parábola desde este marco referencial.  La pregunta que pretende contestar una parábola es; ¿Cómo la acción presentada ilustra los valores o reclamos del Reino de Dios?  Toda parábola presenta una situación que confronta los conceptos y vivencias tradicionales de los oyentes.  Esta confrontar las normas, modelos y valores sociales, políticos, económicos y religiosos del mundo de los receptores y los invita a considerar el nuevo paradigma del Reino de Dios. A la luz de ese nuevo paradigma propuesto la parábola le cuestiona al oyente lo que es correcto o incorrecto, lo que es justo o injusto, y le sugiere una opción más excelente.

 Explicación de la Parábola de las diez virgenes (Mateo 25, 1 al 13)

Esta enigmática parábola de las diez vírgenes solo se encuentra en el evangelio de Mateo, específicamente dentro del discurso escatológico (capítulos 24 y 25).  Este texto es una construcción teológica que solo Mateo registra, lo que parece indicar, que la intención del mismo es atender una inquietud particular de la comunidad con relación a la tardanza de la segunda venida de Cristo (Parusía).

La comunidad de Mateo, compuesta principalmente por judíos cristianos, se encontraba a finales del primer siglo (90 d.C.) luchando con el desánimo que producía entre los creyentes la tardanza de la venida de Cristo. Posiblemente la comunidad había pensado que con la destrucción del templo de Jerusalén por el ejército romano (año 70 D.C.), ocurriría la esperada venida de Jesucristo. Al ésta no ocurrir se genera una crisis de fe que obliga al evangelista a reinterpretar las enseñanzas escatológicas de Jesús a la luz de la nueva realidad. La venida de Cristo tardaría y lo importante ahora era que la iglesia se preparara para dicha tardanza.  Ahora bien, ¿en qué consistía dicha preparación?  Esta parábola es la contestación a dicha interrogante.

ANÁLISIS DE LA PARÁBOLA

Es importante entender en qué consistía una ceremonia matrimonial en el antiguo oriente. Aunque cada región tenía formas particulares de celebrar una ceremonia nupcial, existen aspectos comunes en estas, algunos conservados hasta el día de hoy.  Tradicionalmente, el novio se reunía con su familia inmediata, mientras la novia hacia lo mismo en casa de sus padres, acompañada de sus familiares y amistades. Desde su casa, avanzada la tarde, el novio salía acompañado por la familia inmediata para buscar la novia y entregar las dotes acordadas a su suegro.

Este proceso solía durar un tiempo debido a las costumbres particulares de cada región.  Luego de ponerse de acuerdo con su suegro, el novio iba a buscar la novia en su casa paterna y se llevaba a cabo la “consumación del matrimonio” dentro de la casa de la novia.  Luego de terminado el proceso, el novio sacaba públicamente la evidencia de la virginidad de la novia, cumpliendo con las costumbres y comenzaba la fiesta de bodas. Las bodas se celebraban avanzada la tarde, para que pudiesen participar la comunidad y se extendía hasta altas horas de la noche y madrugada. El no poder participar en una fiesta de bodas era considerada una gran pérdida para los afectados.

Esta parábola tiene cinco (5) elementos medulares a mencionar: (a) diez muchachas que salieron para una boda; (b) cada una de ellas llevaba una lámpara porque la boda se celebraba en la noche; (c) de las diez muchachas, cinco  (5) son llamadas prudentes porque llevaron reservas de aceite para sus lámparas y cinco (5) son llamadas insensatas porque carecían de reservas de aceite; (d) al tardar el novio todas se durmieron y (e) al llegar el novio las vírgenes insensatas carecen de aceite para encender sus lámparas y se quedan fuera de la fiesta.   Esta última situación se presenta como la dificultad mayor de la narración.

En la parábola hay símbolos muy comunes dentro de la literatura del Nuevo Testamento.  La lámpara que emite luz es símbolo del testimonio y autoridad del creyente (Lucas 12, 35), y en el caso más amplio representa el testimonio y autoridad de la iglesia (Apoc. 2, 5). Este testimonio que emite la iglesia en palabras y acciones es matizado por la presencia viva del Espíritu que le da autoridad. La lámpara era ese testimonio visible de la iglesia, aquello que era visto por la sociedad y trasmitido a las nuevas generaciones. Jesús expresó esta realidad de forma clara a sus discípulos:

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.  Ni se enciende una luz y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en casa.  Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5: 14-16).

Ahora bien, así como la lámpara emite luz por la combustión del aceite, el testimonio y autoridad de la iglesia se deriva de su negación por decir y hacer lo que ella desea, junto al afirmar la voluntad de Dios revelada en la palabra del Evangelio (Romanos 1, 17). Esa negación propia de la iglesia y la afirmación del Evangelio, que el apóstol Pablo llama el estar crucificado con Cristo (Gálatas 2:20), permite que el poder y autoridad que brota de la Cruz y de la posterior resurrección, coloree la propia vida de la iglesia y de su testimonio ante el mundo. Solo cuando este poder se manifiesta, la transformación humana se da constante en todas las facetas de la vida.

El problema de la energía para la combustión ha sido siempre un problema crítico en todas las sociedades. La importancia del aceite de oliva, como fuente de energía, consiste en que este era el principal combustible para producir calor, fuego y luz en los hogares. En este caso en particular, era necesario llevar lámparas para alumbrar tanto el camino del séquito nupcial como el propio camino del invitado.  En el tiempo de Jesús estaba prohibido transitar de noche, sin lámparas. Recordemos que no existía el alumbrado público, como lo tenemos hoy.  Cualquier persona que era sorprendida sin lámparas en la noche, era considerada por el ejército romano, como un subversivo o delincuente y como tal era tratado.

Ahora bien, el factor crítico de esta parábola, no son las lámparas, ni los vestidos, ni el que las vírgenes se hubiesen dormido; sino la falta de aceite.   Las diez vírgenes son externamente iguales en todo. Todas tienen lámparas e inclusive todas se duermen (verso 5).  Aparentemente, las cinco muchachas insensatas tomaron aceite para un momento breve, sin pensar que el novio podía tardar. Era muy normal que el novio tardara por los protocolos de las bodas en el oriente.  Por lo tanto, sus reservas de aceite se agotaron rápidamente por la espera y se quedaron sin el combustible para acompañar al novio al encuentro con la novia.  La necedad o descuido de estas jóvenes consistió en no prever que el novio podía tardar y durante la espera necesitaban tener las reservas para cuando éste llegara.  Las cinco muchachas insensatas no hicieron provisión de aceite, y esto las excluyó de la celebración de la boda (verso 12).

DIEZ

Dado que la diferencia está en las reservas de aceite que cada una de ellas tenía, en primer lugar, tenemos que preguntarnos, ¿qué papel juega el aceite en la parábola? La respuesta que proviene de esta parábola es clara, el aceite es el combustible que permite mantener encendidas las lámparas durante el tiempo de espera de la llegada del novio y su acompañamiento posterior. La segunda interrogante está relacionada a la primera, ¿qué simboliza el aceite para la iglesia de Mateo durante este tiempo de espera del novio?  Es posible que represente la anhelante expectativa de que el novio llegará y le acompañaremos a la fiesta de boda, aun cuando puede tardar (verso 5). La iglesia debe prepararse para esa posible tardanza.

 El aceite es símbolo de aquello interior que nos hace alumbrar en momentos oscuros y difíciles.  Es importante destacar en la parábola la negación de las muchachas prudentes de compartir su aceite (verso 9). ¿Por qué esta actitud de pocas hermanas? Esta actitud representa una realidad en la vida cristiana, el aceite de cada lámpara tiene la particularidad de ser personal e insustituible.  Nuestro aceite no puede ser obtenido de otros, sino de nuestra propia inversión en Jesucristo.  No podemos vivir de aceites prestados y mucho menos sustituir nuestra responsabilidad de tener nuestro aceite, con excusas que solo nos satisfacen a nosotros mismos.  Ese deseo de conocer al novio y de participar en todos los eventos de la boda nos da las reservas suficientes para esperar preparado.  Cuando cada creyente anhela ese encuentro con Jesús, procura agradarlo y vivir diariamente con la devoción de verlo cara a cara.  Ese anhelo de encontrarse con el, es el combustible para llevar a cabo con diligencia la misión.   ( Himno, Voy feliz al dulce hogar)

Los miembros de un partido político trabajan con empeño porque esperan ganar la contienda eleccionaria.  Cuando se pierde el deseo de obtener la victoria, se pierde la fuerza para trabajar para alcanzar esa meta.  El deseo vehemente de encontrarse con su Señor glorificado es el aliciente para que el creyente continúe cumpliendo la misión de Cristo en el mundo.  Cuando ese anhelo cesa, la misión de Cristo pierde vitalidad en su pueblo.  En el libro de Apocalipsis se hace una clara censura a la iglesia de Éfeso, porque había perdido ese anhelo de encontrarse con Jesucristo.  Este anhelo de desear que Jesús se manifestara, se le llama el primer amor:

Pero tengo algo contra ti: que has abandonado tu amor del principio.  Fíjate de dónde has caído, arrepiéntete y haz las obras del principio.  De lo contrario, si no te arrepientes, vendré y removeré tu lámpara de su puesto (Apocalipsis 2: 4-5).

candelabro

Observa que en el texto de Apocalipsis hay una conexión entre la lámpara y el primer amor.  La lámpara que emite luz, como mencionamos anteriormente, representa el testimonio de la iglesia que es coloreado por la Palabra y el Espíritu, y que resulta de la combustión del aceite de nuestra fe y anhelo de encontrarnos cara a cara con el Jesús en su venida. El llamado a la iglesia de Éfeso es a arrepentirse y retornar a su amor del principio.

Cuando el creyente día a día construye una relación con su Señor y al conocerle por fe, anhela encontrarse cara a cara con él, su vida espiritual se incrementa y brilla.  Cuando el servir a Dios es cuestión de entusiasmo temporero, las reservas del aceite no son suficientes para mantener encendidas nuestras lámparas y esperar tan grandiosa boda.  Además, el no poder tener las lámparas encendidas nos excluye de  participar en las bodas del cordero, donde es necesario llevar lámparas encendidas (Lucas 12: 35, Apoc. 2: 5) y ropaje apropiado (Mateo 22: 11-14).

IMPLICACIONES DE LA PARÁBOLA PARA LA IGLESIA HOY:

La venida de Cristo no ha ocurrido y han pasado cerca de 21 siglos de esta promesa.  El que una promesa tarde, no significa que no ha de cumplirse, especialmente cuando el que hace la promesa es Jesucristo (Juan 14: 1-4, Apoc. 1: 7-8).  Es claro reconocer que la espera desespera.  En muchas ocasiones la espera de la venida de Jesucristo ha dejado de ser tema de nuestra predicación y nos dormimos sin hablar de esta verdad.  Sin embargo, ese anhelo de conocerlo cara a cara a Jesús y poder verle, dialogar con él  y sentarnos a sus pies, es el combustible que mantiene al creyente firme en su espera, mientras lleva a cabo su misión en este mundo.

No podemos negar que hay creyentes que caminan con sus tanques vacíos, perdiendo la expectativa de que el prometió volver y languideciendo en los bancos de nuestras congregaciones.  Cuando perdemos ese anhelo por encontrarnos con Jesús en su venida, sustituimos ese anhelo poniendo nuestra fe en proyectos humanos, que por más loables que puedan ser, no representan el plan divino de transformación de nuestra sociedad.

El Señor consciente de que su venida tardaría, nos dejó unas tareas que realizar, mientras esperamos.  Estas tareas se harán con diligencia cuando tenemos la conciencia de que el volverá, para recompensar a aquellos/aquellas que le han servido.  El escritor de la carta a los Hebreos nos presenta este pensamiento de forma clara en el discurso sobre la fe:

Sin fe es imposible agradar a Dios.  Quien se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que lo buscan (Hebreos 11: 6)

Es importante que la iglesia mantenga como combustible de su misión, ese anhelo de encontrarse con Jesucristo, reconociendo que en este encuentro habrá doble retribución: salvación a los creyentes y justa paga a aquellos que no reconocen, ni obedecen las Buenas Noticias de nuestro Señor Jesucristo (2 Tesalonicenses 1: 5-12).  El aparente silencio de Dios ante instituciones e individuos que promueven los signos de muerte en nuestra sociedad, como es la injusticia, la violencia, la mentira, el crimen y  la indiferencia, no es otra cosa que su rechazo e indignación ante dichos actos, y el anuncio de  que un día no muy lejano se revelará con toda fuerza, la majestad de su justicia sobre los que comenten dichas fechorías.

Esta fe en la venida inminente de Jesucristo y nuestro anhelo de estar con Él, nos debe animar al enfrentar cualquier situación adversa, haciendo concreto en nuestro presente esa victoria futura, por medio de nuestro comportamiento de cada día.  El saber que esa victoria será completa y ha de ocurrir en la venida de Cristo, nos dé una ventaja en nuestra lucha en este mundo.  El Señor Jesucristo a quien servimos vendrá y tiene la solución completa al problema humano. Es importante entender que el problema humano tiene solución y esta solución puede ser aproximada a nuestra realidad por medio de nuestra fe en Jesucristo:

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11: 1).

El luchar conociendo ya los resultados de la lucha nos provee una posición ventajosa frente al enemigo de la justicia. Pensemos por un momento que tuviésemos la oportunidad de ir al futuro y conocer el resultado de mucho de los acontecimientos que hoy enfrentamos: ¿No creen mis queridos hermanos que eso nos daría una gran ventaja sobre los demás? Cada creyente tiene esa ventaja, el Señor te dijo cuál era el resultado de nuestra lucha. Es por eso que mis acciones son redentoras y proféticas…porque yo sé que el bien triunfará sobre el mal, la justicia triunfará sobre la injusticia. Yo sé que somos más que victoriosos por medio de aquel que nos amó y manifestará su voluntad completa  en su gloriosa venida.

Por otro lado el anhelo que tengo de encontrarme con el en su venida enriquece mi devoción hacia Él.  La adoración de la iglesia se convierte en redentora y sanadora cuando nuestro anhelo de encontrarnos con él se manifiesta en el culto cristiano.  Cuando nuestro culto se convierte en un anticipo de su venida y nuestro encuentro con El, la adoración se convierte en una fuerza transformadora.

Cuando la iglesia pierde de perspectiva la realidad del culto cristiano en su dimensión escatológica, le resta poder a la experiencia de adoración y ahoga el anhelo de los creyentes de conocerle cara a cara en su venida.  Nuestra adoración no es solo ver a mis hermanos y mantener la costumbre de asistir al templo, nuestra adoración es la celebración de la salvación de Jesucristo en la cruz y la anticipación de la gran victoria que se aproxima.   Cuando los creyentes tienen esta dimensión, en el culto, Dios es glorificado en todo por Jesucristo.  Amen.

Ese “tercer” empleado: La Parábola de los Talentos


Parabola de los Talentos

Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCION:

Decía el insigne pensador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, que los aniversarios, los cumpleaños y las conmemoraciones, tanto de individuos como de instituciones son épocas, más que para celebrar, para “robustecernos de conciencia”. Estos momentos, sin eximir la celebración de logros, son también tiempos para reflexionar sobre lo que hicimos o no hicimos, para evaluar nuestra gestión, nuestros planes, nuestro liderazgo, y ante todo considerar el futuro que Dios nos propone.

El texto del evangelio del calendario eclesiástico para este domingo 19 de noviembre de 2017, en que se conmemora el encuentro de las culturas europeas e indígenas que forman la mitad de nuestra identidad puertorriqueña, lo encontramos en Mateo 25: 14-30.  En este pasaje encontramos una controversial parábola procedente de la Fuente Q, y que tanto  Mateo como Lucas preservan con su particular distintivo redaccional.

Las parábolas son narraciones que nos traen una enseñanza a partir de una comparación o un ejemplo y tienen como finalidad provocar la reflexión sobre alguna verdad espiritual o existencial.  La intención de una parábola, especialmente en los evangelios, es ilustrar al oyente sobre una verdad sobre el Reino de Dios, y no necesariamente resaltar un contenido.  Por lo tanto, su interpretación no puede ser literal.

Desde el punto de vista pedagógico, la parábola es un recurso retórico para enseñanza y persuasión de los oyentes.  Así que es sumamente importante entender en el Nuevo Testamento el significado de una parábola desde el marco referencial de las enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios.  La pregunta que contesta una parábola es; ¿Cómo se ve la acción relatada desde la perspectiva del Reino de Dios?  Toda parábola presenta una situación que confronta los conceptos tradicionales o culturales de los oyentes.  Este confrontar los valores sociales y religiosos del interlocutor, nos invita a considerar el nuevo paradigma emergente del Reino de Dios. Dentro de ese nuevo paradigma la parábola nos cuestiona sobre lo que es correcto o incorrecto, lo que es justo o injusto e indirectamente nos persuade a tomar la opción más excelente, la que es congruente con los principios del Reino de Dios.

PARÁBOLA DE LOS TALENTOS (Mateo 25:14—30)

Talentos

La parábola que consideramos en este escrito es la parábola de los talentos o la parábola del dinero, que proviene de la fuente Q, sin embargo, hay notables diferencias entre Mateo y Lucas (19, 11 al 27). En Lucas se identifica como la parábola de las minas, y Jesús la narra antes de su entrada a Jerusalén, y se vincula con un evento histórico del primer siglo, que fue la salida de Herodes Arquelao a dar cuentas a Roma.    En ese contexto la parábola pretende hacer una distinción entre la entrada pacífica de Jesús a Jerusalén, que se aproxima y la entrada anterior de Arquelao con toda su crueldad.

La redacción que hace Mateo de esta parábola está contenida en su discurso escatológico que se extiende desde el capítulo 24,1–25,46 y pretende ilustrar cómo será el advenimiento del Reino de los cielos.  La parábola compara el reino de los cielos con un hombre que estando a punto de irse de viaje, llama a sus empleados y le encarga sus bienes hasta que él regrese (verso 1ss). El motivo de este acto era, según se asume por el contenido de la parábola, que, dichos bienes, y en calidad de préstamos, fuera negociado por dichos empleados durante su ausencia.

Dado que estos siervos se quedarían sin el salario del trabajo, podían utilizar lo devengado de las transacciones para su sustento.  La cantidad original debía ser devuelta al dueño cuando este regresara, con cierto valor añadido (parecido a nuestro sistema de bonos).  El dueño no establece la ganancia que desea, inclusive ni se menciona en la parábola, pero dicha realidad está implícita dada la cultura mercantil de la época.

A cada uno se le entregó una cantidad de dinero sea en efectivo o en bienes,  equivalente al salario a ser devengado en un lapso de años determinado, y de acuerdo con la capacidad que el dueño conocía de cada uno de sus empleados.  En el caso del primer siervo, se le entrego cinco (5) talentos, al segundo dos (2) y al tercero uno (1).

Según Markquart, (2007) esta cantidad de dinero dada a cada empleado era el salario de cada uno, en el caso del primero por 15 años, el segundo por 6 años y el último 3 años.  Es bueno aclarar que un talento era una cantidad de dinero, equivalente a 6,000 denarios.  Si un denario era el salario de un día de trabajo de un obrero podemos determinar su equivalente en años trabajados. Estos ocho talentos, que era el capital del dueño, equivalen hoy a cerca de $10,000 (USA), que en aquel momento eran como diez veces más que el poder adquisitivo actual.

Un buen ejercicio para entender esta transacción es poner en lugar del dinero recibido por los siervos, lo que tú devengas anualmente y multiplicarlo por quince, en el caso del primer siervo, por seis en el caso del segundo y por tres en el último caso. Así te darás cuenta de que lo entregado era para ser invertido, vivir de las ganancias, y luego devolver lo prestado al dueño con algún interés.

Los regalos o dones que Dios nos da son para administrarlos de acuerdo con las capacidades y oportunidades que tenga el que los recibe. Las capacidades incluyen: conocimiento adquirido por estudio o experiencia, habilidades de ejecución, espíritu empresarial, disposición de ánimo o actitudes entre otras.  Un principio que no debemos olvidar: la carga que Dios pone en nosotros siempre es proporcional al ancho de los hombros que tenemos.

Luego de un largo tiempo, el dueño regresó y pidió cuenta de su dinero a cada uno de los empleados. En los versos 14-18 se nos narra lo que cada uno de los empleados o siervos hizo con el dinero entregado por su empleador.  Pasemos a enumerar las gestiones de estos tres (3) empleados:

El primero recibió 5 talentos y las negoció y devolvió otros 5.

El segundo recibió 2 talentos y las negoció y devolvió otros 2.

El tercero recibió 1 talento, y por temor al riesgo cavó en la tierra y escondió el dinero de su Señor, y lo devolvió tal como lo recibió.

Ahora bien, los versos 19-23, se nos narra el regreso del dueño a pedir cuentas de cada uno de los empleados. Es importante observar que el jefe no le estableció la forma de negociar con su dinero.  Dios nos da libertad, dentro de la ética cristiana y de acuerdo con nuestra capacidad (sabiduría), para cómo utilizar nuestros dones.

El clímax de esta parábola está en los versos en los versos 24-30:

Y acercándose también el que había recibido un talento, dijo: Señor, yo te conocía que eres hombre exigente, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por eso tuve miedo, y me fui y escondí tu talento en la tierra: aquí tienes lo tuyo.  Pero respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, ¿sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí? Debías, por tanto, llevar mi dinero a los banqueros, y al venir hubiera recibido lo mío con intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene le será dado y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadlo en las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y el crujido de los dientes.

Veamos el verso 24; el tercer empleado se presenta ante su Señor, con el protocolo acostumbrado del que no tiene nada que decir.  En palabras muy sencillas le dice a su jefe: “Dado que tú eres un hombre muy estricto, yo anticipé que podía perder el dinero si me dedicaba a hacer transacciones con este, como lo hicieron los dos empleados anteriores.  Así, que no me di el lujo de perder nada (Incorrecto, el dinero ahora valía menos, por la inflación).”

Además de su negligencia, este tercer siervo, tenía un concepto equivocado de su Señor: “Siegas donde no sembraste”, “recoges donde no esparciste.”  Le está diciendo a su Señor que él deseaba obtener resultados sin suficientes medios–a los demás le diste, el doble o triple que a mí.  De hecho, hay una acusación solapada en las palabras de este siervo—Tú te enriqueces por el esfuerzo de otros…Tú esperas ganancias donde no has hecho ninguna labor…Tú eres de los que quieres cosechar sin sembrar.  El siervo no entendía que ese dinero entregado, equivalente a tres años de trabajo, debía ser utilizado por él para negociar y lograr mayor bienestar mientras el jefe estaba fuera, con la salvedad de que el dinero al ser prestado tenía que ser devuelto con cierto valor añadido.

“La vida es un don prestado para utilizarla para llevar a cabo una misión, los recursos recibidos son para invertirlos más que para gastarlos.

Verso 25—Tuve miedo de arriesgarme (excusa) y fui y escondí su dinero en tierra (lo pude haber perdido también) y ahora se lo devuelvo, tal como me lo entregó. Hay dos posibles explicaciones a esa actitud del tercer siervo, y que Mateo las enfatiza como advertencia a sus destinatarios: primero que la pereza era tal que no le permitía afrontar el reto de trabajar para multiplicar el valor del talento recibido o, en segundo lugar, que el siervo no estaba dispuesto a invertir aquel dinero, porque no tenía buena voluntad para con su Señor.

Para mí, la segunda opción parece ser más lógica.  Este siervo tenía una percepción incorrecta del carácter de su jefe.  El problema de este siervo es que lo que él decía conocer de su jefe, no lo influenciaba para actuar de acuerdo con dicho conocimiento.  Su excusa para su negligencia rebotaba contra el mismo–“Aquí tienes lo tuyo”—”Debes estar agradecido porque no me lo robaron y te lo entrego intacto.”  Lo que no entiende este empleado es que el talento se le dio a él, era para que lo negociara, aumentara su valor, obtuviera beneficios propios, y luego lo devolviera con el valor añadido.  El tercer siervo nunca se posesionó de lo que había recibido. El talento era para que lo administrara y viviera de este mientras su jefe volvía.  Esconder este dinero era un desperdicio de recursos, que también lo perjudicaba a él.

Versos 26—30.  Siervo malo y negligente… impío y calumniador…charlatán y sinvergüenza. La maldad estaba en acción; ahora disfrazaba su negligencia y rebeldía con un falso sentido de responsabilidad.  Le falto hasta el sentido común para prestar el talento y cobrarlo con intereses.  Este siervo no valoró la gracia de lo recibido, y no se permitió a si mismo brillar delante de Dios y los demás manifestando el producto de su trabajo.  Es decir, no hizo el esfuerzo para demostrar que sí podía negociar con dicho dinero y obtener dividendos.  El castigo para este tipo de infidelidad es tan severo como el que corresponde a los pecados más explícitos: la expulsión a las tinieblas exteriores.

En Lucas 19: 13, el dueño le explicó claramente el propósito de la transacción hecha: “Hagan negocio con este dinero hasta que vuelva.” En muchas ocasiones cuando se nos asigna una tarea que consideramos fácil o menor que las asignadas a otros, tendemos a ser menos responsables y nuestra labor es ineficiente. La sentencia del Señor es uno de los principios que debemos considerar en nuestra ejecución como servidores en esta tierra: “Porque el que tiene, se le dará más, y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.”  El premio a la fidelidad es que se recibirán responsabilidades más serias y se le otorgara al siervo una mayor intimidad con su Señor.

ALGUNAS VERDADES QUE DEBEMOS CONSIDERAR SOBRE EL REINO DE DIOS

Primera verdad del Reino:

Deja que lo que tú crees sobre Dios, influencie tus acciones diarias.  Si lo que tú crees sobre Dios no afecta tu conducta, lo que crees es solo “letra muerta.”  Esta verdad nos confronta con lo que afirmamos creer.  Si lo que afirmamos creer no afecta nuestro carácter, lo que decimos creer no es realmente lo que creemos.  AMEN

Segunda verdad del Reino:

Las oportunidades limitadas o que parecen insignificantes, no condonan nuestra negligencia. El hecho de que ocupemos un puesto de poca jerarquía o importancia no justifica el que lo hagamos con dejadez.  La excelencia en lo que hacemos es un imperativo de todo creyente fiel.

Tercera Verdad del Reino:

Dios no nos juzga según el volumen de lo que producimos, sino de acuerdo con la capacidad que tenemos para producir.  A quien mucho se le da, también se le pedirá mucho; a quien mucho se le confía, se le exigirá mucho más (Lucas 12:48).  Cada persona va a producir a su ritmo y de acuerdo con sus capacidades (diversidad funcional).

Cuarta Verdad del Reino:

El fiel uso de nuestros de nuestros recursos, capacidades y dones nos prepara para nuestro propio progreso.  Los poderes otorgados a los discípulos crecen con el uso y disminuyen con desuso.  El uso excelente de nuestros recursos aumenta el valor de lo que hacemos (de nuestra profesión o ministerio).  Los defectos de las instituciones son subsanados por la excelencia de sus empleados. Son nuestras acciones fieles a la encomienda recibida que nos produce lo necesario para la vida y la piedad.

A medida que soy responsable con lo que he recibido esto me hace capaz de alcanzar mayor responsabilidad, intimidad con Dios y crecimiento.  Muchas bendiciones.

 

 

REFERENCIAS

Markquart, E. F.  (2007).  Gospel analysis: Talents: five, two and one.  Sermons from Seattle.  Consultado en 29 de diciembre de 2007  http://www.sermonsfromseattle.com.

La Biblia de Estudio Dios Habla Hoy (1994).  Consejo Episcopal Latinoamericano: Sociedades Bíblicas Unidas

Stoffreguen, Brian (2007).  Exegetical notes at Crossmark.  Marysville, CA:  Faith Lutheran Church.  Consultado el 30 de diciembre en wttp://ww.crosmarks.com/brian/matt25x14.htm.

Lo que nos trajo María… Y no nos percatamos


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Por Samuel Caraballo López

Experimentar por cerca de 20 horas los vientos de un Huracán categoría cinco (5), no es cáscara de coco.  La realidad es que fue un evento que puede producir post traumatic disorder (PTD). No imaginábamos la contundencia que tenían los vientos sostenidos de 175 milla por hora sobre las ventanas de mi casa, que por cierto resistieron con valentía los embates, no sin antes emitir gemidos de todas clases.

El impacto de este fenómeno natural fue desastroso para los árboles.  Mis 34 árboles frutales, que deleitaban mi paladar y el de muchos vecinos y amigos durante todo el año, no pudieron resistir la furia de María. Con excepción de una larguísima palma de coco, un enorme y viejo árbol de quenepa y un menudo árbol de anón, que resistieron con gallardía las embestidas de María, los demás sucumbieron o quedaron radicalmente podados. Estoy redactando un réquiem póstumo para tan buenos amigos de tantos años.

Creo que lo dicho demuestra lo contundente de este Huracán, que lleva el nombre de la madre del Señor Jesús.  No puedo dejar de denunciar la masacre realizada por María sobre la flora isleña en todos los bosques, fincas y patios. Hasta la redacción de este escrito, 54 compatriotas habían perdido la vida en forma directa o relacionada con el paso del huracán. Imagino que cuando se hagan la revisión final muchos más de forma directa o indirecta ofrendaron sus vidas durante el paso de este fenómeno natural.

De hecho, todas las emisoras radiales y televisivas sucumbieron ante María, y solo WAPA radio (la de Blanco Pi) se mantuvo trasmitiendo. Se piensa que las pérdidas son mayores que la misma deuda del país que es de 70 billones de dólares. Posiblemente el Huracán María sea el peor desastre natural en este y el pasado siglo de historia de nuestro país. Después de María tenemos que declarar el año del Jubileo, y que se dé por pagada toda nuestra deuda (Levítico 25:10).

Sin embargo, y a pesar de que todo lo dicho sobre este huracán, hay cosas que el dolor, el coraje y la frustración no nos permiten entender hoy.  Cuando el pesar y la ira dominan nuestra capacidad cognoscitiva, muchos momentos de aprendizaje pasan de largo sin ser aprovechados.  Pienso que esto no puede suceder con el evento María y es por eso que te invito a mirar esta experiencia desde otra óptica.

Mi casa está rodeada de árboles, no solo mis 34 árboles frutales (RIP), sino por el bosque estatal de Ceiba. Así que, bajo condiciones normales, se me hacia casi imposible ver las residencias de mis vecinos  debido a esta espesa vegetación.    Hay detrás de mi casa una urbanización que en línea recta está a menos de 200 metros y la cantidad de viviendas a la redonda es numerosa. Hasta  el huracán María no me había percatado lo cercano que quedan de mí muchas de las viviendas de la comunidad.

Es decir, al ser arrancados y destrozados los arboles de mi alrededor es que veo cuan cerca de mi están mis vecinos. De hecho, pude ver los daños de sus casas, los efectos del huracán sobre ellos, y me di cuenta de que perdieron tanto o más que lo que yo perdí. El camino y la cercanía que era ocultada por los árboles ahora  se abrió.  La ilusión de distanciamiento que creaba la vegetación ahora no existe. Hay momentos que Dios tiene que arrancar los setos y paredes para que descubramos lo que verdaderamente somos, una comunidad de iguales.

Lo segundo que me percate con María es lo frágil y vulnerable que somos. Este fenómeno natural destrozó en 20 horas toda la infraestructura de un país que “alardeaba” de su progreso y logros. Todo aquello que nos hablaba de progreso, y que inclusive nos daba calidad de vida, se vino abajo al paso de María.  Hoy mi país está en la misma condición que teníamos a principios del siglo pasado; sin energía eléctrica y sistema de agua, destruido sus sistemas viales, y aún más, sin las nuevas tecnologías de comunicación que inclusive  han definido la identidad de las nuevas generaciones.

Lo tercero que me percate con el paso del Huracán es la importancia de la fe y confianza en Dios.  Los vientos huracanados de María provocaron en casi todos, inclusive en los menos religiosos, un clamor por la misericordia divina. Esos terribles vientos sacaron la sensibilidad espiritual de nuestros corazones y nos hicieron orar. En mi caso solo le dije a Dios que aun cuando en ocasiones olvidamos su alianza, Él no olvidara su parte en dicha alianza, que tuviera misericordia y fuera fiel a sus promesas. ¡Y así fue! Estoy seguro de que mucha gente que hacía tiempo no oraba, esa larga noche de María lo hizo, y creo que Él nos escuchó, y hoy estamos aquí.

Lo cuarto y quizás más significativo que nos trajo María fue la liberación de nuestras seguridades. Hay tantas cosas que nos atan y nos atrasan, que, por temor a sufrir al desprendernos de estas, no las soltamos.  María de forma radical e instantánea nos liberó de todas nuestras falsas seguridades, muy especialmente de la ilusión de que éramos un país próspero del primer mundo.  El arma de dominio contra nosotros que esgrimía este sistema caduco, que era la acumulación de supuestos bienes, se resquebrajó, y descubrimos que nada de eso es real y mucho menos permanente.

Encontrar lo mejor, lo más excelente, lo justo, requiere cambios que implicarán esfuerzos, y como efectos secundarios, el dolor y el sufrimiento producto del tener que divorciarnos de viejos hábitos tácitos malsanos, que preservan nuestra condición de esclavitud. Cuando uso el término hábitos tácitos, me refiero a mecanismos tan complejos del cerebro humano, que automatiza nuestra conducta, impidiendo que nos hagamos consciente de nuestro actuar. Inclusive el cerebro nos engaña haciéndonos creer que dicho actuar es correcto y cristiano. He ahí el por qué vemos tantas incongruencias  en la historia, y en la actualidad entre los que nos llamamos seguidores de Jesucristo.

Ahora bien, estos hábitos tácitos tienen lo que llamamos un “cinturón protector”, que tiene como propósito prevenir que lleguemos a ellos y los transformemos.  El concepto “cinturón protector” explica el porqué de la permanencia de algún paradigma o una teoría en las ciencias, a pesar de los argumentos adversos. Dicho cinturón de resistencia que protegía estos hábitos tácitos deshumanizantes puede ser físico, espiritual, psicológico o una combinación de todas las anteriores. Este cinturón, que tiene aspectos colectivos o individuales, y que protegía nuestras seguridades, se rompió esa fatídica noche en que María llegó a nuestras playas.

Hoy comenzamos a ser un pueblo más fuerte.  María inicio un cambio en la perspectiva de vida, que puede cambiar nuestro destino como pueblo y como iglesia. Lamentablemente, algunos sucumbieron y no podrán ver el resurgir de Puerto Rico. Sin embargo, los que quedamos estamos listos para enfrentar nuestro futuro, con valor y persistencia, y siempre mirando al Sol de Justicia, que nos guió antes, durante, y continuará en el después con nosotros.

Sólo una cosa sé: que María podó nuestras ínfulas de grandeza y nuestro espíritu triunfalista, y hoy somos un pueblo más humilde y más fuerte que antes.  Sepan las nuevas generaciones, no dejaremos de luchar hasta que le entreguemos un nuevo pueblo con genuina piedad cristiana, y con un entendimiento de que El  es el único fundamento para un país próspero y un ser humano feliz (Salmo 74: 12).  Muchas bendiciones.

 

 

 

Lo que debo y lo que quiero no coinciden: ¿qué hago?


deber vs. querer

Por Samuel Caraballo-López

¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies?     Proverbios 6: 27-28

El texto para el 3 de septiembre de 2017, décimo tercer domingo después de Pentecostés, lo encontramos en Mateo 16: 21-28.  Nos llama la atención la amonestación de Pedro a Jesús (verso 22), cuando el Señor hace pública lo que será la culminación de su misión en Jerusalén.

Como hemos mencionado en otros análisis, el Evangelio de Mateo tiene una gran preocupación por la iglesia en sus relatos.  Pedro, no solo representa el liderato, sino la iglesia en sí.  En el pasaje anterior (Mateo 16, 13 al 20),  Pedro afirma el fundamento en el cual se sostiene la iglesia,  “tú eres el Cristo (Mesías), el Hijo del Dios viviente”, sin embargo,  en el texto de hoy cuestiona la misión suprema de Jesús.

Pedro se resiente al ver que el Mesías, el Hijo del Dios viviente, no responde a sus expectativas, que provienen principalmente  de las ideologías de su pueblo.  Así que procede a corregir a Jesús, diciéndole que lo que Él está diciendo no debe ocurrir (verso 22), y mucho menos se debe promover porque no es “políticamente correcto”.

Es la iglesia que quiere corregir a su Señor dictaminando lo qué es y lo qué no es la misión cristiana.  ¿Cuántos de nosotros hemos querido corregir las enseñanzas y dichos de Jesús en nuestros sermones y enseñanzas, atribuyéndonos sabiduría que sobrepasa la del Maestro?  La verdad que Pedro, prototipo de la Iglesia, nos sorprende cuando se atreve a invitar a Jesús a tomar otro camino diferente al que corresponde a su misión. ¿Cuál es la razón?

Aunque las expresiones de Jesús sobre su misión en Jerusalén escandaliza a todos los discípulos, es Pedro el que reacciona a las mismas.  Pedro no niega lo que Jesús es (Mateo 16, 16), pero se resiste a aceptar su misión.  Parafraseando el pensamiento de Pedro: “Jesús te hemos conocido estando en relación contigo, sabemos que tu eres quien dices ser, el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y que deseas que te sigamos. Sin embargo, lo que vas ha hacer en Jerusalen yo no lo acepto, ni estoy dispuesto a que suceda conmigo.”  Pedro se resiste a aceptar la misión de Jesús en la forma que El la propone.  ¡Que dilema!

deber vs. querer2

Pienso que Pedro, tiene dos motivos para resistir la misión de Jesús, una personal y la otra estratégica.  La personal ya la mencionamos en el párrafo anterior, y la segunda esta relacionada sobre el efecto de lo declarado por Jesús en la gente que le sigue. Lo dicho por Jesús puede asustar y escandalizar a las personas que le han seguido camino a Jerusalen inspirados por una ideología.  Pedro entiende que Jesús debe, al igual que un estratega militar, presentar una visión más positiva de su causa, haciendo de esta una más “friendly”, y  que atraiga más adeptos.

Ciertamente nos gustaría que todos respondieran a la invitación de Jesús, para que nuestras congregaciones crecieran,  pero no podemos comprometer el contenido del mensaje de Cristo con nuestras ilusiones. No podemos ir de “de tu eres el Cristo” a “jamás te acontezca”, sin adulterar el mensaje verdadero del Evangelio del Reino. ¡Cuidado, hermano!

No podemos negar que la vida cristiana en muchas ocasiones se da en una dialéctica ambigua, es decir entre la luz gloriosa de la fe y las tinieblas infernales de la tentación. Esta tensión entre responder a Jesús y corresponder a las expectativas del mundo, es constante en nuestra vida.  La reacción de Pedro a la declaración de Jesús sobre su misión en Jerusalén, que finaliza en la Cruz, ha sido en ocasiones también nuestra respuesta. Ahora bien, ¿cómo encontrar la síntesis que nos permita cumplir la misión de Cristo, sin evadir sus implicaciones y a la vez responder efectivamente a los tiempos complejos en que vivimos?  Esa es la pregunta.

Pedro, nos representa a ti y a mí,  que como creyentes en Cristo y parte de una sociedad que anhelamos cumplir los propósitos y la voluntad de voluntad de Dios sin negar que tenemos aspiraciones humanas.  ¿A quién obedecer? ¿A lo concreto de la vida secular y humana a la que aspiro o al llamado de Dios que puede contradecir las premisas que sostienen nuestras aspiraciones y deseos? ¿Qué es más fácil correr tras una meta concreta, tangible y mensurable o correr tras lo invisible, intangible e incontrolable?

El mensaje de Jesús a Pedro es contundente, ”cuando nuestro razonamiento está confinado por las expectativas humanas, y estas se oponen a los propósitos y voluntad de Dios, hacemos el triste rol de Satanás” (verso 23). Ahora bien, este ensimismamiento en lo mundano, placentero y lo inmediato, no solo es un problema individual, sino colectivo. ¿Cuántas organizaciones cristianas han perdido su norte, y ahora su funcionamiento responde exclusivamente a los aspectos seculares de la administración de un sistema? ¿Cuántas organizaciones que surgieron con una misión particular a través de su historia han relegado la misma para responder a intereses humanos, ideológicos o económicos?

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Es medular aclarar que el llamado de Dios se convierte en vocación por una decisión personal que se expresa mediante un trabajo concreto y peculiar a través de una institución. Dicho de otra manera, nuestro llamado divino se hace concreto en el “barro” de las instituciones humanas, pero que en ocasiones éstas se hacen tan “barro” (que llegan a “fango”), que limitan y obstaculizan el desarrollo de sus miembros.  ¡Que terrible!

Jesús en el Sermón de la Montaña, nos declara: “Por tanto, sean perfectos (teleioi), así como su Padre celestial es perfecto (teleios)” (Mateo 5:48). El texto utiliza la palabra teleioi para hablar de plenitud, cabalidad.  El deseo de Dios es que nos relacionemos de tal forma con El que nuestro crecimiento sea tan pleno, que las “debilidades” de las instituciones seculares o eclesiásticas en las que ejercemos nuestra vocación, sean superadas por éste.

¿Cómo puedo manejar la dialéctica—entre cumplir la misión de Cristo–y responder a las expectativas que provienen de nuestra sociedad secular?  La síntesis la encontramos cuando lleguemos a ser teleioi (completo, cabal).  Pienso que esto fue lo que Jesús le dijo a Pedro… ”alinéate detrás de mí (verso 23) …si alguno quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y sígueme” (verso 24).

Solo cuando nos pongamos en linea recta detras de Jesús, tanto en lo personal, organizacional y ministerial, la síntesis será posible (verso 23).  Solo así podemos responder y ayudar a otros a responder al llamado de Jesús en medio de un mundo complejo.  Muchas bendiciones

 

 

 

 

La toma de decisiones en la iglesia…aprendiendo de la Keleher


DDDM

Por Samuel Caraballo-López

Este año 2017, comenzaré a escribir artículos sobre aspectos prácticos del ministerio cristiano que puedan ser útiles para mis lectores.  Mi área de especialidad es la teología práctica, muy especialmente lo relacionado a la formación cristiana, la interpretación y el desarrollo de liderato.   Así, que, como parte de mi aportación al crecimiento integral de mis lectores, y por supuesto de la iglesia en general, incluiré mensualmente algún escrito sobre temas más prácticos que puedan ayudarnos a mejorar nuestro quehacer eclesiástico y pastoral.

Este primer artículo lo dedicaré a “Data-Driven Decision Making (DDDM)”, que es una estrategia de recolección y análisis de datos que tiene como propósito que una institución pueda conocer mejor su funcionamiento y, por lo tanto tomar decisiones correctas, relevantes y a tiempo. La Dra. Julia Keleher, Secretaria del Departamento de Educación, es una especialista en esta estrategia, y su intención es incorporarla en toda la gerencia y manejo del sistema escolar del país. Siendo así, ¿por qué no aprender de ella?

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La finalidad de la estrategia DDDM es poder tomar decisiones que agilicen y hagan más efectiva nuestra labor como institución (no basado en suposiciones, ni prejuicios personales,  ni esperando prolongados lapsos de tiempo), sostenido en información válida que proviene del mismo contexto eclesial en que servimos. Observa que esta estrategia no está enfocada en culpar, acusar o señalar personas particulares.  Es una estrategia que analiza los datos independiente de las personas que ocupan posiciones en una institución.

El éxito de esta estrategia depende de la calidad de los datos recopilados y de la eficacia de su análisis e interpretación. Esta estrategia, muy utilizada para el mejoramiento de las instituciones educacionales, puede ser adaptada fácilmente a otras disciplinas. En este escrito intentaré utilizar el DDDM, con ciertas modificaciones, para incorporarla al área de la administración eclesiástica.

Lamentablemente, las instituciones religiosas, en virtud a su organización y las premisas que sostienen su estructura administrativa, tienden a ser menos ágiles en la toma de decisiones.  Inclusive estas instituciones son temerosas de cualquier estrategia que pretenda examinar la realidad desde los datos. Es muy común que en las organizaciones religiosas,  la toma de decisiones tienda a ser reactiva en lugar de pro-activa o preventiva.  Esta realidad las hace más vulnerables cuando ocurren situaciones críticas causadas por factores internos o externos.

La estrategia DDDM puede dar una mayor fluidez a la toma de decisiones, haciendo del funcionamiento administrativo uno más costo-efectivo, rápido y preciso. A continuación, explicaré este enfoque con ejemplos aplicados al contexto eclesiástico.

El primer paso para incorporar el DDDM en una congregación es revisar la misión de la misma.  Las siguientes preguntas nos sirven para iniciar el proceso estratégico:

  • ¿Por qué y para qué existe esta institución?
  • ¿Cuáles son los propósitos y funciones primarias de esta institución?
  • ¿Cómo la institución está cumpliendo dicha misión?

Al revisar la misión necesitamos tener en mente que los datos que estamos recopilando nos permitirán evaluar aquellas funciones que se están llevando a cabo, determinar la congruencia entre estas y la misión abrazada, y la efectividad con que se realizan.

El segundo paso en la implantación de esta estrategia es analizar cuáles de las tareas misionales que se realizan, responden o no a los criterios de pertinencia y relevancia. Cuando hablamos de pertinencia y relevancia nos referimos a cuan efectivamente se están supliendo las necesidades medulares, y la congruencia que existe entre las tareas que se realizan y la misión o propósitos establecidos por la congregación. También se vincula la pertinencia y relevancia a cuan concreto o mensurable son las tareas misionales que se realizan en la congregación.

Muy importante seleccionar para su evaluación prioritariamente aquella tarea misional que sea considerada clave para el buen funcionamiento institucional, y que afecta directamente a las demás. En una congregación es fundamental alcanzar personas con el evangelio, junto a la organización programática de las tareas ministeriales[i], atención de las finanzas y el cuidado pastoral.  OJO…Corrobore que las tareas que se estén realizando estén alineadas con los propósitos de la congregación, y en congruencia con las necesidades del contexto particular de esta.

Tercer paso, identifique las preguntas sobre su organización que no han sido contestadas (o no nos hemos atrevido a preguntar). Es importante trabajar con estas preguntas y encontrar respuestas en los datos que han de recopilarse. Algunos ejemplos de estas preguntas son:

  • ¿Está la institución creciendo integralmente (numérica, ministerial y programáticamente)?
  • ¿Hay aumento en la asistencia y participación de las personas de la congregación, tomando en consideración la demografía de la región?
  • ¿Están los ministerios de adoración, educación, evangelización, mayordomía, cuidado pastoral, servicios al indigente, el compañerismo cristiano y la labor profética creciendo en calidad y profundidad?
  • ¿Está la programación de la congregación respondiendo a sus objetivos primarios y a la diversidad de sus constituyentes y a su comunidad?

Es sumamente importante encontrar los datos y respuestas específicas a dichas preguntas en lugar de divagar con mucha información. Los datos nos dejan saber exactamente, y sin engañarnos, lo que está ocurriendo en cada área que queremos atender.

El cuarto paso está relacionado a la localización de la información específica para contestar las preguntas surgidas en los pasos anteriores. Los principales fuentes de información en las instituciones eclesiásticas son los discursos (sermones, estudios, conferencias), vídeos de actividades, minutas y actas de reuniones y asambleas, programas de cultos y actividades especiales, revistas de la iglesia, informes pastorales y de los ministerios de la iglesia, Informes financieros, Informe de evaluaciones de desempeño, Informes de miembros, resultados de cuestionarios administrados, entrevistas realizadas, diversos documentos, etc.

Este paso lo podemos desglosar de la siguiente forma,

  • Determine cuanta información necesita para contestar cada pregunta de la sección anterior.
  • Debemos enfocarnos en los datos ideales para contestar nuestras preguntas más apremiantes, y que nos guíen para lograr los objetivos estratégicos propuestos.
  • Hay que identificar las formas más relevantes de recopilar e analizar el conjunto de datos que vas a usar para contestar tus preguntas.
  • Debes escoger los mejores instrumentos para recopilar la mejor información, y determinar cuán rápido y costo efectivo son estos.

Quinto paso, clasifique la información que ya tienes. Luego de clasificar la información, verifique si esta es suficiente o se requiere más información.  Hay que determinar si la información que tenemos es suficiente para trabajar con las preguntas establecidas.  Esta información debe provenir principalmente de fuentes internas de la congregación, sean documentos o de testigos oculares que conocen de primera mano los datos.  Es importante que la información que se recopile, clasifique y se conserve en banco de datos para su uso en el proceso de la toma de decisiones, e inclusive para que pueda ser útil para otras personas que estén realizando procesos similares.

Sexto paso, es importante determinar si el costo y el esfuerzo de lo que emprenderemos se justifica comparado con los beneficios tangibles que tendremos.  Es importante tomar muy en serio este punto, los beneficios que se comparan son los tangibles, los intangibles que en tantas ocasiones son mencionados en nuestros discursos religiosos, no los consideramos en nuestras decisiones administrativas porque no pueden ser medidos.

Recuerda que la información o los datos son una inversión importante para poder tomar decisiones en la institución.  Dada esta realidad solo nos enfocaremos en datos que realmente necesitemos.  Si observamos que el costo de obtener la información supera los beneficios, tenemos que buscar formas menos costosas.

Séptimo paso, llegó la hora de poner a funcionar los datos para nuestro beneficio.  En esta etapa podemos trabajar en conjunto con otras personas para organizar toda la información recopilada.  El proceso de análisis requerirá que la recopilación de los datos sea suficiente y exacta.

Octavo paso, análisis de la información obtenida.  Es fundamental analizar los datos para poder extraer resultados significativos, y útiles para los propósitos que se tiene.   Es importante poder aprender cosas nuevas del análisis que se hace de la información.   Hay programas y aplicaciones gratuitas de análisis de datos, sean cualitativos y cuantitativos, que pueden ayudarnos en el manejo y análisis de la información.

Noveno paso, presentación y distribución de los hallazgos.  En las organizaciones eclesiásticas hay que entregar los hallazgos a las personas adecuadas en el momento preciso.  Además, estos hallazgos deben ser mostrados en formas fáciles de entender y claramente estructurados para que las personas que tienen que tomar decisiones las puedan utilizar sin reparos.  Este punto es de suprema importancia, todo el trabajo hecho se puede perder en esta etapa.

Décimo y último paso, incorporación de los resultados en la organización.  Todo nuevo entendimiento debe ser transformado para que pueda ser acomodado o asimilados por el sistema de creencias de la institución. Este proceso es mucho más complicado en  las organizaciones religiosas, muy especialmente cuando los resultados repercuten sobre y afectan las áreas medulares de la misión de la iglesia.  Solo cuando la resultados producidos a través de la estrategia DDDM son admitidos por el cuerpo rector o el liderato, pueden influir en la toma de  decisiones en iglesia.

La aportación mas significativa de esta estrategia, es la transformación de los datos independientes en entendimientos coherentes sobre el funcionamiento y la condición de la iglesia,  de forma tal que estos hallazgos puedan  encarnarse, y nos guíen en la toma de decisiones concretas y correctas.  De hecho, esta es la finalidad del DDDM.  Muchas bendiciones.

 

Notas

[i] Cuando hablamos de tareas ministeriales nos referimos a como se transfieren y contextualizan en el programa de la iglesia local los cinco (5) aspectos de la misión de Cristo; (a) Liturgia (leitourguía), (b) Proclamación (Kerygma), (c) Enseñanza (Didaje), (d) Servicio al indigente (Diakonía), (e) Comunión (Koinonia) y (f) Testimonio profético (Marturía). Es importante buscar estrategias para determinar cuáles serán los énfasis de la iglesia en cada tiempo y lugar.

 

El Reino…entre nosotros está


el reino de los cielos

Por Samuel Caraballo-López

El texto para el 30 de julio de 2017, lo encontramos en el Evangelio de Mateo 13: 31-33; 44-52.   Además de las cinco (5) (quizás 5 y media) parábolas que se presentan en este pasaje, me llama la atención el verso 51.   En dicho verso 51, Jesus le pregunta a los discípulos si habían entendido toda enseñanza anterior y ellos le contestaron que sí al unísono.  A mí me produce deseos de reír esa contestación  porque sus actuaciones posteriores demuestran que no entendieron ni una “pizca” del mensaje del reino.   De hecho, tengo la sospecha que muchos creyentes hoy en día tampoco entienden lo que significa el evangelio del reino de Dios.

Las parábolas que se discuten en el texto de este domingo nos demuestran la naturaleza y atributos del reino de los cielos. Este no es estático, sino dinámico, y afecta todas las dimensiones de la vida humana, sea lo personal, social, político, económico, profesional, e inclusive incide sobre  todos los sistemas y estructuras que interactúan en el entorno humano.

Es de vital importancia entender que el reino de Dios alcanza su plenitud con la encarnación del verbo (Juan 1:14), y que nos incorporamos a este mediante la fe en Jesús (Juan 3:3; Efesios 1: 13-14). Es importante, entonces, que nos hagamos conscientes que el reino al que nos hemos acercado, y que ahora ocupa espacio en nuestras vidas, produce nuevas formas de actuar y vivir en nuestro entorno.  Lo que ha ocurrido en nuestro interior ahora se expresa acciones congruentes con los principios del reino de Dios.

parabolas del reino

En cada parábola Jesús presenta diversas analogías sobre el reino de Dios.  Primero, es como una semilla de mostaza, la más pequeña entre todas, que es plantada en un campo y crece misteriosamente hasta formar un árbol gigantesco donde las aves hacen sus nidos.  Segundo, es como una mujer que puso un poquito de levadura en una masa de harina, y la hizo crecer hasta superar el espacio donde se hallaba.  El reino comienza en   forma insignificante pero su efecto siempre trasciende nuestras expectativas.

La tercera analogía, el reino de los cielos es también semejante a alguien que encuentra un tesoro escondido en un campo que no le pertenece, y la cuarta, a un comerciante de joyas finas que encuentra una perla de gran precio,  ambos venden gozosos todo lo que tienen para adquirir lo encontrado. El reino de los cielos persuade radicalmente a aquellos que lo encuentran.

La quinta analogía se refiere al reino de los cielos con una red de pescar que al ser lanzada a un lago, captura toda clase de peces y que luego que la red se llena es llevada a la orilla, donde son separados los pescados buenos y malos. Esta parábola nos muestra la inclusividad de la gracia que invita a todos los seres humanos a encontrarse con Jesús y abrirse a la transformación.

¿Qué nos dicen en “arroz y habichuela” estas parábolas? Primero el reino de los cielos se manifiesta con pequeños detalles, y trabaja de forma oculta y misteriosa que no podemos controlar, hasta alcanzar su máxima expresión.  Esta es la clave para comprender la manifestación del reino.  En medio de los mensajes sensacionalistas sobre el Reino, es fundamental entender lo que Jesús enseñó sobre el mismo.  De hecho hay muchos cristianos que confunden el Reino de los cielos con la Segunda venida de Cristo (Parusía).  Esta confusión de estas dos enseñanzas no les permite experimentar el poder del Reino en el aquí y el ahora como Jesús enseñó:

 Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: “!Mirad, aquí está!” !Allí está!” Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está (Lucas 17: 20-21).

En las parábolas, Jesús nos llama a prestar atención a las cosas pequeñas e inusuales que están ocurriendo dentro, fuera y alrededor nuestro como señales del reino de los cielos, pero aún más, estas cosas que están ocurriendo nos están llamando a hacer cambios en la forma que participamos en el mundo. El reino de Dios nos llama a evaluar nuestras prioridades en tiempo y en orden, y a atrevernos a elegir aquellas cosas que responden a los propósitos de Dios y que traerán mayor bienestar a nuestras comunidades.

Este reino cambia una semilla en un  árbol, leuda la masa de harina, hace que la gente venda todo por alcanzarlo. El reino cambia la iglesia de una centrada en sí misma a una que mira hacia afuera y se solidariza con el mundo. El reino cambia nuestra mente para vivir conforme al movimiento del espíritu, y a un vivir en plena humildad en el mundo. El reino es la respuesta de Dios para cada problema humano, no importa lo complejo que pueda ser.

Pidamos al Señor que amplíe las fronteras de nuestro entendimiento para ver y entender las manifestaciones del reino en nuestro vivir cotidiano y que dicho entendimiento nos capacite para ser agentes para la continua transformación personal y de nuestro entorno.   !Muchas bendiciones!

¿Cómo hacer que mis palabras sean escuchadas como Palabra de Dios?


sembrador 2

Por Samuel Caraballo-López

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” Romanos 1:16

El texto de este domingo 16 de julio de 2017, lo encontramos Mateo 13: 1-23, en la conocida parábola del sembrador.  Las parábolas son anécdotas imaginarias que llevan al lector a considerar un asunto sin percatarse en primera instancia que lo que se dice se aplica a él o a ella. Jesús utilizó este género literario, común en el Antiguo Testamento y en la literatura rabínica para despertar la curiosidad y atraer la atención de sus oyentes.

Es importante aclarar que las parábolas originales de Jesús, como es en este caso particular, recibieron modificaciones por las diferentes comunidades en las que se dieron a conocer, para que respondieran a los nuevos contextos y realidades a las que se enfrentaban (compare este relato de Mateo con Marcos 4: 1-20; Lucas 8: 4-15).

Hay algunas premisas que son necesarias para la comprensión cabal de este enigmático pasaje bíblico.  Primero, lo más importante en la predicación cristiana es el evangelio en sí, no la persona que lo proclama, ni el estilo o forma en que lo hace.  Es el evangelio lo que hace a la Biblia ser Palabra de Dios.  Dicho de otra forma, la Biblia es Palabra de Dios escrita, en la medida que encontramos a Jesucristo en ella. Por lo tanto, toda predicación debe estar enraizada fielmente al significado del texto y alineada con la persona y obra redentora de Jesucristo. Aquellos que leen la Biblia y no encuentran a Jesucristo en ella, no se han encontrado con la Palabra de Dios.

pulpitos

Uno de los principales problemas que se observa en la Iglesia contemporánea es su recurrencia a la “canonización” de ciertos predicadores, e inclusive de sus estilos o formas de proclamar. Se nos olvida que la autoridad máxima de nuestra fe es Jesucristo, y Él es la revelación plena de Dios, es en El que estamos completos (Colosenses 1:15-20).

Un segundo y no menos serio problema de nuestras congregaciones cristianas es que un gran porciento de nuestras alocuciones dominicales o sabatinas no las podemos llamar “predicaciones” en sí, porque en su contenido no encontramos el evangelio.  Por lo tanto, lo que muchas veces se comparte de nuestros púlpitos puede ser información valiosa, motivadora, moralizante, entretenida e inclusive llena de datos importantes para nuestro acervo cultural, pero jamás será la Palabra que sale de la boca de Dios, y que sacia nuestra sed y hambre espiritual.

Un tercer problema de igual magnitud es la forma en que pretendemos que nuestro auditorio reciba y entienda el mensaje del evangelio. En ocasiones la proclamación dominical se concibe como un mero acto ritual, con poca o ninguna vinculación con la liturgia, y que se sirve como un “menú” más, sin validar las implicaciones salvíficas que esta tiene para el oyente.  Este aspecto me interesa atenderlo con premura a la luz de la parábola del sembrador, que está bajo consideración este domingo.

Esta parábola del sembrador se relaciona con las faenas agrarias comunes en Israel y con los diferentes tipos de suelos en las que se realizaba dicha tarea.  La trama del relato nos sorprende, porque contrario al optimismo del profeta Isaías, la Palabra de Dios puede no cumplir el propósito para el cual es proclamada y convertirse en infructuosa.

El mensaje del Segundo Isaías 55: 10-13, plantea que toda Palabra que sale de la boca de Dios cumplirá siempre los deseos y propósitos del que la envía. Este texto en su contexto del llamado a salir del exilio babilónico tiene una explicación optimista, sin embargo, Jesús nos advierte sobre las dificultades y obstáculos que tiene la proclamación del evangelio del reino:

 “Cuando alguien oye la palabra acerca del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón.” (verso 18).

Este detalle de la parábola en su estrato original nos sorprende, si nuestro mensaje no es entendido por el oyente, Satanás lo arranca de su corazón y no produce fruto.  De hecho, el fruto que produce la Palabra de Dios en el oyente está primeramente condicionado a su entendimiento del mismo.

Cuán importante para un predicador es entender que el evangelio, que es la Palabra de Dios, debe ser comunicado de tal forma que pueda ser recibido y entendido por nuestro auditorio, tanto para su salvación como para la preservación de esta. La interpretación que hace Mateo de esta parábola es el mejor ejemplo de la expresión anterior (vea versos 18-23).  Las diferentes clases de terrenos se refieren a la forma que los oyentes de Mateo responden al evangelio que se les predica.  Hay un elemento que determina la clasificación de esos terrenos; en que medida los oyentes entendieron y encarnaron el mensaje del evangelio.

 “Pero el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende.  Este si produce una cosecha al treinta, al sesenta y hasta al cien por uno.” (verso 23)

Es imprescindible explicar los elementos distintivos de la proclamación del evangelio de reino de Dios. Hemos dicho que la predicación consiste en dar a conocer las Buenas Noticias de Jesús de tal forma que nuestro auditorio la reciba y entienda.   Una responsabilidad indelegable de todo predicador es comprender y encarnar personalmente el mensaje original de Jesús, según nos fue trasferido por los apóstoles, para poder trasmitirlo con fidelidad a su auditorio. Así que todo predicador debe entender y comunicar el evangelio de manera fiel, clara, honesta, y adecuada a la realidad de su auditorio. ¡Esa es la responsabilidad primaria del proclamador!

En segundo lugar, el predicador NO puede perder de vista, que es su auditorio el objetivo de toda su preparación. El mensaje que se proclama es para ser recibido e interpretado de manera personal por su auditorio.    Eso no lo podemos hacer solo, se requiere la asistencia directa del Espíritu Santo.  ¡El Espíritu no puede faltar en todo proceso de preparación y entrega del mensaje del Evangelio!

Espiritu Santo

No considerar al Espíritu Santo hará que nuestro mensaje pase “como un viento recio” sobre la cabeza de nuestro auditorio (Hechos 1:8). ¡Sin el Espíritu confirmando el mensaje del evangelio que se proclama la comprensión cabal del mismo será limitada! (1 Corintios 2: 1-5).

Si la mayoría de mis lectores que se declaran como cristianos predicaran el evangelio, la obra redentora de Jesucristo cubriría como un gran lienzo nuestro mundo, habría cambios genuinos en la vida de muchas personas, en nuestras congregaciones locales y en nuestras ciudades. Así que prediquemos ¡Muchas Bendiciones!